En Nidera celebran que “volvimos a hacer agronomía” y aseguran que el maíz inicia un nuevo salto productivo

La campaña récord que atraviesa el cultivo y las perspectivas de un año Niño vuelven a poner el foco en el manejo agronómico. En Nidera sostienen que la combinación de tecnología, genética y previsibilidad económica abre una nueva etapa para el maíz argentino.

El maíz argentino atraviesa uno de los momentos más prometedores de los últimos años. Mientras la cosecha se encamina hacia un nuevo récord y los pronósticos consolidan la llegada de un evento Niño para la próxima campaña, el sector comienza a recuperar una lógica que durante mucho tiempo había quedado relegada: producir más a partir de la agronomía.

Ese es el diagnóstico que hace Pablo Colomar, gerente de Ventas de Nidera, quien considera que el cambio de escenario económico permitió que los productores vuelvan a concentrarse en reducir las brechas de rendimiento. “Volvimos a hacer agronomía”, resumió al explicar el nuevo enfoque que, a su entender, empieza a reflejarse en los resultados obtenidos a campo.

La campaña todavía no terminó, pero los números ya permiten anticipar un volumen histórico. Según explicó, resta cosechar una parte importante del maíz tardío y, lejos de caer, los rindes continúan superando las expectativas iniciales, impulsando un récord que hace apenas unos meses parecía difícil de alcanzar.

Para Colomar, el clima tuvo un papel determinante, aunque no alcanza para explicar por sí solo el desempeño del cultivo. “No todo es lluvia”, afirmó, al señalar que la estabilidad económica comenzó a cambiar la manera en que se toman las decisiones productivas dentro de los establecimientos.

La productividad vuelve a ser el objetivo

Durante varios años, la incertidumbre económica obligó a muchos productores a priorizar decisiones financieras por encima de las agronómicas. Hoy, según observa Nidera, ese escenario comienza a modificarse y el foco vuelve a estar puesto en producir más kilos por hectárea.

Ese cambio también impacta sobre las empresas proveedoras de tecnología. La posibilidad de planificar con mayor previsibilidad permite acelerar inversiones en genética, mejorar las recomendaciones de manejo y acompañar al productor con estrategias adaptadas a cada ambiente productivo.

Como ejemplo, Colomar recordó que hace algunos años el rendimiento promedio nacional rondaba los 73 quintales por hectárea, mientras que la campaña actual podría cerrar cerca de 85 quintales, un salto que atribuye tanto a las condiciones climáticas como a un mejor manejo agronómico.

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Un año Niño que alimenta el optimismo

La otra gran variable que entusiasma al sector es el clima. Con perfiles de humedad bien recargados y pronósticos que anticipan un evento Niño durante la campaña 2026/27, las expectativas productivas volvieron a crecer.

Lejos de preocuparse por posibles excesos hídricos, Colomar considera que ese escenario ofrece mejores oportunidades que una campaña dominada por la sequía. “Prefiero renegar con el agua antes que con una Niña”, aseguró, al explicar que las pérdidas localizadas suelen quedar ampliamente compensadas por los elevados rendimientos que logran el resto de los ambientes.

En ese contexto, sostuvo que los productores comienzan a desafiar nuevamente el potencial de cada lote. Ambientes que hasta hace poco se proyectaban con un determinado techo de rendimiento hoy vuelven a replantearse gracias a una mayor disponibilidad de agua y a mejores decisiones de manejo.

La tecnología cambia la forma de sembrar

Para el gerente de Ventas de Nidera, la revolución ya no pasa únicamente por incorporar mejores híbridos, sino por utilizarlos de manera mucho más precisa. La elección de la densidad, la fecha de siembra y la fertilización comienza a definirse con información específica de cada ambiente y no mediante recomendaciones generales.

La inteligencia artificial, el procesamiento de imágenes satelitales y el análisis histórico de los lotes permiten ajustar cada decisión con un nivel de precisión impensado una década atrás. Esa información, combinada con el conocimiento del productor sobre su campo, ayuda a construir estrategias mucho más eficientes.

Según Colomar, ese trabajo conjunto es el que permitirá seguir reduciendo la brecha entre el rendimiento potencial y el realmente obtenido. “Hoy podemos mirar un lote, conocer su comportamiento de los últimos años y hacer recomendaciones mucho más precisas”, explicó.

Un sector mejor preparado frente a la chicharrita

El monitoreo de la chicharrita continúa siendo una prioridad para el cultivo, especialmente después de los daños provocados por la epidemia registrada hace dos campañas. Sin embargo, desde Nidera consideran que el escenario actual es muy diferente.

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Aunque comenzaron a detectarse algunos incrementos poblacionales en el norte argentino, el conocimiento acumulado sobre la plaga, junto con mejores tratamientos de semillas, avances en protección de cultivos y materiales genéticos más adaptados, permite enfrentar el problema con herramientas que antes no estaban disponibles.

El desafío ahora es cerrar la brecha

Para Colomar, el próximo objetivo del maíz argentino ya no pasa solamente por aumentar la superficie sembrada. El verdadero desafío consiste en producir cada vez más sobre las hectáreas existentes, aprovechando todo el potencial que ofrecen la genética y la agronomía de precisión.

En ese sentido, se mostró optimista respecto de la posibilidad de alcanzar un rendimiento promedio nacional de 10 toneladas por hectárea en un plazo relativamente corto. “La genética está”, afirmó, y agregó que el gran desafío de las empresas consiste ahora en transferir mejor el conocimiento para que cada híbrido exprese todo su potencial en el ambiente adecuado.

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