Sector económico que puede crecer 5% anual durante la próxima década y aportar US$85.000 millones

El desarrollo de nuevas inversiones puede hacer despegar a la agroindustria con una meta a 2035

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La agroindustria cerró 2025 como el eje de las ventas externas del país y plantea un objetivo ambicioso hacia 2035; el sector representó 60 % del total exportado y registró un crecimiento anual del 9 % respecto de 2024, mientras la Fundación Producir Conservando propone una meta de entre 75.000 y 85.000 millones de dólares para dentro de diez años. Estas cifras obligan a medir no solo volúmenes sino también el valor por tonelada para que el crecimiento sea sostenible y genere efecto multiplicador sobre la economía.

Los datos oficiales marcan un récord de 52.300 millones de dólares exportados por la agroindustria en 2025 sobre un total nacional de 87.100 millones de dólares, lo que explica la centralidad del sector en la recuperación económica y en la generación de empleo en zonas rurales. Lograr el techo propuesto para 2035 implica un incremento global del 53 %, es decir crecer algo más de un 5 % anual durante la próxima década, una senda exigente pero alcanzable con reformas y capital privado.

El desafío estructural no es solo aumentar toneladas sino elevar el precio final que se obtiene por cada unidad exportada, lo que pasa por mayor procesamiento industrial y por la diferenciación de productos. Ese proceso demanda inversiones en plantas, logística fría, certificaciones y en la adopción de tecnologías que incrementen la productividad y la calidad.

Otros motores como la energía, la minería y la industria del conocimiento proyectan tasas de crecimiento superiores al 5 % anual, pero parten de una base de exportaciones más baja; por ejemplo, las proyecciones ubican la energía entre 40.000 y 50.000 millones de dólares hacia 2035, una cifra que hoy es inferior a lo que exporta la agroindustria. Esa comparación subraya que mantener la primacía del agro depende de políticas que incentiven el valor agregado y la competitividad internacional.

Qué hace falta para convertir el potencial en realidad

El requisito indispensable es atraer nuevas inversiones orientadas a mayor procesamiento industrial en las zonas productoras y a cadenas con mayor complejidad tecnológica, lo que además creará empleo local y derrame económico en servicios asociados. Esa inversión solo será sostenible si existe un marco macroeconómico estable que brinde previsibilidad cambiaria y fiscal para proyectos a largo plazo.

En lo operativo, la adopción de todas las tecnologías disponibles —sensores, manejo de datos, semillas mejoradas, biotecnología y logística digital— es clave para mejorar la eficiencia en cada etapa de la cadena agroindustrial. Al mismo tiempo, hay que promover esquemas que incentiven la diferenciación por calidad, como certificaciones de origen, trazabilidad y estándares de sustentabilidad que abran mercados premium.

El proceso ya comenzó en varias cadenas: el complejo oleaginoso avanza con producción de biodiésel, harinas proteicas y aceites de distinta calidad, mientras que en granos forrajeros se impulsa la transformación hacia proteínas animales y en la cadena láctea aumentan las inversiones en procesamiento. Estas transformaciones muestran que la Argentina puede capturar mayor valor interno si acelera la inversión y mejora la gobernanza sectorial.

La diferenciación del precio final estará determinada por el tipo de producto, su calidad, el nivel de proteína, la presentación y la trazabilidad del proceso productivo, además de factores intangibles como la sustentabilidad. En la práctica, eso significa que productores y empresas deben adoptar certificaciones y prácticas que hagan sus bienes más atractivos para compradores exigentes en mercados internacionales.

Para que el objetivo 2035 sea más que una aspiración es necesario coordinar políticas públicas, inversión privada y extensión técnica que aceleren la adopción tecnológica y el agregado de valor en origen. El camino es claro: mejorar productividad, atraer inversión y consolidar mercados por calidad y trazabilidad para transformar toneladas en mayores dólares y desarrollo.

El autor, Marcelo Manera, es director de la Fundación Producir Conservando y plantea que solo combinando inversión, innovación y un marco macroeconómico estable se podrá cumplir la ambición exportadora del sector. La decisión de avanzar recae en actores públicos y privados que deben traducir palabras en proyectos concretos para la próxima década.

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