La Federación Agraria Argentina (FAA) abrió su Congreso Anual este martes en Rosario y, en la previa, su presidenta, Andrea Sarnari, dialogó con los medios en el hotel Aniston para explicar los alcances del encuentro federado. La reunión combina la renovación de autoridades con debates sobre el presente y el futuro de la producción y los reclamos que la entidad llevará a las autoridades.
El congreso interesa a productores, empresas y gobiernos porque marcará la agenda gremial para los próximos meses y puede condicionar decisiones sobre comercio, fiscales y clima. Entender estos ejes ayuda a comprender cómo se articulan las políticas públicas con la rentabilidad y la supervivencia de las economías rurales.
En su diagnóstico, Sarnari resaltó que el campo argentino atraviesa profundas transformaciones económicas, productivas y tecnológicas, y que esa heterogeneidad territorial impide un diagnóstico único. Esa realidad obliga a la FAA a plantear respuestas diferenciadas según regiones, escalas de producción y cadenas productivas.
La dirigente advirtió que, ante la pérdida de márgenes, el productor de pequeña escala suele reducir superficie, aumentar endeudamiento y, en muchos casos, terminar desapareciendo. Por eso sostuvo que la falta de rentabilidad debe ocupar el centro de la agenda gremial de forma urgente.
Además, Sarnari señaló que la retracción del consumo global afecta a cadenas como la vitivinicultura, mientras que la región pampeana sufre por los altos costos de insumos que presionan márgenes. Esa combinación de menor demanda y mayor costo de producción agrava la fragilidad de productores medianos y pequeños.
Otro foco del congreso es el impacto de la apertura de importaciones, que, según la FAA, golpea a economías regionales como la yerba mate, el cerdo, el pollo y el tomate. Ese reclamo se suma a la demanda por medidas que protejan la producción local sin caer en proteccionismos indiscriminados.
EL PRESENTE DEL CAMPO
En el debate interno, la FAA buscará priorizar medidas que mejoren la competitividad y la permanencia de los productores en el territorio, combinando instrumentos económicos y sociales. Esa estrategia contempla desde acceso a crédito pensado para la escala familiar hasta asistencia técnica para incorporar tecnologías con sentido productivo.
La organización también puso el foco en el debate legislativo sobre biocombustibles, donde expresó respaldo a aumentar los cortes obligatorios para agregar valor local y generar empleo en las localidades productoras. En ese marco, Sarnari remarcó la necesidad de proteger a las pymes regionales como motores de desarrollo y empleo.
Entre los reclamos concretos que la FAA podría llevar a autoridades están incentivos fiscales temporales, líneas de crédito con tasas reales accesibles, apoyo al agregado de valor y medidas para ordenar las importaciones. Esos pedidos buscan recomponer márgenes sin transferir costos al consumidor, algo que los productores señalaron como central.
El contexto internacional y la volatilidad de precios agravan la incertidumbre para las cadenas cortas y medianas, que cuentan con menos herramientas para absorber shocks. Por eso la organización insiste en combinar políticas de corto plazo con un plan estratégico de mediano plazo para las economías regionales.
DE EL NIÑO A LOS BIOCOMBUSTIBLES
Frente a la expectativa del fenómeno El Niño, Sarnari puso en agenda la necesidad de instrumentos de mitigación y adaptación, incluida la promoción del seguro multirriesgo para cultivos y hacienda. En simultáneo reclamó obras de infraestructura —principalmente para prevenir inundaciones— que reduzcan la exposición del productor a eventos climáticos extremos.
La restauración y mantenimiento de los caminos rurales fue otro eje destacado, dado su rol central para la comercialización y la logística de insumos. Mejorar esa infraestructura local no solo aliviana costos logísticos, sino que también facilita la llegada de asistencia tras episodios climáticos severos.
Sarnari apeló a que las medidas permitan no solo asistir sino también recuperar la capacidad productiva de quienes sufren daños, evitando que la crisis climática provoque éxodos rurales y pérdida de empleo en los pueblos. Esa visión pone énfasis en políticas integradas que combinen prevención, crédito y reparación.
El Congreso Anual de la FAA en Rosario funcionará como termómetro del campo y escenario para consensos que puedan traducirse en propuestas formales hacia el Gobierno. Los próximos días serán clave para conocer si esos planteos hallan eco en las decisiones públicas y cómo impactarán en los productores y las economías regionales.



