La ganadería argentina vuelve a mostrar señales que entusiasman al sector, empujada por mejores valores de la hacienda, una demanda internacional sostenida y productores que lentamente recuperan incentivos para invertir. Sin embargo, detrás de la coyuntura favorable aparece un problema estructural: el país continúa con un rodeo que ronda los 50 millones de cabezas y necesita producir muchos más terneros para expandirse.
Así lo planteó Georges Breitschmitt, presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), durante una entrevista con Palabra de Campo. Para el dirigente, el momento actual debe analizarse dentro de los extensos ciclos biológicos de la actividad y, sobre todo, después de años en los que distintas crisis climáticas y decisiones económicas condicionaron la evolución del stock.
“Faltan terneros”: el límite que enfrenta la ganadería
“La ganadería está muy bien, pero tenemos que explicar por qué está muy bien”, sostuvo Breitschmitt al analizar la situación del negocio. Inmediatamente identificó uno de los principales desafíos: “faltan terneros”, una restricción que termina repercutiendo sobre la cantidad de carne disponible y sobre los valores de la hacienda.
El presidente del IPCVA señaló que el Instituto realizó junto con la economista Eugenia Brusca un análisis contrafáctico para estimar qué podría haber ocurrido con el rodeo argentino sin algunas de las crisis atravesadas durante las últimas décadas. Según explicó, sin la pérdida de animales provocada por intervenciones anteriores y sin el impacto de las grandes sequías, Argentina podría encontrarse cerca de los 90 millones de cabezas.
La cifra resulta especialmente significativa frente al stock actual, que se mantiene en torno de los 50 millones de bovinos. “Yo creo que es posible”, afirmó Breitschmitt al referirse a la posibilidad de que Argentina vuelva a recorrer un sendero sostenido de crecimiento ganadero.
Como comparación, mencionó la trayectoria brasileña y señaló que ambos países tenían rodeos de dimensiones relativamente similares a comienzos del siglo pasado. Mientras Argentina se mantuvo durante décadas alrededor de niveles semejantes, Brasil logró construir uno de los mayores stocks bovinos del planeta.
Tecnología: el próximo salto puede estar dentro del campo
Breitschmitt considera que una de las grandes oportunidades pasa por trasladar a la ganadería parte de la intensidad tecnológica que transformó a la agricultura argentina. Mientras sembradoras, pulverizadoras y cosechadoras incorporaron sensores, automatización y agricultura de precisión, el avance tecnológico dentro de muchos planteos ganaderos fue considerablemente más lento.

“Hoy tenemos toda la tecnología: la inseminación, la sanidad, la alimentación, el manejo. Hay que aplicarlo”, remarcó. Uno de los objetivos debería ser elevar los índices reproductivos y superar los niveles actuales de eficiencia de los rodeos de cría, aumentando de esa manera la producción de terneros sin depender exclusivamente de ampliar la superficie.
Ese proceso, además, ya empieza a percibirse en algunas inversiones. Según Breitschmitt, nuevamente aparecen mejoras en infraestructura, aguadas, molinos y establecimientos que durante largos períodos habían postergado inversiones, acompañadas por una mayor predisposición del productor a incorporar herramientas productivas.
Reglas estables para una actividad que piensa a varios años
Pero producir un ternero, recriarlo y llevar un animal hasta el consumidor demanda años, una característica que diferencia a la ganadería de muchas otras actividades económicas. Para Breitschmitt, esa condición hace que la previsibilidad sea prácticamente tan importante como los precios.
“Tenemos que pedirle a todos los decisores, a la política, que a la ganadería no le podemos cambiar las reglas de un día para el otro”, afirmó. Restricciones a las exportaciones o prohibiciones repentinas sobre determinados cortes, ejemplificó, pueden modificar inmediatamente las decisiones de inversión y provocar procesos de liquidación cuyos efectos aparecen mucho tiempo después.
El productor, explicó, observa no solamente cuánto vale hoy su hacienda, sino cuál será el escenario dentro de varios años. Por eso considera indispensable que las señales actuales se mantengan lo suficiente como para estimular inversiones de largo plazo en vientres, infraestructura, genética, sanidad y alimentación.
La demanda mundial abre otra oportunidad
El escenario internacional también juega a favor. Breitschmitt destacó que Estados Unidos redujo significativamente su rodeo respecto de décadas anteriores y que, paralelamente, grandes mercados internacionales mantienen una elevada demanda de proteína animal.
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China constituye uno de los ejemplos más contundentes para la carne argentina. El país pasó de ser un destino prácticamente inexistente a comienzos de este siglo a convertirse en uno de los mercados fundamentales para productos bovinos que tienen escasa demanda dentro de Argentina, permitiendo valorizar categorías que anteriormente tenían muchas menos alternativas comerciales.
A esa demanda externa se suma un mercado doméstico que continúa teniendo uno de los mayores consumos de carne vacuna del mundo. “Nosotros seguimos en alrededor de 50 kilos”, señaló Breitschmitt, frente a niveles considerablemente inferiores en Europa y especialmente en numerosos mercados asiáticos.
Más hacienda para abastecer dos mercados
El desafío, entonces, no debería plantearse como una disputa entre exportación y consumo interno. Para el titular del IPCVA, la respuesta de fondo pasa por producir más animales y más carne, de manera de abastecer simultáneamente una demanda internacional creciente y el tradicional mercado argentino.
“Tenemos que incentivar para que Argentina tenga ese stock, hay que crecer”, afirmó. Con más terneros, mejores índices reproductivos y mayor productividad, sostuvo, el país podría ampliar su oferta y consolidar al mismo tiempo su posición entre los principales proveedores internacionales.
El potencial existe y las herramientas productivas también. El interrogante que plantea la cadena es si Argentina conseguirá mantener durante suficientes años las condiciones necesarias para que las decisiones que hoy comienzan a tomarse dentro de los campos finalmente puedan transformarse en más vacas, más terneros y más carne.




