La ganadería argentina atraviesa un escenario que durante mucho tiempo apareció como una aspiración difícil de alcanzar: precios elevados de la hacienda, una demanda internacional firme y mejores perspectivas para buena parte de los productores, especialmente para quienes se encuentran en el negocio de la cría.
Pero detrás de esa fotografía favorable aparece una limitación estructural que el sector todavía no consiguió resolver. Argentina necesita producir más carne, y para lograrlo no alcanza solamente con incrementar el número de vacas: será necesario mejorar los porcentajes de destete, aumentar el peso de los animales y avanzar en eficiencia productiva.
En diálogo con Palabra de Campo, Fernando Gil, socio de la consultora Agroideas, sostuvo que la cadena de ganados y carnes llegó finalmente a un escenario que durante años parecía postergarse.
“Hoy el sector de ganados y carnes está bien posicionado y, fundamentalmente, a nivel de precios. Estamos viendo valores del ganado que no pensábamos que podíamos llegar a ver”, explicó.
Precios históricamente altos y un criador mejor posicionado
Para Gil, la primera distinción necesaria es separar el buen momento comercial del desempeño productivo. Lo que actualmente se encuentra en niveles extraordinarios son los precios, mientras que todavía queda un amplio margen para avanzar en eficiencia.
“Estamos con precios muy buenos, históricamente entre los niveles más altos, tanto si los vemos en pesos constantes como en dólares”, señaló el especialista. Dentro de la cadena, la cría aparece como uno de los segmentos mejor posicionados, impulsada por la valorización del ternero y por una relación entre oferta y demanda que mejoró considerablemente los márgenes.
El interrogante es si esa mayor rentabilidad se traducirá rápidamente en inversiones y aumentos productivos. Para Gil, esa relación no es automática.
“No siempre la mejora de precios lleva en forma directa a la mejora de productividad. Para eso hay que hacer inversiones y, sobre todo, mejorar cuestiones de manejo. Es un proceso que lleva tiempo”, explicó.
Un mercado internacional que vuelve a traccionar
El contexto externo también ayuda a explicar el escenario. Las exportaciones argentinas de carne bovina alcanzaron 411.705 toneladas equivalentes res con hueso durante el primer semestre de 2026, un 10% más que un año antes, mientras que el valor generado por esas ventas aumentó 44,7%, según cifras de la Secretaría de Agricultura.
La mejora responde tanto al crecimiento de los embarques como a los elevados precios internacionales. Entre enero y marzo, por ejemplo, el valor promedio de la tonelada equivalente res con hueso aumentó más de 31% interanual.
China continúa siendo el principal destino, aunque Estados Unidos ganó considerable protagonismo. En el primer semestre, el mercado chino concentró el 53% de los envíos argentinos, seguido por Estados Unidos con 19,5%, Israel con 10% y la Unión Europea con 9,1%.
“Hoy tenemos una demanda muy fuerte a nivel mundial y los precios de la carne están altos. Como Argentina tiene acceso a los mercados internacionales, eso tracciona sobre todo el sistema”, explicó Gil.
El problema aparece cuando falta hacienda
La contracara del buen momento de los productores aparece en la industria frigorífica, que enfrenta una disponibilidad limitada de animales y costos elevados para adquirir su principal materia prima.
“El sector de la industria es el que está con mayor complejidad en este momento, básicamente por un tema de baja oferta de materia prima”, aseguró Gil.
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Según el analista, esa situación puede observarse tanto en determinados momentos de escasez de novillos como de vacas. La competencia por los animales obliga a los frigoríficos a pagar valores elevados y comprime sus márgenes industriales.
El problema de fondo, nuevamente, conduce a la misma discusión: Argentina necesita incrementar el volumen total de carne producido.
“Estamos prácticamente con la misma producción de hace décadas y ahí está el cuello de botella”, sintetizó.
Argentina produce alrededor de 3 millones de toneladas y podría acercarse a 4 millones
Durante 2025, el país produjo 3,143 millones de toneladas res con hueso, según datos de CICCRA. El volumen fue incluso 1,1% inferior al registrado durante 2024.
Para Gil, el potencial productivo argentino permite pensar en una cifra significativamente superior.
“Desde hace años hay estudios que muestran que podríamos estar tranquilamente cerca de las cuatro millones de toneladas, con mejores porcentajes de destete y mayores pesos de faena”, sostuvo.
Esto representaría un aumento cercano al 25% respecto de los niveles actuales, sin necesidad de que todo ese crecimiento provenga de una expansión significativa del rodeo bovino.
La estrategia debería comenzar por mejorar la cantidad de terneros obtenidos por cada vaca y continuar con una recría que permita llevar animales más pesados a faena.
“De nada nos sirve tener muchas más vacas si después esas vacas no tienen la productividad que deberían tener”, remarcó.
Una señal positiva: aumentó el peso de faena
Dentro de ese desafío aparece al menos un indicador favorable. Durante mayo de 2026, el peso promedio de faena alcanzó los 240 kilos por res, el registro mensual más alto de las últimas tres décadas, según la Secretaría de Agricultura.
En los primeros cinco meses del año el promedio fue de 236 kilos, unos seis kilos más que durante el mismo período de 2025. Gil también reconoció esa mejora, aunque consideró que todavía resulta insuficiente para transformar significativamente la disponibilidad total de carne.
“Se incrementó un poco el peso de faena, pero son números todavía chicos en volumen para que realmente haya un incremento significativo que impacte en la oferta”, señaló.
¿El argentino dejó de comer carne vacuna?
La menor participación de la carne vacuna dentro de la dieta argentina suele interpretarse únicamente como consecuencia de una pérdida de poder adquisitivo o de una sustitución por pollo y cerdo.
Gil plantea una lectura complementaria: el consumo también se encuentra condicionado por la cantidad de carne disponible.
“Todo lo que se faena va al mercado, sea interno o externo. No se consume más carne porque no tenemos mucha más cantidad disponible”, sostuvo.
Durante 2025, el consumo aparente fue de aproximadamente 48,4 kilos de carne vacuna por habitante, mientras que la producción destinada al mercado interno ascendió a 2,297 millones de toneladas.
El consumidor puede sustituir cortes vacunos por pollo o cerdo cuando aumenta el precio, pero la carne producida termina encontrando demanda. “La carne vacuna se termina vendiendo toda. El mercado se ajusta por precio”, explicó Gil.
El desafío que sigue pendiente
La Argentina cuenta actualmente con precios elevados de la hacienda, mejores valores internacionales y un mercado externo que volvió a ganar dinamismo. De hecho, el valor exportado por el complejo bovino creció 37% durante los primeros siete meses de 2026, dentro de un escenario récord para las exportaciones argentinas de proteínas animales.
El interrogante es cuánto de ese contexto favorable podrá convertirse en inversiones capaces de transformar estructuralmente la producción.
Gil todavía no observa un proceso de magnitud suficiente. Existen empresas que están invirtiendo y establecimientos que avanzaron en manejo y eficiencia, pero todavía no aparece un movimiento generalizado capaz de modificar rápidamente las estadísticas nacionales.
“Son procesos más lentos. Lo primero es mejorar la eficiencia, aumentar la cantidad de terneros logrados y faenar animales más pesados. Después podremos preocuparnos por aumentar el stock”, resumió.
La oportunidad está planteada: si Argentina consiguiera acercarse a los cuatro millones de toneladas anuales, podría aumentar simultáneamente las exportaciones y la disponibilidad para el mercado doméstico. El desafío de la ganadería ya no parece ser solamente conseguir mejores precios, sino aprovecharlos para comenzar finalmente a producir más carne.




