Garzón: el agro argentino podría haber exportado más del doble si hubiera acompañado a Brasil

El economista del IERAL comparó tres décadas de desempeño con los socios del Mercosur. Sostuvo que crédito, estabilidad, infraestructura y reglas previsibles son condiciones para recuperar terreno.

La agroindustria argentina creció, pero quedó lejos de aprovechar las oportunidades que sí capturaron sus vecinos. Juan Manuel Garzón, economista del IERAL de la Fundación Mediterránea, puso números a esa diferencia: si el país hubiera acompañado el desempeño de Brasil en el comercio mundial, sus exportaciones sectoriales de 2025 podrían haber superado los 120.000 millones de dólares, frente a los aproximadamente 50.000 millones efectivamente registrados.

No se trata de una proyección para la próxima campaña ni de dólares que puedan incorporarse de inmediato. Es una comparación histórica que busca dimensionar una trayectoria posible. En diálogo con Daniel Aprile en Palabra de Campo, Garzón sostuvo que el resultado no se explica solamente por el tamaño de Brasil: el contraste también es desfavorable frente a Uruguay y Paraguay.

“Con cualquiera de los tres países con los que nos comparemos, nuestras exportaciones hoy serían el doble o más”, afirmó. Para el economista, esa distancia obliga a revisar las condiciones que encuentra una empresa cuando decide invertir, producir y buscar compradores fuera de la Argentina.

Una comparación que va más allá de la soja

El informe del IERAL estima exportaciones agroindustriales argentinas por 50.480 millones de dólares en 2025. El ejercicio calcula qué habría ocurrido si la participación del país en el comercio mundial hubiera seguido la trayectoria de sus socios desde 1995: el resultado llega a 99.172 millones con el recorrido uruguayo, 110.071 millones con el paraguayo y 122.575 millones con el brasileño.

La comparación comprende complejos agroindustriales y no solamente granos. Garzón aclaró durante la entrevista que incluye agricultura, ganadería, economías regionales y pesca. El alcance importa porque el potencial exportador no se concentra en una única actividad ni depende de una sola región productiva.

El dato central es el ritmo relativo. Vender más que antes no alcanza para conservar posiciones si otros proveedores amplían su presencia con mayor velocidad. Esa diferencia acumulada durante años ayuda a entender por qué una actividad puede mostrar crecimiento y, al mismo tiempo, haber dejado oportunidades comerciales sin aprovechar.

Las reglas públicas también llegan al lote

Consultado por la responsabilidad del sector público y del privado, Garzón puso el acento en la organización económica del país. Señaló que los vecinos contaron con monedas más estables, menor inflación y sistemas financieros que acompañaron las inversiones. En la Argentina, añadió, esos fundamentos convivieron con intervenciones contrarias a la expansión exportadora.

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Mencionó derechos de exportación y restricciones comerciales aplicadas en distintos momentos a carnes y cereales. Su planteo no fue que esas decisiones impidieron cualquier crecimiento, sino que redujeron la velocidad con la que las cadenas podían competir. La previsibilidad, en esa lectura, influye sobre inversiones cuyo resultado no aparece en una sola campaña.

“En definitiva somos todos responsables de nuestros fracasos económicos y de nuestros logros también”, sostuvo. La definición amplía la discusión: no alcanza con atribuir el desempeño a una empresa particular cuando las condiciones de financiamiento, infraestructura y acceso a mercados dependen de decisiones colectivas.

La estabilidad es el punto de partida, no la tarea terminada

Garzón consideró favorable la dirección del proceso de estabilización, aunque advirtió que todavía falta consolidarlo. Describió una economía con inflación, debilidad monetaria y escasez de crédito. Su evaluación fue que esos problemas siguen condicionando la capacidad de transformar una oportunidad comercial en una inversión concreta.

“Una economía es como una casa: si no tenés bien los cimientos, le podés poner después lo que quieras arriba pero no vas a tener resultados”, explicó. La imagen ordena su argumento sobre las políticas productivas. Un programa puede tener objetivos razonables, pero pierde fuerza si la empresa no puede financiarse durante el plazo que necesita.

El economista también pidió observar la capacidad estatal para ejecutar las iniciativas. Diseñarlas desde una oficina no garantiza que lleguen a quienes deben utilizarlas. La eficiencia administrativa, la continuidad y el conocimiento de las necesidades productivas forman parte del resultado, además de los recursos que se anuncien.

El crédito define qué inversiones pueden hacerse

“Si vos no tenés un financiamiento a varios años, a tasa razonable, ningún programa puede compensar eso”, afirmó. La frase apunta a una limitación que atraviesa actividades muy diferentes: ampliar una planta, incorporar tecnología o desarrollar un nuevo mercado exige desembolsos antes de obtener ingresos.

En su análisis, el costo del financiamiento está vinculado con la estabilidad y con el riesgo que perciben quienes prestan. Por eso propuso discutir esos fundamentos junto con los incentivos sectoriales. Una asistencia puntual no reemplaza un horizonte financiero que permita sostener proyectos durante varios años.

También ubicó entre las prioridades la reducción de las cargas que afectan al agro y la normalización de las condiciones cambiarias para las empresas. Se trata de las reformas que propone el entrevistado, no de beneficios ya anunciados. Su criterio es concentrar la demanda en obstáculos estructurales antes de sumar programas sobre bases frágiles.

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Las rutas no distinguen entre jurisdicciones

La infraestructura fue otro de los puntos en los que Garzón reclamó una respuesta urgente. Describió el deterioro de rutas nacionales y provinciales a partir de recorridas recientes. Para una cadena exportadora, el camino entre el establecimiento, la industria y el puerto integra el negocio, aunque no se encuentre dentro de la empresa.

“Ahí sí hace falta un shock de inversión urgente”, señaló. Distribuyó la responsabilidad entre niveles de gobierno y advirtió que no corresponde reducir el problema a una sola jurisdicción. La posibilidad de producir más necesita acompañarse con condiciones para transportar esa producción.

En ese aspecto, los apoyos públicos pueden tener un efecto que excede a un beneficiario individual. Una mejora logística sirve a distintas actividades y permite sostener nuevos negocios. En el razonamiento del economista, esa base compartida resulta tan importante como las decisiones que toma cada productor sobre su establecimiento.

Competir en un mundo que pone nuevas barreras

Garzón reconoció que el comercio internacional atraviesa tensiones y que el acceso a determinados mercados puede complicarse. Frente a ese escenario, destacó el papel de las negociaciones entre gobiernos y la necesidad de mantener alternativas de venta. Su posición es profundizar la integración, no responder al cierre de otros países con aislamiento propio.

“Argentina sigue teniendo oportunidades inmensas”, sostuvo. Mencionó los recursos naturales, los alimentos y las materias primas como capacidades para construir negocios. El mensaje no elimina las dificultades: plantea que una demanda potencial necesita estabilidad, financiamiento y reglas que permitan atenderla.

La comparación con Brasil, Uruguay y Paraguay funciona así como una medida del desafío pendiente. Para Garzón, recuperar terreno requiere sostener cambios durante años. La oportunidad no está solamente en producir más, sino en crear las condiciones para que las empresas puedan invertir y convertir esa producción en exportaciones.

Fuente: entrevista de Daniel Aprile en Palabra de Campo, Radio Splendid AM 990. Contexto estadístico: informe del IERAL de Fundación Mediterránea, “Las exportaciones agroindustriales que Argentina podría haber tenido”.

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