Menos productores compiten por alquiler de tierras mientras grandes empresas agropecuarias proyectan crecer un 31%

Una encuesta de la Universidad Austral a 842 productores reveló que la proporción de quienes arriendan campos cayó del 80% al 57% desde 2009; los establecimientos más chicos prefieren invertir en sus propias explotaciones y también cambian las estrategias agrícolas y ganaderas

ENPA 2025: qué mostró la encuesta que mide las necesidades del productor pampeano

La quinta edición de la Encuesta de Necesidades del Productor Agropecuario (ENPA 2025), realizada por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, relevó a 842 productores de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos entre mayo y septiembre de 2025. El estudio, que abarca explotaciones que administran más de 1,5 millones de hectáreas, se presentó en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) y ofrece señales claras sobre la transformación del campo argentino.

El cambio más visible es la menor competencia por tierras en alquiler: la proporción de productores que arrienda pasó del 80 % registrado años atrás al 57 % actual. Esta variación refleja una estrategia distinta entre los productores pequeños, que priorizan inversión intensiva en sus establecimientos, y los grandes, que buscan más hectáreas.

Según Bernardo Piazzardi, director del centro que elaboró la encuesta, “los productores chicos dijeron: ‘Yo no quiero correr más esta carrera. Yo quiero invertir en mi propia explotación en algo intensivo’”, una lectura que describe el cambio de prioridades en el sector. Al mismo tiempo, Piazzardi advierte que el mercado de arrendamientos sigue activo, aunque con distinta dinámica y participantes.

Las expectativas de crecimiento muestran una clara brecha por tamaño: los megaproductores (más de 10.000 hectáreas) proyectan aumentar su superficie en un 31 % en los próximos cinco años, frente al 7 % que esperaban en 2021. En cambio, productores medianos y comerciales redujeron sus previsiones, lo que sugiere una concentración territorial en curso.

La estructura de cultivos también se está redefiniendo y tiene implicancias para la logística, la demanda de insumos y las exportaciones argentinas. En particular, la soja pierde protagonismo relativo frente al maíz, el sorgo y cultivos de invierno, siguiendo la alteración de la relación precios-costos que afectó la rentabilidad tradicional.

En términos concretos, los productores proyectan un aumento del 18 % de la superficie de soja, frente al 34 % previsto para maíz y sorgo; para trigo la expansión esperada es del 28 % y para cebada del 47 %. Las oleaginosas alternativas como camelina y carinata muestran una proyección de crecimiento del 124 %, aunque desde bases muy pequeñas y con demanda ligada a biocombustibles.

Tendencias de diversificación y retorno de la ganadería

La diversificación agrícola se aceleró: en 2017 solo el 7 % de los productores estaba muy diversificado y en 2025 esa proporción subió al 27 %, con una proyección de 30 % para 2030. La categoría “muy diversificado” se define como producir cuatro o más cultivos y que ninguno ocupe más del 40 % de la superficie, dato que muestra un cambio de manejo de riesgos y rotaciones.

La ganadería recupera protagonismo en las decisiones de inversión: entre los productores que tienen hacienda, el 40 % planea aumentar cabezas, el 37 % invertir en maquinaria y el 33 % en paneles solares. En la ficha global de inversiones, el 27 % de los encuestados proyecta comprar maquinaria, el 26 % tierras, el 24 % paneles solares y otro 24 % destinarlo a cabezas de ganado, mientras que conectividad y almacenamiento suman el 16 % y el 13 % respectivamente.

Esta recomposición no es solo financiera sino cultural: durante años las vacas funcionaron como una “reserva de valor”, pero la encuesta sugiere que la ganadería vuelve a pensarse como actividad productiva y estratégica. Esa conversión impulsa inversiones en infraestructura, genética y tecnología, y explica parte de la demanda por maquinaria y almacenamiento.

El perfil del productor que dibuja la ENPA 2025 también aporta claves sobre la adopción tecnológica y la gestión de riesgo: la edad promedio es de 47 años, el 50 % tiene un alto nivel educativo y el 35 % participa activamente en redes de productores. Esa combinación explica por qué, según Piazzardi, los productores argentinos tienden a tomar decisiones más analíticas y basadas en datos antes de invertir.

Qué implica para mercados, servicios y políticas

En los últimos cinco años, el 71 % de los productores compró maquinaria, el 59 % invirtió en conectividad, el 37 % en capacidad de almacenamiento y el 34 % en paneles solares, lo que revela prioridades en infraestructura y eficiencia energética. Estos movimientos configuran oportunidades para empresas de tecnología agrícola, proveedores de energía renovable y para cadenas de valor que necesitan mayor capacidad de acopio y logística.

La menor presión por arrendamientos y la concentración de tierras en grandes explotaciones pueden acentuar procesos de transformación estructural en el campo argentino, con efectos sobre empleo, demanda de servicios y la dinámica de precios de tierras. Para los responsables de políticas y agentes financieros, la encuesta es una señal para ajustar líneas de crédito, formación y asistencia técnica hacia proyectos intensivos y diversificados.

En síntesis, la ENPA 2025 muestra un campo que respira distinto: mayor diversificación, retorno estratégico de la ganadería, crecimiento concentrado en megaproductores y una agenda de inversiones que privilegia maquinaria, energía renovable y conectividad. Estos cambios son relevantes para productores, empresas del agro y formuladores de políticas porque definen hacia dónde se dirige la competitividad y la sustentabilidad del sector en los próximos años.

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