El exceso de lluvia en los valles de Río Negro y Neuquén puede dejar una consecuencia que se verá mucho después de que mejore el tiempo: menos fruta cuajada, dificultades para alcanzar tamaño y mayores gastos para cuidar la sanidad. Sebastián Hernández advirtió que esos problemas también comprometen la posibilidad de llegar temprano a los mercados que mejor pagan.
El presidente de la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén y de la Fundación Barrera Zoofitosanitaria Patagónica, FUNBAPA, describió un escenario poco habitual para una región que organiza buena parte de su producción alrededor de condiciones secas. En diálogo con Daniel Aprile en Palabra de Campo, pidió financiamiento para sostener los trabajos que la campaña está exigiendo.
“La humedad que se ha venido generando en estos últimos meses no es lo habitual”, señaló. Su preocupación no pasa solamente por los milímetros acumulados. También importa cuándo llueve, si se puede entrar a las chacras y qué ocurre durante etapas sensibles como la floración y el desarrollo inicial de los frutos.
La floración encontró pocas ventanas de buen tiempo
Hernández relató situaciones en las que hubo alrededor de quince días sin posibilidad de ingresar al campo para realizar aplicaciones. En manzana, explicó, las lluvias coincidieron con la floración y dejaron muy pocas jornadas favorables para el trabajo de las abejas. Según su evaluación, esa combinación afectó el cuaje y aumentó la caída de fruta.
“No cuajó la fruta”, resumió al describir el problema observado. El cuaje es el paso por el cual una flor da lugar al fruto que después deberá crecer y llegar a cosecha. Si esa etapa falla, no alcanza con que el monte recupere un buen aspecto más adelante: una parte del potencial ya no se convierte en producción.
El dirigente no presentó un balance definitivo de pérdidas para toda la región. Su testimonio describe dificultades que dependen del monte, de la variedad y del manejo. Esa diferencia es importante para no transformar una advertencia de campaña en una estimación general de caída de producción que todavía no fue informada.
Menos sol y una carrera para alcanzar el calibre
En pera, Hernández puso el foco en la falta de las condiciones de sol y calor seco que habitualmente acompañan al crecimiento. La preocupación es llegar con tamaños comerciales y madurez adecuados al período de cosecha. No se trata solamente de juntar kilos, sino de obtener la fruta que pide el comprador en el momento en que la necesita.
“Esto ha hecho que se ha retrasado todo”, afirmó. También mencionó un menor avance de la acumulación térmica utilizada para seguir el desarrollo de carpocapsa. Ese indicador ayuda a ordenar el monitoreo de la plaga, pero no debe confundirse con una medición directa del tamaño final que tendrá cada pera.
Para el productor, el calendario conecta decisiones agronómicas y comerciales. Un atraso puede modificar la oportunidad de venta; una fruta de menor tamaño puede recibir otra valoración. Por eso, Hernández insistió en acompañar el desarrollo del monte y revisar las necesidades de nutrición y sanidad de cada establecimiento.
Llegar primero tiene valor en la exportación
El dirigente ubicó el comienzo habitual de la cosecha de pera Williams alrededor de mediados de enero, sujeto a la evolución del cultivo. Explicó que las primeras partidas y los calibres grandes tienen un papel importante para acceder a los mejores valores en destinos como Estados Unidos. La oportunidad depende de combinar fecha, condición y tamaño.
“Después empiezan a ingresar productos de otros países”, señaló. Cuando esa oferta se incorpora, cambia la competencia comercial. Su planteo es que la demora puede dejar a los productores argentinos frente a proveedores con costos menores, en un negocio que ya llega presionado por el gasto de producir.
La situación no es idéntica en pera y manzana. Hernández describió una mayor orientación exportadora de la primera y un peso predominante del mercado interno en la segunda. Esa combinación permite distribuir destinos, aunque también obliga a sostener dos negocios con demandas, momentos de cosecha y condiciones comerciales diferentes.
La humedad obliga a reforzar el cuidado sanitario
Entre los problemas mencionados aparece la sarna, una enfermedad que deteriora la calidad comercial de los frutos. Hernández advirtió que la lluvia dificulta las aplicaciones y puede exigir nuevas intervenciones. Entrar otra vez a la chacra significa combustible, trabajo e insumos adicionales, además de la necesidad de encontrar condiciones adecuadas para hacerlo.
El diagnóstico encuentra respaldo en una advertencia del INTA Alto Valle publicada el 15 de octubre. El organismo informó que las precipitaciones frecuentes y la humedad de esta primavera favorecen la sarna del peral, causada por el hongo Venturia pyrina. Aclaró que el riesgo combina humedad y temperatura, y recomendó reforzar el monitoreo, especialmente en montes con antecedentes.
La enfermedad no es nueva ni está ausente por definición de la Patagonia. El punto es que una primavera lluviosa puede volver más exigente su manejo. Las decisiones deben apoyarse en el asesoramiento técnico, los boletines sanitarios y las condiciones del lote, sin convertir una recomendación general en un tratamiento uniforme para toda la región.
Financiar la campaña también es sostener el empleo
“Son costos adicionales”, remarcó Hernández. El pedido de financiamiento apunta a afrontar sanidad y fertilización para preservar calidad y tamaño. No lo presentó como una mejora de rentabilidad ya conseguida, sino como una necesidad para atravesar una campaña que demanda más recursos antes de que lleguen los ingresos de la cosecha.
El dirigente destacó la importancia de la mano de obra en la estructura de costos frutícola. Su argumento es que una actividad intensiva en trabajo necesita herramientas acordes con esa realidad. Cuando falta liquidez, la presión alcanza tanto a las tareas del monte como a la capacidad de mantener personal.
Por eso vinculó la asistencia financiera con la continuidad productiva. Un tratamiento postergado o una tarea que no se realiza a tiempo pueden afectar la fruta que se venderá meses después. El costo del clima no termina en la operación inmediata: también puede aparecer en la calidad y en el destino comercial del producto.
Una sanidad regional que necesita continuidad
Hernández también explicó el trabajo de FUNBAPA contra la mosca de los frutos, que incluye la liberación de insectos estériles. Diferenció esa plaga de carpocapsa, cuya larva puede desarrollarse dentro de peras y manzanas. Confundirlas impide entender por qué cada problema requiere vigilancia y herramientas específicas.
La provincia de Río Negro informó al iniciar la temporada de control que el programa combina liberaciones aéreas y terrestres, trampas y análisis de laboratorio. Es una tarea regional que ayuda a conservar el estatus sanitario y el acceso a mercados. No significa que las chacras queden libres de cualquier enfermedad o insecto.
Para el dirigente, ese esfuerzo debe acompañarse con la capacidad de sostener el manejo dentro de cada establecimiento. Las lluvias, los tamaños y la fecha de cosecha forman parte del mismo desafío: preservar la producción y llegar al comprador con fruta comercialmente adecuada. El resultado dependerá de la evolución del clima, pero también de los recursos disponibles para atravesar la campaña.
Fuente: entrevista de Daniel Aprile en Palabra de Campo, Radio Splendid AM 990. Contexto sanitario: INTA Alto Valle y Gobierno de Río Negro.


