La biodiversidad vuelve a los bordes de los cultivos y mejora la producción en la Región Pampeana
Durante décadas, la agricultura intensiva redujo espacios clave para la vida silvestre en los campos argentinos, afectando procesos ecológicos esenciales. Sin embargo, una investigación reciente de la FAUBA muestra que recuperar los bordes de cultivo puede convertir la biodiversidad en un insumo productivo tangible.
Un ensayo simple con resultados contundentes
El estudio, publicado por Sobre La Tierra y realizado en la Región Pampeana, comparó bordes de cultivo intervenidos con una mezcla floral frente a bordes convencionales sin intervención. Los investigadores registraron cerca de 30 especies vegetales, más de 50 especies de polinizadores y más de 1.000 interacciones entre insectos y flores durante el ensayo.
Los bordes mejorados presentaron 3 veces más especies de polinizadores y 5 veces más individuos que los bordes tradicionales, según explicó Analí Bustos, integrante del Grupo de Investigación en Interacciones Ecológicas en Agroecosistemas. La mezcla utilizada incluyó trébol blanco, trébol rojo y lotus, entre otras especies con flor, pensadas para atraer insectos beneficiosos.

Los bordes mejorados requieren un mantenimiento sencillo y aguantan muy bien los disturbios. Esa resistencia facilita su adopción en campos con tránsito de ganado y maquinaria.
Polinización, control de malezas y efecto derrame
La polinización es un servicio ecosistémico clave para cultivos como soja, girasol y frutales, y la presencia de más polinizadores puede traducirse en mejoras de rendimiento. Estudios citados por la investigadora indican que los polinizadores pueden aumentar rendimientos hasta en un 40 % en distintos cultivos, dependiendo del sistema y la especie.
El trabajo de FAUBA también registró un spillover o efecto derrame: insectos que se instalan en los bordes ingresan a los lotes y mejoran la polinización de las plantas cultivadas. Además, una mayor diversidad vegetal en los bordes contribuyó a reducir la emergencia de malezas al modificar el banco de semillas y la competencia en ese microhábitat.
Control biológico y resiliencia del sistema
Dentro del proyecto internacional LivingGro, colegas del equipo detectaron un aumento de organismos que aportan control natural de plagas, como avispas cuyo depredación reduce poblaciones de insectos dañinos. Esa complementariedad entre polinización y control biológico convierte a los bordes mejorados en infraestructuras vivas que benefician múltiples eslabones de la producción.
Las intervenciones son sencillas de implementar y muestran alta adaptabilidad: durante los ensayos los bordes resistieron vacas, ruedas de máquinas y aplicaciones agrícolas. Esa robustez es clave para que la estrategia funcione en campos con diferentes manejos y grados de disturbio.
Intensificación ecológica: una estrategia ganadora
Para Bustos, la práctica forma parte de la llamada intensificación ecológica, que promueve incorporar procesos naturales como aliados productivos en lugar de verlos como un costo. La propuesta integra la biodiversidad y la infraestructura natural del paisaje para aumentar la sostenibilidad y la resiliencia frente a variaciones climáticas y eventos extremos.
La implementación no es una receta única; requiere observación del campo, conocimiento ecológico y paciencia, pero puede ser viable en términos ecológicos, sociales y económicos. Además, ya existen startups y proyectos privados que trabajan con polinizadores y servicios ecosistémicos, lo que facilita la aparición de soluciones de mercado y extensión técnica.
Obstáculos para la adopción y la necesidad de políticas
A pesar de la evidencia, la adopción masiva enfrenta barreras técnicas, culturales y educativas que frenan su escalamiento en la Argentina. Falta formación universitaria específica, técnicos capacitados y asistencia extensionista para acompañar a los productores en la transición hacia prácticas que integren biodiversidad.
También son necesarios incentivos públicos y mecanismos económicos, como sistemas de pago por servicios ambientales, que en otros países ya transformaron hallazgos científicos en políticas aplicadas. Generar información local robusta, proyectos piloto y esquemas de apoyo económico será clave para que estas prácticas pasen de ensayos a herramientas cotidianas en el campo.
La investigación de FAUBA aporta datos concretos y una hoja de ruta sobre cómo pequeños cambios en los bordes de cultivo pueden producir beneficios reales. Si se acompaña con capacitación e incentivos, la intensificación ecológica podría ser una palanca para una agricultura más productiva y resiliente.


