La Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) intensificó este lunes su llamado a que el Congreso sancione una nueva ley de semillas que actualice el marco jurídico vigente.
En un extenso comunicado la entidad defendió el proceso de diálogo desarrollado hasta ahora y afirmó que la industria mostró “vocación de diálogo, flexibilidad y voluntad de construir consensos”.
Por qué importa la actualización de la ley de semillas
La revisión del marco regulatorio es relevante porque incide directamente en la productividad agrícola y en la capacidad del país para atraer inversiones en I+D.
Un marco legal claro y previsible no solo protege la propiedad intelectual, sino que también puede acelerar la llegada de nuevas variedades y herramientas tecnológicas para los productores.
ASA remarcó que el mejoramiento genético y las nuevas tecnologías son claves para enfrentar desafíos climáticos y ampliar la oferta de cultivos adaptados a distintos ambientes.
La entidad sostuvo que ese avance tecnológico se traduce en mayor rendimiento por hectárea y en más alternativas para los productores argentinos.
Qué ofreció ASA y las tensiones en debate
Como gesto para facilitar acuerdos, ASA dijo haber ampliado la superficie incluida en el régimen de uso propio gratuito respecto de su propuesta original.
Ese cambio busca reconocer distintas realidades productivas y acercar posiciones entre la industria y sectores que piden mayor acceso a genética.
Sin embargo, persiste la tensión entre quienes reclaman una redistribución del valor actualmente generado y quienes proponen crear condiciones para generar más valor en el largo plazo.
La discusión también plantea la necesidad de diseñar un régimen excepcional que permita a productores en situaciones vulnerables continuar accediendo a genética de calidad sin erosionar incentivos a la innovación.
Impacto económico y próximos pasos
ASA utilizó el ejemplo de Brasil para advertir que países de la región que expanden su oferta genética pueden captar inversiones y acelerar la modernización del agro.
Una ley con reglas predecibles podría traducirse en mayores exportaciones, empleo y desarrollo territorial a lo largo de la cadena agroindustrial.
El desafío para el Congreso será articular un régimen que combine la protección de la innovación con salvaguardas para los productores, y que facilite la inversión a largo plazo.
Si se logra ese equilibrio, el principal beneficiario será el productor argentino, que accederá a una oferta más amplia de variedades y a herramientas para producir de forma más eficiente y sostenible.
La discusión legislativa seguirá en las próximas semanas y requerirá diálogo entre la industria, los productores y el sector público para convertir las propuestas en reglas claras.
ASA insiste en que el objetivo es construir un sistema sostenible, previsible y equilibrado que impulse la competitividad del agro argentino y potencie su capacidad para generar valor.



