Inversiones masivas impulsan la industria aceitera y establecen bases para un nuevo boom agropecuario

En los últimos meses, se anunciaron inversiones por cerca de U$S 1.000 millones en plantas de molienda de soja y girasol. Menos retenciones, protección a la propiedad intelectual y mejoras en la logística son esenciales para que esta tendencia se prolongue.

Una lluvia de inversiones sacudió en los últimos meses a la industria aceitera argentina, con anuncios de proyectos de gran escala por parte de empresas internacionales y locales.

El movimiento promete cambiar la capacidad de molienda y la oferta de oleaginosas en un contexto de recuperación de precios y cambios en la política fiscal agrícola.

Louis Dreyfus Company (LDC) confirmó la construcción de una planta multi especie en Bahía Blanca por U$S 400 millones, diseñada para procesar girasol y soja entre otras oleaginosas.

El proyecto busca atender la expansión del cultivo de girasol y aportar mayor capacidad para la molienda de soja, el principal cultivo argentino por superficie y divisas.

En paralelo, Molinos Agro y LDC modernizaron plantas en San Lorenzo y Timbúes para sumar procesamiento de girasol y biocombustibles para la aviación.

Estas inversiones muestran una orientación clara hacia la diversificación de aceites y la integración con cadenas de valor de combustibles sostenibles.

EL ROL DE LAS RETENCIONES

Molinos Agro vinculó su plan de inversiones con el cronograma de disminución de las retenciones, anticipando un aumento de la producción de soja por la mejora en la rentabilidad.

Ese vínculo entre política fiscal y decisiones de inversión vuelve a poner en primer plano cómo las retenciones determinan la asignación de superficie entre cultivos.

La compañía anunció además la construcción de una planta de molienda de soja en el predio de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) en Timbúes por U$S 500 millones.

La nueva instalación implicará un aumento inicial de la capacidad de procesamiento cercano al 50 %, hasta 30.000 toneladas diarias, lo que representa aproximadamente 9 millones de toneladas al año.

Históricamente, cuando las retenciones se encontraban en su pico, la soja tributaba 35 % del valor FOB oficial y el maíz 20 %, con un área maicera de cerca de 6 millones de hectáreas y una producción de 33 millones de toneladas.

Esos niveles fiscales afectaron la elección de cultivos y llevaron a variaciones importantes en la rotación entre soja y maíz.

PUEDE INTERESARTE  Líder del Turismo Carretera pasa de los fierros de las pistas a la maquinaria agrícola

Argentina alcanzó su récord de producción de soja en la campaña 2014/15 con 61,4 millones de toneladas sobre una superficie de unas 20 millones de hectáreas.

En apenas tres campañas posteriores la superficie sojera cayó a 17 millones de hectáreas mientras la maicera subió a 9 millones, alterando la matriz productiva.

Con la llegada del gobierno de Cambiemos se suprimieron las retenciones a la mayoría de los cultivos, manteniéndose la soja en 30 %, lo que favoreció la expansión del maíz por su mejor margen relativo.

Esos cambios muestran cómo la política de derechos de exportación reconfigura rápidamente la competitividad entre cultivos estacionales.

Hoy la soja tributa 24 % y el maíz 8,5 %, recuperando una diferencia de margen cercana a los 15 puntos que existía a fines de 2015.

Según el plan de reducción previsto hacia 2028, la soja podría quedar en 15 % frente a un 5,5 % del maíz, reduciendo la brecha a 9,5 puntos.

En septiembre de 2018, con la reposición de derechos, la soja llegó a tributar 33 % contra 12 % del maíz, una diferencia de 21 puntos porcentuales que se mantuvo durante el gobierno del Frente de Todos.

Esa etapa dejó su huella en la dinámica de siembra y en la toma de decisiones industriales sobre capacidad de molienda.

EL POTENCIAL INVERSOR DE LA SOJA

Molinos Agro sostiene que la baja prevista de retenciones llevará a un crecimiento de la superficie sembrada con soja, incrementando la oferta doméstica y la demanda de capacidad industrial.

Ese escenario explica por qué las empresas apuestan hoy a ampliar plantas y modernizar logística para capturar ese volumen futuro.

Si se concreta una expansión del área y mejora en los márgenes, Argentina ganaría competitividad frente a Brasil y Estados Unidos en mercados de aceite y poroto.

La profundización de la Hidrovía y la recuperación del sistema ferroviario de cargas son además condicionantes clave para reducir costos logísticos y hacer más rentable la exportación.

Los inversores también plantean la necesidad de un marco que proteja la propiedad intelectual de la genética, basado en UPOV 91, y de mayor acceso a tecnología agrícola.

PUEDE INTERESARTE  Congreso impulsa medidas para resolver vacío legal y simplificar regulaciones sobre fitosanitarios agrícolas

Con mayor fertilización y adopción tecnológica, sostienen los técnicos, la soja argentina podría superar hoy los 60 millones de toneladas sin necesidad de ampliar excesivamente la superficie.

En un mercado global con oferta abundante, la combinación de mejores márgenes, infraestructura y tecnología aparece como la vía para sostener la sustentabilidad de los productores.

Las inversiones anunciadas son la primera señal concreta de que la industria aceitera se prepara para un nuevo ciclo de crecimiento si las condiciones de política y logística acompañan.

spot_img
MAS NOTICIAS

Most Popular