Belén Sigmaringo, de 26 años, fusionó dos pasiones y se convirtió en una voz visual de la ganadería en la Exposición de Palermo 2026.
La joven, que en 2021 se recibió de Licenciada en Diseño Publicitario, llegó a fotografiar ejemplares de Angus y cabañas particulares en la pista central.
Su historia es también la de una familia rural: es la quinta generación de productores de la Cabaña La Legua, con orígenes que se remontan a 1922.
Hoy la cabaña, ubicada en Coronel Pringles, combina mejoramiento genético y remates que necesitan una comunicación visual profesional.
La mudanza al campo durante la pandemia aceleró un cambio: además de producir, surgió la necesidad de digitalizar los remates y catálogos y Belén tomó la cámara.
Con esa decisión empezó a aprender los “secretos” del movimiento y del fenotipo para captar la foto que el criador desea conservar.
Su padre, Eduardo Sigmaringo, gestionó el permiso de prensa que le permitió entrar por primera vez a las pistas de Palermo en la Exposición Rural 2025.
Ese respaldo familiar y su trabajo ad honorem hicieron que, meses después, la contactara la Asociación de Criadores Angus para cubrir eventos más importantes.
De la cabaña a la pista
Fotografiar ganado en una exposición exige precisión: Belén habla de la “milésima de segundo” en que se define el retrato que quedará en el catálogo.
Esa exigencia obliga a combinar técnica fotográfica con conocimiento del animal y respeto por la dinámica de la pista.
El clima es otro factor determinante y, como ella lo dice con humor, es lo único que ni la tecnología más avanzada puede controlar.
Desde la neblina y las heladas hasta una nube pasajera, cada condición impone ajustes manuales y decisiones rápidas frente a la cámara.
Desafíos y oficio en movimiento
Belén aprendió también a convivir con las distancias propias del campo: maneja entre estancias y utiliza el auto como estudio móvil para la edición final.
Esa logística refleja cómo las producciones rurales combinan trabajo de campo, postproducción y entrega en plazos cortos para remates y catálogos.
Su mirada busca algo más que una foto: pretende contar un relato sobre el animal, la cabaña y el entorno que lo produce.
Esa intención la llevó a priorizar ángulos que muestran la dimensión del lugar y a cuidar la presencia en pista para no entorpecer a los demás profesionales.
Para los criadores, una buena imagen puede potenciar la venta de un ejemplar y acompañar procesos de selección y mejoramiento genético.
En ese sentido, la fotografía se transforma en una herramienta de mercado y en un puente entre tradición y comunicación moderna.
Hoy Belén sueña con cubrir exposiciones internacionales y conocer otras pistas y culturas ganaderas, un paso natural para quien ya expresó su trabajo en Palermo.
“Lo hago con el corazón”, dice la fotógrafa cabañera, que representa a una nueva generación que une creatividad, campo y tecnología.



