La campaña de maíz 2026/27 comienza a definirse con una problemática que vuelve a ocupar un lugar central en la agenda sanitaria: la chicharrita. Después del fuerte impacto que tuvo el complejo de achaparramiento en ciclos recientes, la presencia del vector vuelve a obligar a productores y empresas a ajustar estrategias de manejo.
En ese escenario, Biofilm trabaja con herramientas biológicas orientadas a mejorar la capacidad fisiológica de las plantas para atravesar situaciones de estrés. La estrategia no apunta a reemplazar el control del insecto, sino a complementar el manejo con tratamientos desde la semilla que permitan darle mayor estabilidad y resiliencia al cultivo.
La chicharrita vuelve a poner presión sobre el maíz
Matías Lopresto, socio y director de Marketing de Biofilm, advirtió que los monitoreos muestran una situación que merece atención. “Los niveles poblacionales son altísimos”, señaló al referirse a los registros de chicharrita observados en trampas.
A esto se suma lo ocurrido durante el invierno, con condiciones que no siempre favorecieron una reducción natural de las poblaciones. “Fue un invierno muy suave, donde no hubo muchas heladas, y eso hace que no haya ejercido un control sobre la población”, explicó.

Para Lopresto, el escenario obliga a seguir muy de cerca la evolución de Dalbulus maidis durante toda la campaña. “Va a ser muy desafiante esta campaña en relación con esta problemática”, anticipó.
El riesgo es mayor en las regiones donde la presencia del insecto es endémica y donde los patógenos asociados al complejo de achaparramiento pueden encontrar condiciones favorables. Por eso, el seguimiento del vector vuelve a integrarse desde el inicio a la planificación del maíz.
Biológicos para fortalecer la planta desde la semilla
Dentro de ese contexto sanitario, Biofilm viene desarrollando una estrategia basada en tratamientos biológicos y bioestimulantes aplicados desde las primeras etapas del cultivo. El objetivo es generar plantas con mayor desarrollo radicular, mejor funcionamiento vascular y mayor capacidad para soportar situaciones adversas.
“Una enfermedad no deja de ser un estrés para la planta”, explicó Lopresto. Según detalló, las herramientas fisiológicas pueden actuar como un “buffer” y ayudar a reducir el impacto que generan distintas situaciones de estrés.
La compañía viene trabajando junto con especialistas de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, con quienes generó datos en ambientes con presencia endémica de chicharrita. Allí evaluaron tecnologías desarrolladas específicamente para tratamiento de semillas híbridas de maíz.
Según Lopresto, los resultados permitieron observar diferencias vinculadas con un mayor desarrollo radicular y vascular. La hipótesis de trabajo es clara: cuanto mejor preparada fisiológicamente está la planta, mayor capacidad puede tener para atravesar el estrés generado por una enfermedad.
Reducir la variabilidad productiva
El enfoque de Biofilm no busca presentar a los biológicos como una solución aislada frente a la chicharrita. Por el contrario, se plantea como una herramienta complementaria dentro de un manejo que incluye monitoreo, decisiones agronómicas y control del vector.
“Lo que lográs es reducir la variabilidad ante distintas situaciones ambientales”, sostuvo Lopresto. Para la empresa, esa mayor estabilidad puede ser determinante cuando el cultivo atraviesa episodios de estrés durante su ciclo.
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La misma lógica se extiende a otros escenarios, como sequía, salinidad o diferentes enfermedades. Aunque las causas sean distintas, todas pueden alterar procesos fisiológicos fundamentales y generar pérdidas de rendimiento.
Por eso, el trabajo sobre la fisiología aparece como una forma de construir cultivos más resilientes y con mayor capacidad de respuesta. En maíz, la presión de la chicharrita vuelve a poner este tipo de estrategias bajo la lupa.
La tecnología también debe cerrar en los números
La incorporación de nuevas herramientas ocurre además en un contexto donde los productores siguen con precisión la relación entre costos e ingresos. Para Lopresto, cualquier tecnología necesita demostrar no solo un beneficio agronómico, sino también un retorno económico concreto.
“Es muy importante que la propuesta de valor sea consistente”, afirmó. La empresa considera que estas herramientas deben integrarse al sistema productivo con una inversión capaz de justificarse a partir de una mayor estabilidad.
Lopresto incluso definió a este tipo de estrategias como una suerte de “seguro de producción”. La idea no implica eliminar el riesgo sanitario, sino reducir la variabilidad que provocan las situaciones de estrés y aumentar las chances de sostener el potencial del cultivo.
Con la nueva campaña en marcha, la chicharrita vuelve a instalarse entre los principales desafíos del maíz. El control del vector seguirá siendo decisivo, pero los biológicos y el manejo fisiológico aparecen como herramientas complementarias que ganan terreno dentro de una estrategia más amplia.




