Maíz con agua pero sin nutrientes: la brecha de rendimiento que puede costar la campaña

María Fernanda González Sanjuan advirtió que sólo tres de cada diez productores diagnostican correctamente el nitrógeno. Con perfiles cargados, la nutrición define cuánto rinde cada milímetro.

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La campaña de maíz puede comenzar con una ventaja decisiva: perfiles con agua y una perspectiva climática favorable. Pero ese recurso no se transforma automáticamente en grano. Si faltan nitrógeno, fósforo u otros nutrientes, el cultivo pierde eficiencia y deja parte del potencial en el lote.

Cada milímetro necesita nutrición

María Fernanda González Sanjuan, directora ejecutiva de Fertilizar Asociación Civil, explicó que una planta bien nutrida produce más kilos por milímetro de agua consumido. La fertilización no reemplaza a la lluvia; permite aprovecharla mejor.

El problema comienza en el diagnóstico. Según la entidad, sólo tres de cada diez productores de maíz determinan adecuadamente la disponibilidad de nitrógeno antes de decidir la dosis. Sin análisis de suelo, la recomendación se apoya en promedios y puede quedar corta justo en una campaña con alto potencial.

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Una brecha cercana al 35%

González Sanjuan ubicó la brecha promedio de rendimiento del maíz alrededor del 35% entre lo que se obtiene y lo que el ambiente podría producir con un manejo ajustado. No toda esa diferencia depende de la nutrición, aunque los nutrientes explican una parte central.

El nitrógeno disponible no proviene sólo del fertilizante. El suelo mineraliza materia orgánica y libera una fracción durante el ciclo. Medir nitratos, conocer el cultivo antecesor y estimar la oferta del ambiente permite ajustar la dosis y evitar tanto deficiencias como aplicaciones innecesarias.

El fósforo, una inversión estructural

La especialista también advirtió por el deterioro del fósforo. Cerca del 70% de los suelos agrícolas tendría valores por debajo de 14 partes por millón, un nivel que limita la respuesta de distintos cultivos. A diferencia del nitrógeno, el fósforo puede construirse en el tiempo y mejorar la productividad futura del lote.

En soja, señaló, el costo de un kilo de fósforo puede equivaler a unos 12 kilos de grano y generar respuestas de 30 a 40 kilos en ambientes deficientes. La relación muestra por qué la reposición puede ser rentable, aunque el beneficio exceda una sola campaña.

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Ese horizonte abre una discusión financiera: quienes alquilan por un año tienen menos incentivos para invertir en la fertilidad de largo plazo. Herramientas de crédito o acuerdos entre propietarios y arrendatarios podrían convertir la mejora del suelo en un activo compartido. Con agua disponible, dejar faltar nutrientes sería perder la oportunidad antes de que empiece la cosecha.

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