La caída de la natalidad y la creciente presencia de mascotas en los hogares avanzan al mismo tiempo y están modificando la vida cotidiana de las familias argentinas. No significa que un perro reemplace a un hijo, pero sí que ocupa un lugar afectivo, económico y social cada vez más visible.
El médico veterinario Marcelo Zysman planteó en Palabra de Campo que el fenómeno debe leerse como una transformación amplia y no como una competencia entre chicos y animales. “Las mascotas jamás van a reemplazar a un niño”, remarcó. La pregunta, sostuvo, es por qué cada vez más personas postergan o descartan la maternidad y la paternidad.
Qué dicen los datos disponibles
El Censo 2022 no incluyó un relevamiento nacional de mascotas, por lo que no existe una cifra oficial del INDEC sobre perros y gatos. Sí hay estudios privados y sectoriales: distintas encuestas ubican la presencia de animales de compañía en alrededor de ocho de cada diez hogares, mientras estimaciones de la industria calculan una población canina cercana a 15 millones.
Zysman proyecta que en 2026 la cantidad de perros puede acercarse a 16 millones. Es una estimación, no un conteo censal, pero ayuda a dimensionar un mercado y una red de cuidados que incluye alimentos, servicios veterinarios, paseadores, guarderías, seguros y productos especializados.
En paralelo, los resultados definitivos del Censo 2022 confirmaron una reducción de la fecundidad y una estructura demográfica con menor peso relativo de niños. La tendencia responde a múltiples causas: dificultades económicas y habitacionales, cambios culturales, postergación de proyectos familiares y decisiones personales.
Un vínculo distinto, no un reemplazo
Para Zysman, el error consiste en reducir la discusión a la idea de que los jóvenes “no quieren tener hijos”. La incorporación de perros y gatos a la vida familiar ocurre dentro de relaciones sociales nuevas, con hogares más pequeños, mayor longevidad, otras formas de convivencia y una valoración diferente del bienestar animal.
La señal también aparece en la cultura y el consumo. Publicidades, películas, canciones, productos y servicios incorporan a los animales de compañía como integrantes habituales del hogar. En muchas familias, el perro acompaña el “nido vacío”; en otras, forma parte de una pareja joven que posterga la llegada de hijos.
Un desafío para toda la cadena veterinaria
El cambio exige mayor profesionalización. A medida que aumenta la población de mascotas y se extiende su expectativa de vida, también crecen las necesidades de prevención, nutrición, diagnóstico y cuidado de enfermedades crónicas.
Zysman propone evitar dos extremos: humanizar al animal hasta desconocer sus necesidades propias o tratarlo como un objeto secundario. El vínculo saludable, afirma, se construye cuando el afecto convive con controles veterinarios, alimentación adecuada, ejercicio y respeto por su conducta.
La expansión de las mascotas no explica por sí sola la caída de la natalidad. Pero ambas tendencias, vistas en conjunto, revelan que la organización de los hogares argentinos está cambiando y que la sociedad todavía está aprendiendo a nombrar esa transformación.



