Los socios de la Sociedad Rural Argentina ratificaron a Nicolás Pino como presidente por los próximos dos años con una mayoría clara. La elección devuelve protagonismo a la entidad más antigua del campo y tendrá impacto en las conversaciones sobre comercio, políticas agropecuarias y ambiente.
Según informó la propia SRA, sobre un total de 2.229 votos, Pino obtuvo 1.441, es decir el 65 %. Marcos Pereda cosechó 592 sufragios, equivalentes al 26,6 %, mientras que hubo 24 votos en blanco y 172 adhesiones contabilizadas por separado.
La derrota de Pereda fue geográficamente acotada: perdió únicamente en el distrito 7, correspondiente a Entre Ríos. Allí se impuso la línea interna Renovación con Unidad, vinculada con Luis Miguel Etchevehere, ex presidente de la SRA y ex secretario de Agroindustria.
Un resultado con sello federal
La lista de Pino ganó en 13 de los 14 distritos que divide la Sociedad Rural a nivel nacional, según datos a los que accedió Infocampo. Ese reparto territorial refuerza la lectura de un triunfo con carácter federal y amplio apoyo en distintas realidades productivas.
La importancia de la elección excede la interna institucional porque la SRA sigue siendo interlocutora clave ante gobiernos, mercados y organismos internacionales. Un liderazgo consolidado facilitará la presentación de agendas sobre infraestructura, comercio exterior, biotecnología y adaptación climática.
El enfrentamiento público entre Pino y su vice 1° Marcos Pereda marcó los últimos meses y planteó dudas sobre la unidad interna. La ratificación de Pino busca cerrar esa etapa y dar previsibilidad a la conducción, aunque los pasillos del campo seguirán atentos a posibles tensiones internas.
Productores y cámaras del agro esperan que la nueva conducción priorice acciones concretas en logística, financiamiento y resiliencia climática para la próxima campaña. También hay expectativa sobre propuestas para facilitar la adopción de tecnologías y mejorar la competitividad de las cadenas agroindustriales.
En la arena política, la SRA reafirma su rol como actor de peso en debates sobre retenciones, exportaciones y normativa ambiental, con capacidad de influencia en mesas de diálogo público-privado. Las dos próximas décadas de gestión —perdón, los próximos dos años de gestión— serán la ventana para ver si esa influencia se traduce en acuerdos concretos.
El resultado consolida a Pino y ofrece una tregua formal en la interna, pero mantiene abierta la discusión sobre prioridades sectoriales y estrategias frente al cambio climático. En definitiva, la elección redefine el mapa de poder del campo y fija un punto de partida para las negociaciones que vienen.



