La producción de alimentos con una menor huella de carbono comienza a ganar peso dentro de las decisiones agrícolas y puede transformarse, en los próximos años, en un factor comercial cada vez más importante. Para la Argentina, esa transición también abre una oportunidad: demostrar que determinados cultivos pueden producirse con emisiones inferiores a las que reflejan los valores internacionales utilizados actualmente.
Mirta Toribio, jefa del área de Investigación y Desarrollo de Profertil, explicó en diálogo con Palabra de Campo que la empresa trabaja sobre dos componentes centrales de la huella vinculada con los fertilizantes nitrogenados. Por un lado, busca reducir las emisiones generadas durante la fabricación de la urea y, por otro, medir con mayor precisión qué ocurre una vez que el fertilizante llega al campo.
Una urea con una huella 40% menor
Uno de los avances más relevantes fue la verificación por terceras partes de la huella de carbono correspondiente a la producción de urea de 2024. El trabajo forma parte de un proceso iniciado hace más de una década para mejorar la eficiencia de la planta y disminuir progresivamente las emisiones asociadas a la fabricación del fertilizante.
“Desde 2014 venimos trabajando en eficientizar la planta de urea para bajar esa huella de carbono”, explicó Toribio. De acuerdo con la especialista, desde aquella primera medición la compañía logró reducir aproximadamente un 40% la huella de carbono de producción.
Posteriormente, Profertil comparó sus resultados con referencias internacionales y encontró una diferencia que considera significativa. Según Toribio, la huella obtenida se encuentra alrededor de un 40% por debajo del promedio internacional considerado en las comparaciones realizadas por la compañía.
El punto no es solamente ambiental. Contar con un valor verificado permite que un productor que utilice urea granulada de Profertil pueda incorporar ese dato concreto al momento de calcular o certificar la huella de carbono de su producción agrícola.
El problema de utilizar valores internacionales
Actualmente, muchas calculadoras de carbono utilizan factores predeterminados provenientes de bases internacionales cuando no existen datos específicos disponibles. Eso puede generar diferencias importantes cuando las condiciones productivas o industriales argentinas son distintas de aquellas utilizadas para construir esos valores de referencia.
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Toribio explicó que algunas herramientas utilizan para la producción del fertilizante factores asociados a Europa o promedios globales. “Son huellas de carbono de producción que están aproximadamente 45% por encima de la nuestra”, señaló.
Esa diferencia puede convertirse en una ventaja para cadenas como las del trigo, maíz o cebada, donde la fertilización nitrogenada tiene una participación relevante dentro del cálculo final de emisiones. Poder demostrar una menor huella en uno de los principales insumos permite reducir también la estimación correspondiente al cultivo obtenido.
Medir qué pasa con el nitrógeno en el campo
La segunda línea de investigación apunta directamente al lote. Desde 2020, Profertil realiza ensayos con cámaras estáticas para medir emisiones de óxido nitroso y utiliza trampas de amoníaco para determinar las pérdidas por volatilización.

El objetivo es desarrollar factores de emisión locales, debido a que actualmente suelen emplearse parámetros internacionales cuando no existe suficiente información argentina publicada. Según los ensayos mencionados por Toribio, las emisiones observadas pueden ser significativamente inferiores a las que surgen de los valores predeterminados utilizados internacionalmente.
“Estamos midiendo emisiones que prácticamente son la mitad de lo que dice el IPCC”, sostuvo la especialista. Ahora, explicó, el desafío es transformar esa información experimental en publicaciones científicas que permitan respaldar técnicamente esos factores y avanzar en su eventual incorporación a los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero.
Mucha agua puede significar menos nitrógeno disponible
La situación de los suelos constituye otro punto importante de cara a las próximas decisiones de fertilización. Las abundantes precipitaciones registradas en amplias regiones productivas pueden modificar significativamente la disponibilidad de nitratos en el perfil.
“Muy probablemente no tengan nitratos o tengan muy pocos nitratos”, advirtió Toribio al referirse a aquellos lotes que atravesaron períodos con mucha agua. El movimiento del agua dentro del perfil puede provocar lixiviación de nitratos, reduciendo la cantidad de nitrógeno disponible para el cultivo siguiente.
Por eso, Profertil insiste en una herramienta básica pero determinante: realizar análisis de suelo antes de la siembra. Conocer el punto de partida permite establecer una estrategia de nutrición de acuerdo con el cultivo, el potencial esperado, la zona y las condiciones climáticas de cada campaña.
La nutrición debe comenzar desde la implantación
La estrategia tampoco debería concentrarse exclusivamente en el nitrógeno. Toribio destacó que la construcción de un cultivo vigoroso requiere contemplar desde el comienzo otros nutrientes como fósforo, azufre y zinc, dependiendo de las características y necesidades de cada lote.
“Necesitamos una planta que tenga buen establecimiento, buen crecimiento inicial y buen sistema radicular”, explicó. Una nutrición equilibrada desde las primeras etapas contribuye a construir cultivos con mayor vigor y mejores condiciones para atravesar situaciones de estrés o presión de enfermedades.

En cuanto al nitrógeno aplicado en superficie, uno de los principales riesgos es la volatilización, especialmente cuando coinciden temperaturas elevadas con varios días sin precipitaciones después de la fertilización. En esas situaciones, Toribio señaló que herramientas destinadas a disminuir esas pérdidas pueden contribuir a mejorar la eficiencia de utilización del nutriente.
Para la especialista, el cambio hacia sistemas agrícolas de menor huella no ocurrirá de manera inmediata. Será un proceso que combinará medición, trazabilidad, eficiencia industrial y mejores prácticas agronómicas, pero que puede encontrar a la Argentina en una posición competitiva favorable si logra demostrar con datos propios cómo produce.




