Los hechos son contundentes: el Banco Central compra reservas sin tensión cambiaria. Desde comienzos de año ya superó los u$s14.000 millones. El resultado es un dólar estable, que se suma a un escenario donde la inflación está cerca del 2%.
La economía argentina vive un fenómeno pocas veces visto en las últimas dos décadas. Por primera vez desde comienzos de siglo la abundancia de divisas dejó de ser un problema.
Hay algo concreto: Javier Milei dio la orden de mantener un programa monetario férreo, que a los ojos de la City luce demasiado coinservador. Sin pesos en la calle, no hay plata para correr al dólar pero tampoco hay pesos para darle combustible a la economía.
El problema que aqueja al oficialismo es que el esquema se completa con una industria, un comercio y una construcción que siguen sin despegar.
El programa económico de Milei rompió, al menos por ahora, esa lógica histórica.
Hay exceso de dólares, pero ¿faltan pesos?
Durante décadas, la economía argentina estuvo condicionada -y de hecho estrangulada- por la escasez de dólares. Cada recuperación terminó chocando contra el mismo muro: la falta de divisas, la presión devaluatoria y una inflación que se aceleró ante cada “stop & go”.
El último informe de la consultora MacroView le puso números a la dinámica del plan Milei. Los números del mercado cambiario muestran por qué el dólar logró mantenerse alrededor de los $1.500 sin sobresaltos.
Hoy el desafío es exactamente el inverso. Sobran dólares, pero faltan pesos.
Es decir, quedaron casi u$s1.900 millones de excedente por mes para que el Banco Central pudiera comprar reservas.
Durante el primer semestre ingresaron al mercado unos u$s9.500 millones mensuales, mientras que la demanda total -importaciones más las compras de dólares de particulares- fue de u$s7.600 millones.
Del otro lado hubo una demanda muy sostenida: casi u$s6.000 millones de importaciones y u$s3.460 millones de parte de las compras de la gente para atesoramiento y turismo.
Argentina genera más dólares de los que consume
Julio fue todavía más contundente. La oferta neta de divisas alcanzó u$s11.406 millones, impulsada por liquidaciones récord de exportadores y el financiamiento tanto de provincias como de empresas.
Sin datos oficiales, para agosto, la consultora proyectó otro saldo favorable: alrededor de u$s10.000 millones de oferta frente a u$s9.300 millones de demanda, lo que permitió seguir acumulando reservas sin presión sobre el tipo de cambio.
Aun así, el resultado volvió a ser positivo y el BCRA adquirió cerca de u$s1.950 millones.
La otra cara: una economía partida en dos
Sin embargo, esa fortaleza cambiaria no alcanza para explicar lo que ocurre puertas adentro. La Argentina funciona hoy como dos economías completamente distintas.
La conclusión es contundente: incluso con un atesoramiento privado extraordinariamente alto y un déficit turístico significativo, la economía argentina hoy genera más dólares de los que consume.
Por un lado está el 15% exportador -agro, petróleo y minería- que crece a tasas de dos dígitos, con exportaciones récord y abundante financiamiento en dólares.
El informe de MacroView, así como lo vienen sosteniendo otras consultoras de la City, como la de Miguel Kiguel o incluso la de Miguel Angel Broda, destaca que la economía está partida.
Los datos son elocuentes. Respecto del primer semestre de 2023, el agro acumula una expansión del 73,5%, petróleo y minería crecen 31,1% y los bancos casi el 20%.
Del otro aparece el 85% mercado-internista, donde predominan la industria, el comercio, la construcción y buena parte de los servicios, sectores que continúan estancados o en retroceso.
La conclusión de la dupla Melconian/Santángelo luce categórica. Para una economía que lleva más de una década prácticamente estancada, crecer entre 1,5% y 2% durante este 2026 resulta demasiado poco.
En cambio, la industria cayó 11,8%, la construcción 13,4% y el comercio 5,6%. Son justamente los sectores que dependen del consumo y de la circulación de pesos.
El Banco Central compra dólares, pero retira los pesos
Ahí aparece el verdadero dilema del programa económico.
Según el informe, la recuperación existe, pero es demasiado modesta y muy concentrada en pocos sectores.
Pero eso nunca terminó ocurriendo. Los pesos emitidos fueron absorbidos casi inmediatamente mediante sobrecolocaciones del Tesoro y la emisión de instrumentos de cobertura cambiaria, de modo que la expansión monetaria prácticamente desapareció del mercado.
El objetivo original del BCRA era remonetizar la economía: comprar dólares, emitir pesos y devolver liquidez al sistema.
En otras palabras, el problema ya no es monetario desde el lado de los dólares; es monetario desde el lado de los pesos.
El resultado es que hoy la cantidad real de dinero circulando es inferior a la de hace un año y muy inferior al promedio histórico. Al respecto, MacroView calcula que “faltan alrededor de $50 billones” de liquidez real respecto de los niveles habituales de la economía argentina.
Con una inflación que probablemente vuelva a ubicarse por debajo del 2% mensual en agosto y un mercado cambiario ampliamente abastecido, la estrategia oficial consiste en evitar que sobren pesos, aun cuando sobren dólares.
El Gobierno parece haber elegido una prioridad muy clara: consolidar la estabilidad antes que acelerar la actividad.
El costo es visible en la economía real. ¿Será la elección definitiva de Milei rumbo a las elecciones 2027? ¿O acá también mandará el pragmatismo?
Es una decisión coherente con la visión monetarista del equipo económico: mientras haya poca liquidez, será más difícil que reaparezca presión sobre el dólar y los precios.



