La vitivinicultura argentina atraviesa un escenario complejo, condicionado por el bolsillo de los consumidores, las dificultades que presenta el mercado internacional y, puertas adentro, por una cadena en la que se profundizaron las diferencias entre los distintos eslabones.
Sin embargo, detrás de la caída del consumo y de los habituales diagnósticos sobre una industria “en crisis”, aparecen datos que permiten entender mejor qué está ocurriendo. Hoy, apenas entre el 15% y el 20% del precio de una botella puede corresponder al vino que contiene, mientras que históricamente esa participación rondaba el 25%.

Así lo explicó Daniel Rada, director del Observatorio Vitivinícola Argentino, en diálogo con Palabra de Campo. El economista advirtió que la problemática actual tiene múltiples causas y cuestionó dos explicaciones habituales: que exista un excedente extraordinario de vino y que en Argentina “sobren hectáreas” de viñedos.
“Hay un problema, sí, lo hay, no se puede negar, pero tiene múltiples causales y hay que analizar cada una de ellas para entender bien de qué estamos hablando”, sostuvo.
Cuánto vino se paga realmente dentro de una botella
Una de las claves está en cómo se forma el precio entre la producción de la uva y la botella que finalmente llega a la mesa. Según Rada, en una botella ubicada actualmente entre los $7.000 y $10.000, el componente correspondiente al vino puede representar entre el 15% y el 20% del valor final.
En el medio aparece un eslabón fundamental: el denominado mercado de traslado, integrado por bodegas que elaboran vino pero no lo fraccionan ni comercializan con una marca propia. Esas empresas venden posteriormente el producto a bodegas fraccionadoras, y allí se determina buena parte del valor del vino contenido en cada botella.
El deterioro se trasladó también hacia el inicio de la cadena. Rada señaló que el precio de la uva lleva alrededor de tres años prácticamente estable, situación que calificó como “inaceptable” y que redujo fuertemente la participación de la materia prima dentro del precio que paga el consumidor.
El sector llega a este escenario después de un 2025 en el que, según cifras definitivas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), se vendieron en el mercado argentino 746 millones de litros de vino. Durante los primeros seis meses de 2026 se comercializaron otros 343,7 millones de litros, un 0,8% más que en igual período del año anterior.
El 90% del vino argentino compite en otro mercado
Pero el consumo tampoco puede analizarse como si todos los vinos fueran iguales. De acuerdo con la información manejada por el Observatorio a diciembre de 2025, alrededor del 90% del vino consumido en Argentina se ubicaba por debajo de los $10.000 por litro.
Es precisamente allí donde aparece uno de los principales competidores. “Ese 90% está en competencia franca con la cerveza”, explicó Rada, quien remarcó que las variaciones en los precios relativos entre ambas bebidas terminan provocando movimientos en las cantidades vendidas.

La competencia es mucho menor en el restante 10%, compuesto principalmente por vinos de gamas medias-altas y altas. Se trata también del segmento más visible en vinotecas, restaurantes, publicaciones especializadas y estrategias comerciales de las bodegas, aunque representa una parte minoritaria del volumen total.
Los datos comerciales permiten observar esa diferencia. Un relevamiento de Scentia procesado por el Observatorio Vitivinícola mostró que durante 2025 las ventas de vino crecieron 17% en volumen en kioscos y almacenes, mientras retrocedieron 2% en supermercados y mayoristas.
El vino en cartón todavía explica una parte enorme del consumo
Otro dato rompe con la imagen que suele proyectarse sobre el consumidor argentino: aproximadamente un tercio del vino que se consume en el país se vende en envases de cartón, según explicó Rada. A eso se suma otro segmento similar de vinos económicos comercializados en botella.
Por eso, almacenes, pequeños comercios y otros canales tradicionales continúan desempeñando un papel determinante. Según el director del Observatorio, alrededor del 45% del vino se comercializa a través de ese canal, mientras autoservicios, supermercados e hipermercados conforman otro gran bloque de ventas.
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Esta composición lleva también a Rada a cuestionar una estrategia que ganó terreno durante los últimos años: la idea de que toda la industria debe avanzar hacia la denominada “premiumización”.
“Hay que tener mucho cuidado con esa afirmación porque la demanda no es ilimitada”, advirtió. Si todas las bodegas orientaran su producción hacia segmentos de precios elevados, sostuvo, el resultado podría ser un achicamiento del mercado en lugar de una mejora generalizada del negocio.
Una industria que enfrenta un cambio más profundo
La coyuntura, de todas maneras, presenta algunas señales mixtas. El INV informó que el consumo interno aumentó 5,8% interanual durante junio de 2026, mientras que el acumulado del primer semestre terminó 0,8% por encima del mismo período del año pasado.
El problema excede, sin embargo, una variación mensual. La industria necesita adaptarse a consumidores que modificaron sus hábitos, una mayor competencia entre bebidas y un mercado internacional que también muestra transformaciones estructurales.
Para Rada, entender esas diferencias será determinante antes de diagnosticar que simplemente “sobra vino” o que deben desaparecer viñedos. El desafío pasa por recuperar equilibrio dentro de la cadena y, al mismo tiempo, producir una oferta que responda al mercado que realmente existe y no únicamente al segmento premium que concentra la mayor visibilidad.




