El agro argentino duplicó su producción y BBVA proyecta US$42.000 millones en exportaciones para 2026

Un informe de BBVA Research ubica al campo como una pieza estructural de la economía: explica casi el 9% del PIB, aporta cuatro de cada diez dólares exportados y llega a una campaña atravesada por la tecnología y un fenómeno de El Niño que también eleva los riesgos.

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El agro argentino llega a la campaña 2026/27 con una escala productiva que era difícil de imaginar al comienzo del siglo. La producción agrícola se duplicó desde los primeros años de la década del 2000 y el maíz se convirtió en el gran impulsor de esa expansión, con un crecimiento acumulado del 263%. La soja avanzó 74% y el trigo, 10%.

El dato surge del nuevo informe Situación Agricultura 2026, publicado este jueves por BBVA Research. El trabajo reúne indicadores de producción, comercio exterior, tecnología y clima para analizar qué lugar ocupa el campo en la economía argentina y cuáles son las condiciones que pueden definir su próximo salto.

La conclusión principal es que el país conserva “ventajas estructurales frente a un mundo que seguirá demandando alimentos”. Pero el documento no describe un camino automático. La oportunidad dependerá de la rentabilidad, la inversión, la infraestructura y la capacidad de administrar una campaña marcada por un fenómeno de El Niño de una intensidad poco habitual.

Un sector que explica casi el 9% de la economía

Según BBVA Research, el sector agropecuario consolidado representa cerca del 9% del Producto Interno Bruto argentino. Su influencia, sin embargo, excede la participación directa en la actividad: también moviliza transporte, servicios, maquinaria, insumos, industria, puertos y una amplia red de proveedores distribuidos en el interior del país.

El peso más visible aparece en el frente externo. Los cuatro principales complejos agrícolas aportaron alrededor del 40% de las exportaciones argentinas durante 2025. Para 2026, el informe proyecta que las ventas agroindustriales al exterior alcancen los US$42.000 millones y representen aproximadamente el 42% del total exportado por el país.

Esa capacidad de generar divisas se apoya principalmente en soja y maíz. La Argentina ocupa el primer lugar mundial en exportaciones de aceite de soja, con una participación estimada del 45%, y también lidera el comercio de harina de soja, con un 33%. En maíz se posiciona como tercer exportador global, con cerca del 18% del mercado.

Para la campaña 2025/26, BBVA proyecta exportaciones por 45 millones de toneladas de maíz y 29 millones de toneladas de harina de soja. En girasol, la Argentina se afirma como cuarto productor y tercer exportador mundial, una posición que refuerza la diversificación de su oferta agrícola.

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Cuatro cultivos que alcanzan 125 millones de toneladas

La producción conjunta de soja, maíz, trigo y girasol alcanza los 125 millones de toneladas en el ciclo relevado por el estudio. Esa cifra coloca al país entre los actores relevantes en los cuatro mercados: representa el 11,3% de la producción mundial de soja, el 4,3% de la de maíz, el 12,6% de la de girasol y el 2,6% de la de trigo.

El salto no se explica únicamente por una ampliación de la superficie. También intervienen la genética, la siembra directa, la nutrición, la protección de cultivos, el manejo por ambientes y una digitalización que empezó a transformar la forma de decidir dentro de cada lote.

La agricultura argentina pasó de observar el resultado al final de la campaña a medir una parte creciente del proceso en tiempo real. De acuerdo con el informe, el 79% de los productores utiliza monitores de siembra y el 63% incorporó pilotos automáticos. Además, el 47% de la superficie sembrada ya se encuentra monitoreada en tiempo real, un universo equivalente a 18 millones de hectáreas.

Esa información permite ajustar densidades, detectar desvíos, comparar ambientes y aplicar insumos con mayor precisión. También abre una segunda etapa: transformar el volumen de datos en decisiones agronómicas y financieras capaces de mejorar productividad sin elevar costos de manera indiscriminada.

La demanda mundial seguirá creciendo

El contexto internacional aparece como otro elemento favorable. BBVA Research estima que la demanda agrícola global crecerá a un ritmo del 1,2% anual durante la próxima década. Hacia 2035, la producción mundial aumentaría 13,3%, con una expansión del 15,1% en productos de origen animal y del 12,5% en cultivos.

Para la Argentina, ese escenario representa una oportunidad por su disponibilidad de recursos, conocimiento técnico, capacidad industrial y experiencia exportadora. La ventaja no se limita a producir granos: el país cuenta con una de las mayores plataformas de procesamiento de soja del mundo y con cadenas capaces de transformar la producción primaria en harina, aceite, carnes, biocombustibles y otros bienes de mayor valor.

El desafío es evitar que el crecimiento global encuentre al sistema local limitado por problemas de logística, caminos rurales, almacenamiento o acceso al financiamiento. Una cosecha más grande necesita infraestructura para salir de los lotes, llegar a los puertos y convertirse en exportaciones sin que los costos absorban una parte creciente del ingreso.

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El Niño mejora el potencial, pero enciende alertas

La campaña 2026/27 suma una variable climática decisiva. El Servicio Meteorológico Nacional informó que la fase El Niño se encuentra activa y estimó una probabilidad del 100% de continuidad durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre, con intensidad fuerte o muy fuerte.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos fue todavía más específica: para el período octubre-diciembre asignó una probabilidad del 75% a un evento histórico, capaz de superar la intensidad de los episodios registrados desde 1950 bajo el índice utilizado por el organismo.

Para los cultivos argentinos, El Niño suele asociarse con una mayor disponibilidad de agua y mejores posibilidades de rendimiento en soja y maíz. Pero una señal favorable a escala nacional puede convertirse en una dificultad severa en las zonas que ya llegan con excesos hídricos.

BBVA Research advierte que las lluvias abundantes pueden complicar la infraestructura necesaria para levantar y transportar la cosecha. El beneficio productivo, por lo tanto, dependerá de la distribución de las precipitaciones, la capacidad de drenaje, el estado de los caminos y la posibilidad de ingresar a tiempo con maquinaria.

Rentabilidad e inversión, las condiciones para el próximo salto

El estudio también coloca a los derechos de exportación dentro de la ecuación. Una menor carga tributaria mejora el ingreso recibido por el productor y puede favorecer nuevas inversiones en tecnología, fertilización, genética y manejo.

La relación no es lineal: las decisiones también dependen de los precios internacionales, el tipo de cambio, el costo del crédito y los insumos. Sin embargo, cuando mejora el margen esperado, aumenta la posibilidad de incorporar herramientas que eleven el rendimiento y reduzcan las brechas entre productores y regiones.

El panorama que presenta BBVA combina así una base productiva consolidada con una demanda externa que continuará creciendo. La Argentina duplicó su producción agrícola, construyó posiciones de liderazgo en mercados clave y avanzó en la adopción tecnológica. La próxima etapa exigirá transformar esas fortalezas en más inversión, infraestructura y valor agregado.

El campo seguirá siendo una fuente central de dólares y actividad económica, pero el resultado de 2026/27 no estará definido sólo por el volumen cosechado. También dependerá de cuánto de esa oportunidad pueda convertirse en rentabilidad, desarrollo territorial y capacidad exportadora sostenible.

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