La crecida por El Niño obliga a evacuar miles de animales en el Litoral: la ganadería insular contra reloj
La intensificación del fenómeno climático El Niño puso en jaque a la ganadería de islas del Litoral argentino y disparó un operativo masivo de evacuación de hacienda. Productores de Corrientes y Entre Ríos enfrentan una carrera contra el tiempo para sacar animales antes de que el agua cubra los pastizales.
La dimensión del impacto ya se siente en la economía regional y en la vida de las familias productoras, que deben asumir costos extraordinarios y riesgos sanitarios por el traslado. Según dirigentes rurales locales, entre 20.000 y 25.000 cabezas podrían estar afectadas en las islas de la zona.
Qué está pasando en las islas y por qué importa
La crecida sostenida del Paraná y del Uruguay se alimenta de lluvias en la cuenca alta de Brasil y de aperturas de compuertas en represas como Yacyretá, lo que elevó los niveles de agua en varias localidades ribereñas. Dirigentes y productores advierten que localidades como San Lorenzo, Empedrado, Ituzaingó, Monte Caseros y Paso de los Libres ya registran impactos en costas y carrizales.
En islas como San Martín y Apipé Chico la salida de hacienda se hizo en embarcaciones pequeñas y botes, con permisos especiales y maniobras que en algunos casos implicaron sacar animales maniatados uno por uno. El productor Fabio Terleski describió la operación de rescate de un rodeo de 400 cabezas entre vacas, caballos y hacienda menor, y la utilización de puntos de refugio tradicionales como el llamado “campo de las moscas”.
Logística, costos y la trampa económica de sacar la hacienda
La ganadería insular es, en condiciones normales, más económica: se calcula un promedio de 3 hectáreas por animal y pasturas que valen la mitad que en campo firme, por lo que muchos productores priorizan ese sistema productivo. Al verse expulsados por la creciente, los animales pasan a depender de campos continentales, feedlots o arrendamientos caros, lo que rompe la ecuación económica y encarece el kilo producido.
El transporte por barcaza es uno de los rubros que más encarece la evacuación: los productores estiman tarifas entre 1.000.000 y 1.400.000 pesos por jaula, equivalentes a la capacidad de una barcaza que carga 32 o 34 novillos gordos o 70 terneros chicos. Ese costo, sumado al flete por camión y al personal, puede consumir el valor de varios kilos de carne y hacer antieconómica la finalización del animal fuera de la isla.
Riesgos sanitarios en época de parición
La crecida coincide con el ciclo de parición de muchos rodeos, lo que agrava el cuadro sanitario por el estrés del transporte y el cambio de manejo. Productores relatan pérdidas por baja de peso, partos complicados y mortalidad de crías que se podrían haber evitado con menor estrés y mejores condiciones de traslado.
En algunos lugares ya se evacuaron más de 800 animales, incluidos ovinos y caprinos, con entre 100 a 150 ejemplares de pequeño porte; sin embargo, la angustia aumenta porque hay productores que esperaron hasta último momento y ahora enfrentan mayor complejidad. La decisión de mover o mantener los animales se convierte en un equilibrio entre la economía del rodeo y la supervivencia de las madres y crías durante la parición.
Estrategias que ya aplican los productores
Frente a las alertas por El Niño, algunos productores optaron por reducir ingresos de terneros durante el invierno y por capitalizar parte del rodeo en campos continentales al 50 % para mitigar gastos de arrendamiento. En otras explotaciones se decidió adelantar la salida del grueso del rodeo; por ejemplo, en Goya se evacuaron cerca de 700 novillos hacia zonas más altas.
Las lecciones prácticas incluyen armonizar pronósticos meteorológicos con decisiones de manejo, coordinar transporte fluvial y terrestre, y priorizar animals en mayor riesgo sanitario. La experiencia de 2023, cuando una sequía seguida de una crecida obligó a mover cientos de cabezas y generó costos estimados en alrededor de USD 35.000 a USD 40.000 para casos extremos, refuerza la necesidad de planificación.
Qué pueden esperar el mercado y la cadena productiva
Los técnicos advierten que el río, que actualmente ronda los 4,88 metros, podría llegar a 5 metros y, en escenarios más adversos, a 7 metros manteniéndose alto varios días, lo que prolongaría la interrupción de la producción insular. Esa continuidad en la crecida puede afectar disponibilidad local de oferta de ganado para faena y, en consecuencia, tener efectos en precios y logística en próximas semanas.
Si la situación se mantiene por períodos extendidos, además del impacto directo en productores chicos y medianos, podrían verse tensiones en la cadena de provisión de carne vacuna a nivel regional y en los costos de engorde y terminación. Los mercados suelen ajustar precios y márgenes ante shocks de oferta, por lo que la situación merece seguimiento por parte de compradores, consignatarios y autoridades sanitarias.
Recomendaciones para productores y autoridades
Para productores: priorizar la protección de la parición y la sanidad de madres y crías, coordinar traslados con tiempo, documentar pérdidas y gastos para futuras ayudas y evaluar alternativas como la capitalización parcial en campos continentales. Para reducir riesgos sanitarios se recomiendan planes de vacunación y manejo nutricional antes y después del traslado.
Para autoridades: articular líneas de asistencia financiera y logística, facilitar permisos y transporte fluvial subsidiado, organizar centros temporarios de recepción de hacienda y mejorar los sistemas de alerta temprana vinculados a El Niño y a las decisiones sobre compuertas en represas. La coordinación entre gobiernos provinciales, municipios y operadores hidráulicos resulta clave para minimizar daños.
La crecida ya impacta la vida de familias rurales y la operativa de cientos de establecimientos ganaderos; detrás de las cifras hay historias de esfuerzo y pérdidas que merecen atención. Con pronósticos que siguen siendo adversos, la prioridad es proteger animales y productores mientras se trabaja en medidas de mediano plazo para hacer la ganadería insular más resiliente frente a eventos climáticos extremos.



