Un informe de la firma de simulaciones agronómicas Yieldata concluye que El Niño tiende a impulsar los rendimientos de la soja y el maíz en la mayor parte del país, con efectos que, en promedio, rondan el 10 % sobre la producción por hectárea. El análisis abarcó 42 campañas (1984/85 a 2025/26) y 459 localidades de once provincias, y diferencia 13 campañas con El Niño frente a 29 sin el fenómeno.
El estudio combina un motor de simulación agronómica propio con datos satelitales sobre agua en superficie, en particular la serie Global Surface Water, y especifica que los rindes reportados son estimaciones de modelo y no cosechas registradas. La compañía procesó millones de combinaciones de clima, suelos, cultivos y prácticas de manejo para construir una foto amplia y regionalizada del impacto climático sobre la campaña.
En términos agregados, el rendimiento promedio de la soja pasó de 2.846 a 3.170 kg/ha, un aumento de 324 kg por hectárea, mientras que el maíz subió de 7.134 a 7.856 kg/ha, es decir 722 kg adicionales. Además, en casi nueve de cada diez localidades la respuesta fue positiva: 410 de 459 para soja y 408 para maíz mostraron mejoras superiores al 2 %.
Dónde gana y dónde pierde la soja y el maíz
Las mejoras fueron heterogéneas por provincia, con la zona núcleo como la mayor beneficiaria: Entre Ríos lideró los saltos porcentuales con +28,5 % en soja y +19,5 % en maíz, seguida por Córdoba con +15,4 % y +11,6 % respectivamente. Santa Fe mostró aumentos del 13,1 % en soja y del 15,2 % en maíz, mientras que Buenos Aires registró mejoras de 11,5 % y 8,5 %.
El mapa no es enteramente favorable: en provincias del norte la soja pierde rendimiento durante los episodios de El Niño, con caídas promedio de 6,2 % en Tucumán, 3,5 % en Salta y 2,2 % en Catamarca. Las pérdidas en maíz fueron mucho menos frecuentes, ya que sólo dos localidades —ambas en Santiago del Estero— mostraron caídas superiores al 2 %, según la simulación.
Yieldata también compara campañas extremas y observa que El Niño mejora sobre todo los años malos: en las campañas menos favorables la soja ganó hasta un 21 % (~500 kg/ha) y el maíz un 24 % (~1.465 kg/ha). En cambio, en campañas ya buenas las diferencias entre años con y sin El Niño son menores, lo que sugiere que el fenómeno tiende a acercar hacia arriba la distribución de rindes y a reducir la cola de los peores resultados.
Agua en superficie, cosecha y decisiones prácticas
La presencia de agua en superficie crece a lo largo del ciclo: antes de la siembra (julio-agosto) 50 localidades —el 11 % del total— mostraban exceso de agua, y al momento de la cosecha (mayo) ese número subió a 102 localidades, un 22 %. Santa Fe concentró la mayor parte del agua en cosecha con 58 localidades, mientras que Buenos Aires explicó gran parte del exceso en presiembra con 38 casos.
Al considerar ambas etapas, el estudio identifica 144 localidades —casi un tercio de las analizadas— con mayor presencia de agua en superficie bajo El Niño, una condición que puede complicar el ingreso de maquinarias, demorar la cosecha y elevar costos logísticos. Los autores advierten que, aunque la humedad favorece el crecimiento del cultivo, el exceso en la ventana de cosecha puede generar pérdidas de calidad, dificultades operativas y mayor demanda de servicios especializados.
Para productores y operadores del sector, la lección práctica es doble: aprovechar la mayor productividad potencial y prepararse para los riesgos de manejo y logística. Acciones concretas incluyen priorizar el monitoreo satelital y de pronósticos, revisar obras de drenaje y caminos, planificar alternativas de maquinaria y contratos de cosecha y evaluar coberturas de riesgo y estrategias comerciales ante mayor volumen.
En términos de mercado y políticas, una campaña más productiva en la zona núcleo puede aportar oferta adicional y presión sobre precios internacionales, pero la heterogeneidad regional y los cuellos de botella logísticos condicionarán el efecto neto. El desafío para el sector y los gobiernos es traducir la oportunidad de rindes mayores en respuestas de infraestructura y servicios que mitiguen los costos de cosecha y garanticen que la producción adicional llegue a puerto.



