Contratistas rurales y empresas de servicios agropecuarios lideran la demanda, mientras que cada vez más productores medianos y grandes incorporan drones propios como parte de su esquema tecnológico. El crecimiento del parque de equipos y su valor —entre 20.000 y 60.000 dólares, según fabricantes y operadores— explican la necesidad de coberturas que vayan más allá de lo tradicional.
Un mercado en expansión y nuevos perfiles de riesgo
La incorporación de vehículos aéreos no tripulados (UAV) en el agro argentino dejó de ser una propuesta experimental para convertirse en una herramienta de trabajo cotidiano. “Hoy permiten optimizar aplicaciones, reducir costos operativos, generar información de precisión y mejorar la eficiencia de las decisiones productivas”, afirmó María de los Ángeles Ducret, coordinadora de Rus Agro, en diálogo con este medio. Según Ducret, la compañía fue de las primeras en desarrollar coberturas específicas para este segmento y hoy registra un aumento sostenido en consultas y pólizas.
A nivel operativo, los principales clientes de las aseguradoras son los contratistas especializados en aplicaciones agrícolas y las empresas de servicios agropecuarios que prestan sesiones de fumigación y relevamientos. Sin embargo, la tenencia directa de drones por parte de productores está en aumento. El valor económico de los equipos, su papel como activos productivos y la dependencia de la operación —especialmente en épocas críticas de campaña— motivan la contratación de pólizas que cubran desde daños por accidente hasta robos y responsabilidad civil por daños a terceros.
Fuentes de la industria señalan que el abanico de modelos en el mercado es cada vez más amplio: existen desde plataformas más económicas destinadas al mapeo y monitoreo hasta equipos de mayor capacidad para pulverización con tanques y sistemas avanzados de navegación y autopiloto. Esa diversidad se traduce en pólizas con sumas aseguradas y coberturas diseñadas a medida.
Coberturas disponibles, riesgos específicos y marco regulatorio
Las coberturas más demandadas incluyen la denominada “casco” (hull), que protege al dron frente a daños materiales, accidentes e incendio; y la responsabilidad civil, que responde por daños a terceros —por ejemplo, por la deriva de aplicaciones químicas— durante la operación. Algunas aseguradoras ya ofertan además soluciones integrales que combinan ambas coberturas y contemplan modalidades de uso (contratista vs. uso propio), ubicación geográfica y rangos de operación.
Los riesgos técnicos y operativos que enfrentan los drones agrícolas son diversos: fallas en la plataforma, colisión con obstáculos, errores humanos en la operación, condiciones meteorológicas adversas y sustracción del equipo. A esto se suman riesgos reputacionales y regulatorios cuando las aplicaciones involucran productos fitosanitarios. La deriva de agroquímicos es una preocupación recurrente que obliga a los operadores a contar con protocolos de vuelo y aplicación, y en muchos casos con pólizas que cubran específicamente ese tipo de eventualidades.
En materia normativa, la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) regula el uso de aeronaves no tripuladas en Argentina. Los operadores deben cumplir requisitos de registro, habilitación y, en determinados casos, someter las operaciones a autorizaciones específicas, especialmente cuando los vuelos se realizan fuera del alcance visual o en proximidad de aeropuertos y zonas pobladas. Además, organismos técnicos como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y organismos sanitarios inciden en prácticas recomendadas para la aplicación de productos fitosanitarios desde plataformas aéreas.
A escala internacional, organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han publicado guías y análisis sobre buenas prácticas en el uso de UAV para la agricultura, subrayando la importancia de la capacitación de operadores y la gestión del riesgo ambiental y de salud. Estas recomendaciones se incorporan cada vez más a las exigencias contractuales y de asegurabilidad que evalúan las compañías.
Tendencias de mercado y perspectivas tecnológicas
El mercado global de drones agrícolas muestra proyecciones de crecimiento sostenido, impulsado por la mayor adopción de agricultura de precisión, la integración de sensores multiespectrales y el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial para el análisis de datos. Diversos informes de mercado prevén un crecimiento interanual de dos dígitos en la demanda de equipos y servicios, lo que abre oportunidades tanto para fabricantes como para aseguradoras que diseñen productos adaptados a diferentes usos y escalas.
La aplicación de inteligencia artificial y machine learning se proyecta como un factor que aumentará la autonomía y capacidad predictiva de los drones: desde la detección temprana de enfermedades y plagas hasta la automatización de misiones de pulverización con rutas optimizadas y controles de deriva más precisos. Según especialistas del sector tecnológico, estas mejoras pueden reducir la frecuencia de incidentes operativos pero elevarán el valor intrínseco de los equipos, al incorporar software y sensores avanzados que también deberán ser considerados por las pólizas.
Para el mercado asegurador, la innovación plantea retos y oportunidades. Por un lado, la fragmentación del riesgo —entre fabricante, proveedor de servicios y operador— requiere pólizas claras que delimiten responsabilidades. Por otro, la disponibilidad de datos de vuelo y telemetría facilita la evaluación del riesgo y la oferta de productos paramétricos o basados en telemetría que ajusten primas en función del comportamiento del operador y del uso real del equipo.
La percepción del seguro entre los productores está cambiando. Más allá del tradicional seguro de granizo, que sigue siendo la principal herramienta de cobertura en el campo argentino, crece la conciencia sobre la necesidad de proteger maquinaria, instalaciones y bienes tecnológicos. “Hoy el seguro ya no es visto únicamente como una obligación o un gasto, sino como una herramienta de gestión que contribuye a la sustentabilidad económica y financiera de la empresa agropecuaria”, señaló Ducret.
Tanto aseguradoras como operadores destacan la importancia de la capacitación y de la implementación de protocolos de operación y mantenimiento. Cursos de pilotaje, simulacros y registros de mantenimiento no solo reducen la siniestralidad sino que también pueden derivar en mejores condiciones de aseguramiento y primas más competitivas.
La evolución tecnológica también incide en la oferta: hay una tendencia a incluir cláusulas específicas sobre el software embarcado, actualizaciones, y la interoperabilidad de sensores; y a valorar el riesgo asociado al almacenamiento de datos y la ciberseguridad, especialmente cuando la gestión del equipo depende de plataformas en la nube.
La expansión del uso de drones en el agro argentino configura un escenario en el que convergen innovación tecnológica, cambios en la gestión de riesgos y adaptación regulatoria. A medida que crece la escala de adopción y se consolidan prácticas estandarizadas de operación y aseguramiento, el sector asegurador y los usuarios del agro buscan modelos de cobertura que permitan operar con continuidad y proteger inversiones que ya forman parte central del activo productivo.


