La expansión de la agricultura forrajera en Argentina se acelera en paralelo con un crecimiento sostenido de la ganadería, impulsando una ola de inversiones en maquinaria y tecnología agropecuaria. Este fenómeno no solo modifica la demanda de equipos, sino que pone en discusión la capacidad del país para sostener sistemas productivos más intensivos y eficientes.
Según la Cámara Argentina de Contratistas Forrajeros (CACF), la superficie destinada a la producción de forrajes crecerá entre 150.000 y 200.000 hectáreas respecto de la campaña previa, pasando de 2.000.000 a 2.200.000 hectáreas, un aumento cercano al 10 %. Ese salto refleja tanto una mayor siembra como expectativas de mejor rendimiento, en un contexto de precios relativos y demanda interna favorables para la carne y la leche.
El mapa de cultivos forrajeros muestra que el maíz sigue siendo el cultivo predominante, con una participación estimada entre el 65 % y 70 % de la superficie destinada a forrajes, mientras que el sorgo ocupa entre el 20 % y 25 %. El resto se reparte entre alfalfa y cultivos de invierno como avena, cebada, trigo o vicia, cuya presencia varía según la región y la disponibilidad de agua.
Para la conducción de la CACF, este crecimiento responde a la necesidad de sostener sistemas ganaderos cada vez más intensivos y eficientes, que demandan mayor oferta y calidad de forraje. “La base forrajera es fundamental para este sistema de alta producción; vamos a aprovechar este buen momento que atraviesa la ganadería”, afirmó el presidente de la entidad, Toldo.
La recuperación del mercado de maquinaria es otro dato central: tras años de restricciones que complicaron el ingreso de equipos e insumos, las ventas de maquinaria forrajera mostraron una fuerte recuperación en el último período. Operadores del mercado señalan que las ventas de equipos se multiplicaron por más de cuatro respecto del piso registrado durante los años de mayores trabas.
Recuperación de la maquinaria y foco en la tecnología
Las inversiones se concentran en picadoras autopropulsadas, el corazón del trabajo de los contratistas forrajeros, aunque también crecieron las compras de embutidoras para el almacenamiento de silajes y equipos complementarios. Además, la industria nacional logró sostener una oferta competitiva que acompañó el proceso de renovación de parques que había quedado postergado.
La incorporación de sistemas de telemetría, monitoreo y medición en tiempo real es considerada clave por la CACF para mejorar la eficiencia de la confección de forrajes, reducir pérdidas y garantizar una alimentación de mayor calidad para rodeos cada vez más intensivos. Sin embargo, la entidad advierte que el proceso sigue incompleto: la competencia reducida y el costo financiero continúan siendo limitantes para completar la actualización tecnológica.
En la Argentina operan alrededor de 500 empresas contratistas dedicadas al corte y confección de forrajes, aunque la cantidad de máquinas es superior porque muchas firmas cuentan con más de un equipo. Aproximadamente la mitad de esas empresas integran la entidad, que considera la modernización del parque como un eje determinante para acompañar la expansión ganadera.
Para avanzar en esos objetivos, la CACF organizará en agosto el Segundo Congreso Argentino de Forrajes, un encuentro que reunirá a productores, contratistas, asesores, empresas y especialistas nacionales e internacionales para analizar innovaciones tecnológicas y desafíos productivos. El evento busca consolidar herramientas y políticas que faciliten el acceso a tecnología y financiamiento blando para mantener el ritmo de inversión.
La importancia de este proceso trasciende la maquinaria: al mejorar la oferta y calidad de forrajes se sostiene la productividad ganadera, se reducen pérdidas y se optimiza el uso de recursos. Si se robustecen las líneas de financiamiento y se mantiene la disponibilidad de equipos, el sector podría consolidar una etapa de crecimiento que impacte en la competitividad y la seguridad alimentaria del país.



