La explotación familiar Caytiba SA administra 4100 hectáreas en el sudeste cordobés, de las cuales 3500 son agrícolas y 600 destinadas a ganadería.
La frase de su socia, Verónica Ballario —“Enterramos dólares y le damos un 30 % de la cosecha al Estado”— resume la tensión entre producción y presión fiscal que observan cada campaña.
Producir con el Estado como “socio”
Ingeniera agrónoma formada en Zavalla, Ballario trabaja en la empresa familiar desde 1997 y representa a la cuarta generación de un proyecto que comenzó cuando su bisabuelo llegó desde Italia.
Su diagnóstico no es retórica: refleja una economía agrícola donde las retenciones y los costos operativos reducen consistentemente el margen entre rinde y resultado neto.
En este contexto, la alfalfa de la explotación es uno de los cultivos más discutidos por su sensibilidad al agua disponible y a las heladas tardías.
Esa variabilidad técnica obliga a la empresa a ajustar decisiones cada campaña y a comparar alternativas de manejo para mejorar la resiliencia productiva.
Un modelo mixto en la zona núcleo
La base del sistema de Caytiba es la siembra directa y la rotación de cultivos, con maíz, soja y trigo como ejes de renta y la integración de bovinos Angus en lotes menos rentables.
Esa estrategia busca combinar rentabilidad a corto plazo con mantenimiento de suelo y reducción de riesgos climáticos y fitosanitarios.
La Regional Aapresid en la zona propone distintos esquemas de rotación y experimentación para mejorar resultados y mitigar enfermedades.
Durante la Gira internacional se evaluaron ensayos y prácticas locales con miras a adaptar recomendaciones a realidades de campo y a la presión sanitaria.
- Rotación tradicional: maíz, soja de primera y trigo (o soja de segunda) en tres años.
- Rotación intensiva: ciclo de dos años alternando maíz, trigo y soja de segunda.
- Rotación con cultivo de servicio: incluye leguminosas para fijación biológica de nitrógeno antes de la soja de primera.
En los lotes de ensayo se prueban respuestas a fungicidas frente a enfermedades como royas, manchas y fusariosis que aparecen entre agosto y septiembre.
Allí conviven parcelas con 20 variedades de trigo distribuidas por ciclos largos e intermedios para comparar rendimiento y calidad.
Innovación y dudas: biológicos y manejo
Desde hace dos campañas la empresa forma parte de la Red de Biológicos de Aapresid, aunque los resultados que obtienen los técnicos locales fueron calificados como “erráticos”.
A pesar de la incertidumbre, mantienen las pruebas porque buscan reducir insumos químicos y mejorar la sustentabilidad productiva.
Además de la experimentación técnica, la toma de decisiones en Caytiba incluye la mirada de un equipo que integra un ingeniero agrónomo, un veterinario y especialistas de cooperativas locales.
Esa estructura profesional complementa la conducción familiar y ayuda a sostener protocolos de manejo frente a fluctuaciones de clima y mercado.
La brecha que separa generaciones
La gestión recae principalmente en Verónica y su sobrino Gerónimo, miembros de la cuarta generación, mientras otros cuatro primos participan con unidades productivas menores.
La convivencia entre experiencias acumuladas y una nueva camada de operadores revela diferencias en la adopción tecnológica y en la percepción del riesgo.
Verónica afirma que a los productores de 56 años les cuesta más asumir nuevas tecnologías que a quienes tienen 30 años, una tensión que influye en la velocidad de modernización.
Al mismo tiempo reconoce que la cultura del miedo que generan fracasos previos puede frenar decisiones y que el desafío es convertir esa experiencia en aprendizaje sin paralizar el negocio.
El caso de Caytiba sintetiza cómo la presión fiscal, la volatilidad climática y las decisiones familiares moldean la rentabilidad real de la agricultura argentina.
Entender estas tensiones es clave para diseñar políticas públicas y prácticas técnicas que mejoren la viabilidad de los modelos mixtos en la zona núcleo.



