Productores advierten que producir bien no alcanza por retenciones que implican perder 30% de cosecha

Verónica Ballario hace casi tres décadas que trabaja en Caytiba, la empresa familiar que llegó de Italia con su bisabuelo. Hoy enfrenta el mismo desafío que atraviesa buena parte del campo argentino: producir bien no siempre alcanza para que la ecuación cierre.

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La explotación familiar Caytiba SA administra 4100 hectáreas en el sudeste cordobés, de las cuales 3500 son agrícolas y 600 destinadas a ganadería.
La frase de su socia, Verónica Ballario —“Enterramos dólares y le damos un 30 % de la cosecha al Estado”— resume la tensión entre producción y presión fiscal que observan cada campaña.

Producir con el Estado como “socio”

Ingeniera agrónoma formada en Zavalla, Ballario trabaja en la empresa familiar desde 1997 y representa a la cuarta generación de un proyecto que comenzó cuando su bisabuelo llegó desde Italia.
Su diagnóstico no es retórica: refleja una economía agrícola donde las retenciones y los costos operativos reducen consistentemente el margen entre rinde y resultado neto.

En este contexto, la alfalfa de la explotación es uno de los cultivos más discutidos por su sensibilidad al agua disponible y a las heladas tardías.
Esa variabilidad técnica obliga a la empresa a ajustar decisiones cada campaña y a comparar alternativas de manejo para mejorar la resiliencia productiva.

Un modelo mixto en la zona núcleo

La base del sistema de Caytiba es la siembra directa y la rotación de cultivos, con maíz, soja y trigo como ejes de renta y la integración de bovinos Angus en lotes menos rentables.
Esa estrategia busca combinar rentabilidad a corto plazo con mantenimiento de suelo y reducción de riesgos climáticos y fitosanitarios.

La Regional Aapresid en la zona propone distintos esquemas de rotación y experimentación para mejorar resultados y mitigar enfermedades.
Durante la Gira internacional se evaluaron ensayos y prácticas locales con miras a adaptar recomendaciones a realidades de campo y a la presión sanitaria.

  • Rotación tradicional: maíz, soja de primera y trigo (o soja de segunda) en tres años.
  • Rotación intensiva: ciclo de dos años alternando maíz, trigo y soja de segunda.
  • Rotación con cultivo de servicio: incluye leguminosas para fijación biológica de nitrógeno antes de la soja de primera.

En los lotes de ensayo se prueban respuestas a fungicidas frente a enfermedades como royas, manchas y fusariosis que aparecen entre agosto y septiembre.
Allí conviven parcelas con 20 variedades de trigo distribuidas por ciclos largos e intermedios para comparar rendimiento y calidad.

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Innovación y dudas: biológicos y manejo

Desde hace dos campañas la empresa forma parte de la Red de Biológicos de Aapresid, aunque los resultados que obtienen los técnicos locales fueron calificados como “erráticos”.
A pesar de la incertidumbre, mantienen las pruebas porque buscan reducir insumos químicos y mejorar la sustentabilidad productiva.

Además de la experimentación técnica, la toma de decisiones en Caytiba incluye la mirada de un equipo que integra un ingeniero agrónomo, un veterinario y especialistas de cooperativas locales.
Esa estructura profesional complementa la conducción familiar y ayuda a sostener protocolos de manejo frente a fluctuaciones de clima y mercado.

La brecha que separa generaciones

La gestión recae principalmente en Verónica y su sobrino Gerónimo, miembros de la cuarta generación, mientras otros cuatro primos participan con unidades productivas menores.
La convivencia entre experiencias acumuladas y una nueva camada de operadores revela diferencias en la adopción tecnológica y en la percepción del riesgo.

Verónica afirma que a los productores de 56 años les cuesta más asumir nuevas tecnologías que a quienes tienen 30 años, una tensión que influye en la velocidad de modernización.
Al mismo tiempo reconoce que la cultura del miedo que generan fracasos previos puede frenar decisiones y que el desafío es convertir esa experiencia en aprendizaje sin paralizar el negocio.

El caso de Caytiba sintetiza cómo la presión fiscal, la volatilidad climática y las decisiones familiares moldean la rentabilidad real de la agricultura argentina.
Entender estas tensiones es clave para diseñar políticas públicas y prácticas técnicas que mejoren la viabilidad de los modelos mixtos en la zona núcleo.

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