Ercole Felippa encarna una de las voces más influyentes de la industria láctea argentina por su trayectoria como líder de la cooperativa Manfrey y presidente del Centro de la Industria Lechera (CIL). Su historial incluye la presidencia de la Unión Industrial de Córdoba (UIC), una experiencia política como candidato a gobernador por el PRO y su actual rol como vicepresidente del Banco de Córdoba (Bancor).
En una reciente entrevista en Radio Continental Córdoba, Felippa advirtió que la presión impositiva es la principal “espada de Damocles” que condiciona la viabilidad de tambos e industrias lácteas. Esa declaración resume por qué la lechería vuelve a estar en el centro del debate económico y rural del país.
Producción en alza, pero rentabilidad en jaque
Los datos oficiales muestran un crecimiento en volumen: un aumento del 4,1 % en el ordeño y un récord en sólidos útiles que subieron a 7,39 %, según la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. Sin embargo, Felippa subraya que esos indicadores macro no alcanzan para ocultar que muchos productores primarios operan con rentabilidades ajustadas o negativas.
La relación insumo-producto con el maíz y la soja se presenta favorable, pero el sector sufre un incremento sostenido de otros costos operativos que licúan esa ventaja. El diagnóstico es claro: el crecimiento en litros y calidad no se traduce automáticamente en mejora de ingresos para los tambos.
Felippa recupera el concepto de competitividad sistémica para explicar por qué una devaluación por sí sola no resuelve los problemas estructurales. Un dólar alto tendría un impacto efímero si no se actúa sobre logística, costos internos y marco regulatorio que afectan la cadena.
Desde Manfrey, la conducción de Felippa insiste en que no se debe esperar que la mejora provenga únicamente de variables externas como el tipo de cambio o saltos de precios. La propuesta combina acciones dentro de los establecimientos y gestión gremial para modificar los factores “puertas afuera” que encarecen la actividad.
Impuestos: cuánto pesan en los precios y salarios
Un estudio encargado por el CIL revela que en productos de exportación entre el 6 % y 7 % del valor final corresponde a impuestos acumulados en la cadena. En góndola, de cada $100 que paga el consumidor por un lácteo, $40 son impuestos, y de esos $40 la mitad la recauda el Estado Nacional y la otra mitad provincias y municipios.
La eliminación de las retenciones a la leche en polvo fue celebrada por el sector, pero la ausencia simultánea de reintegros complica la competitividad exportadora. Felippa explica que los reintegros no son subsidios sino restituciones del impuesto acumulado para facilitar la exportación, y reclama su restablecimiento.
La fiscalidad territorial también preocupa por su proliferación de tasas locales, incluso por supuestos conceptos curiosos como “impacto visual” cuando circulan camiones con logos. Aunque el sector ganó fallos en la Corte Suprema, la multiplicación de tributos municipales sigue siendo un freno y un llamado a una reforma de coparticipación histórica.
El estudio del CIL aporta una radiografía social del esquema fiscal: por cada $100 que le cuesta a un empleador la masa salarial de un operario, ese trabajador cobra apenas $58 en mano. Además, cuando ese trabajador compra en el supermercado, el 40 % de lo que paga vuelve a conformar carga impositiva en la cadena de consumo.
Informalidad y soluciones necesarias
Para Felippa, la complejidad tributaria facilita la evasión y alienta la informalidad, generando competencia desleal y distorsiones profundas en el mercado lácteo. La solución de fondo, según su análisis, pasa por un sistema con menos impuestos, más simples y universalmente fiscalizables, donde todos paguen lo que corresponde.
El planteo del dirigente apunta a tres ejes concretos: restablecer reintegros a exportaciones, reducir la carga impositiva que llega hasta el consumidor y acordar un nuevo régimen de coparticipación que contemple realidades provinciales heterogéneas. Sin esos cambios, advierte Felippa, la lechería corre el riesgo de crecer en litros pero retroceder en sustentabilidad económica y empleo.
En un país donde la industria láctea sigue siendo generadora de mano de obra, la combinación de políticas macroeconómicas ordenadas y reformas microeconómicas activas es imprescindible. El reclamo del sector no es por privilegios sino por reglas más simples y previsibles que permitan invertir, exportar y mantener empleo formal.


