Conflicto entre Atlántico y Pacífico condiciona impacto del fenómeno El Niño en las lluvias argentinas

El especialista en clima de la Bolsa de Rosario, Alfredo Elorriaga, afirma que, pese a la fuerte intensidad del fenómeno El Niño, otros factores atmosféricos siguen morigerando su impacto en nuestro país y las lluvias inicialmente previstas no serían tan intensas.

El Niño llegó a su pico pero su impacto en Argentina sigue siendo moderado

El fenómeno de calentamiento del Océano Pacífico ya transita su etapa de mayor intensidad, pero su efecto sobre las lluvias en Argentina se mantiene más acotado de lo previsto.

Esta moderación responde a una combinación de factores oceánicos y atmosféricos que limitan el ingreso de humedad hacia la región central y afectan directamente la producción agrícola.

¿Qué pasa con El Niño en Argentina?

Las proyecciones originales que anticipaban acumulados extraordinarios para noviembre y diciembre comenzaron a revisarse a la baja ante la evidencia reciente.

El consultor climático de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario, Alfredo Elorriaga, explica que estamos frente a un El Niño fuerte que, sin embargo, muestra una trayectoria de debilitamiento más rápida de la esperada.

Hace dos meses los escenarios para la región central apuntaban a lluvias muy superiores a la media, con aumentos del 70 % para noviembre y del 90 % para diciembre.

Además, el informe de la NOAA del 2 de noviembre registró una anomalía en la región 3.4 de 2,5°C, un dato que llamó la atención aunque ahora las proyecciones se ajustan a la baja.

El Niño intenso, pero con impacto moderado

Elorriaga subraya que la magnitud del calentamiento oceánico no es suficiente para definir el impacto: es clave la interacción con la atmósfera.

Por eso, pese a la mancha de calentamiento en el Pacífico, Argentina aún no mostró el salto en precipitaciones que muchos esperaban para el verano.

En octubre se observó un efecto hidrológico notable por aportes de cuencas externas, pero el impacto meteorológico mensual sobre gran parte del país fue limitado.

Esto se traduce en montos acumulados que, comparados con las medias históricas, no resultaron en un cambio generalizado y homogéneo en las lluvias.

Factores que siguen condicionando a El Niño

Varios forzantes regionales han intervenido en los últimos meses y moderaron la influencia del Pacífico sobre la zona pampeana.

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Entre ellos figura una circulación fría de origen polar que ingresó desde la Patagonia y condicionó el avance de la humedad hacia el centro del país.

Otro elemento clave es el comportamiento del Atlántico Sur, donde se observó una anomalía fría que, según las proyecciones de GEA, podría persistir hasta fin de año.

También incidió un centro de baja presión sobre Chile que potenció la advección de aire frío desde la cordillera con impacto marcado en Neuquén y Mendoza.

En las últimas semanas un centro de alta presión en altura modificó la circulación y favoreció precipitación en el centro de la provincia de Buenos Aires.

Estas combinaciones explican por qué localidades como Santa Fe y Córdoba quedaron por debajo de sus promedios, mientras que La Pampa, Neuquén, Mendoza y el noreste del país recibieron acumulados superiores.

El Niño “se aleja de los valores extraordinarios”

Las proyecciones de intensidad comenzaron a corregirse: ya no se sostienen estimaciones públicas que superaban los 4°C de anomalía oceánica y ahora se espera una caída en noviembre.

Elorriaga apunta que la curva proyectada del episodio actual se asemeja mucho a la del ciclo 2015/16, con una tendencia descendente durante el trimestre octubre-noviembre-diciembre.

Al comparar índices históricos, el especialista consignó valores de referencia: RONI de 2,4 en 1982 y RONI de 2,3 en 1993 y 2016, frente a un RONI actual cercano a 2.

Del mismo modo, el ONI trimestral que en 2015/16 alcanzó 2,6 para noviembre-diciembre-enero hoy aparece próximo a 2,5 en las estimaciones más recientes.

Qué puede pasar en noviembre y diciembre

El ajuste en la proyección obliga a revisar los escenarios de precipitación: ahora se considera más probable un exceso por encima de lo normal, pero sin llegar a los picos anteriormente planteados.

Elorriaga evita dar porcentajes concretos y plantea una tendencia general hacia acumulados superiores a la media pero con menor probabilidad de excesos extraordinarios.

Es clave entender que los primeros modelos que proyectaron aumentos drásticos solo consideraban la influencia de un Niño muy fuerte y omitían otros forzantes regionales.

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Esos forzantes —los descritos por GEA— terminaron imponiéndose en septiembre y octubre, cambiando la expectativa sobre la distribución de lluvias.

El momento más “crítico”

Un punto central para el agro es el momento en que podrían darse las lluvias superiores a lo normal, ya que esto define riesgos operativos y de rendimiento.

Los modelos sugieren que, si bien las lluvias estivales tenderían a superar las medias, el debilitamiento rápido del Niño podría evitar aportes adicionales de humedad durante la cosecha.

Eso implicaría menos probabilidad de excesos en marzo y abril durante la trilla, a diferencia del episodio de 2016 que sí complicó las labores de cosecha.

Sin embargo, las lluvias acompañarían etapas clave para la definición de rindes: podrían ser favorables para el maíz temprano en diciembre y para la soja en febrero.

La conclusión es que, aunque el Niño está instalado y es por lo menos fuerte, su efecto sobre Argentina dependerá de la interacción con otros factores y de la dinámica atmosférica.

Productores, técnicos y la cadena agroindustrial deben seguir de cerca las actualizaciones de los modelos y los informes oficiales para ajustar decisiones operativas y comerciales.

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