El maíz llega a la siembra con un ajuste: 600.000 hectáreas menos por los altos costos y la chicharrita
La primera estimación nacional de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario muestra un recorte en la intención de siembra de maíz para la campaña 2026/27. Los datos marcan una caída que contrasta con el recuerdo del récord alcanzado la campaña pasada.
Según la GEA, el área destinada al maíz caería un 7,3 % respecto del ciclo anterior y equivaldría a unas 600.000 hectáreas menos. Aun así, las proyectadas 10,4 millones de hectáreas seguirían siendo la segunda mayor superficie histórica del cultivo en Argentina.
Por qué podría reducirse la siembra
La caída en la intención de siembra responde sobre todo a una ecuación económica que se volvió más compleja para muchas regiones productoras. Los costos de producción, el aumento de fletes y las medidas sanitarias frente a la plaga están empujando a los productores a replantear la siembra.
En el norte argentino, la GEA calcula desembolsos relevantes por manejo de plagas, con estimaciones cercanas a los USD 55 por hectárea para cinco aplicaciones contra la chicharrita. A ese costo se suman fletes elevados en zonas alejadas de puertos y la falta de mercados cercanos, lo que erosiona la rentabilidad del cultivo.
La chicharrita vuelve a condicionar decisiones
La plaga dejó de ser un problema exclusivamente técnico y se transformó en una barrera económica que afecta la viabilidad del maíz en sectores clave. Productores y asesores admiten que, aunque hoy se conocen mejores estrategias de manejo, el costo de implementarlas reduce la adopción generalizada.
La GEA estima que la enfermedad provocó una pérdida cercana a las 2 millones de toneladas de maíz en la campaña 2025/26, lo que limitó el potencial productivo pese a la expansión de área. A nivel regional, mientras Córdoba mantendría una intención de siembra similar, el norte podría sufrir recortes y el centro-sur de Santa Fe mostraría expectativas de sostener o ampliar superficie.

En Buenos Aires, en tanto, los excesos hídricos y las napas altas amenazan con dejar lotes fuera de la campaña si la humedad persiste. Esa combinación de riesgos climáticos y económicos complica la decisión de cuánto potencial hídrico finalmente se traduce en hectáreas sembradas.
El récord de la campaña 2025/26 y la foto actual
La campaña 2025/26 había dejado un registro histórico: la superficie alcanzó las 11 millones de hectáreas, un crecimiento del 33 % frente al ciclo anterior impulsado por Córdoba y provincias del norte. Además, por primera vez la producción superó la barrera de los 70 millones de toneladas.
Pese a ese récord, la proyección para 2026/27 muestra una moderación: la BCR estima una producción cercana a los 66 millones de toneladas bajo un escenario climático normal y con alrededor de 8,7 millones de hectáreas destinadas específicamente a grano. El dato climático ayuda —los perfiles arrancan con reservas de humedad y se anticipan lluvias por un fenómeno El Niño fuerte—, pero la ecuación económica será la que defina la superficie final.

Cosecha tardía: humedad, pérdidas y logística
La campaña vieja mantiene tareas pendientes en la cosecha tardía, afectada por un julio húmedo y cálido que frenó las labores y dejó el avance en torno al 75 %. Además, fuertes ráfagas provocaron vuelcos en varias regiones y en zonas de Chaco se registraron lotes con hasta un 40 % de plantas tumbadas.
El crecimiento del área maicera expuso limitaciones logísticas, especialmente en La Pampa, donde la infraestructura no acompañó la expansión y falta capacidad de secado. Técnicos y operadores describen una cosecha que se volvió una carrera contra el deterioro del grano y la debilidad de las cañas.

Aun con el ajuste proyectado, el maíz conserva un rol central en la agricultura argentina y sigue siendo clave en la rotación y la oferta exportable. Las 600.000 hectáreas que podrían quedar fuera de la siembra reflejan que hoy pesan más que antes los costos, los fletes y el manejo sanitario en la decisión productiva.
La campaña 2026/27 comenzará a definirse en las próximas semanas, cuando la combinación entre condiciones climáticas favorables y señales de mercado marque si el maíz recupera impulso o se consolida el recorte de superficie. Para los productores, la clave estará en equilibrar riesgos agronómicos y económicos para decidir si el potencial hídrico termina en el surco.



