Un análisis de 12 campañas agrícolas en el centro-norte de Córdoba revela cómo la variabilidad climática condicionada por El Niño y La Niña afecta el rendimiento del trigo cultivado en secano.
Este estudio, que combina ensayos de campo con datos regionales y potenciales, ofrece pistas útiles para productores que buscan reducir la brecha entre lo que cosechan y lo que podrían lograr.
La investigación incluyó trigos de ciclo corto y largo sembrados en dos ventanas: fines de abril-mediados de mayo y fines de mayo-principios de junio, a una densidad de 200 semillas viables por metro cuadrado.
Se midieron rendimiento en grano, fecha de espigazón, humedad útil en el suelo al inicio del cultivo y precipitaciones durante el ciclo y el período crítico (agosto-septiembre).
Las fuentes consultadas incluyen el Climate Prediction Center de la NOAA, el Atlas de brechas de rendimiento y el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba.
Los períodos analizados van de 2014 a 2025 y cada barbecho estival y ciclo de cultivo se clasificó como Niño, Niña o Neutro para relacionar fenómenos climáticos con resultados productivos.
El comportamiento promedio mostró que un barbecho estival marcado por El Niño se asocia con mayores reservas de agua del suelo y mejores rendimientos, con un promedio de 2.870 kg/ha.
En contraste, los promedios en años Niña y Neutro fueron de 2.513 kg/ha y 2.486 kg/ha respectivamente, aunque existen excepciones año a año.
Efectos de El Niño y La Niña en el trigo de secano
En la caracterización del barbecho estival (enero-abril) las 12 campañas se repartieron en cinco años con predominio de El Niño, tres con La Niña y cuatro neutros, lo que muestra variabilidad interanual importante.
Sin embargo, cuando se consideró el período de cultivo (mayo-octubre) fueron pocas las campañas con Niño durante la implantación del trigo, reafirmando que la fase ENSO influye de distinta manera según la ventana estacional.
Las cifras de agua y rendimiento muestran la complejidad del vínculo: el agua útil promedio al momento de la siembra fue de 225,8 mm, la precipitación media del ciclo fue de 146,3 mm y en el período crítico se registraron 57,7 mm.
Aun así, campañas atípicas como la Niña de 2022 reportaron 202,7 mm de agua útil y un rendimiento promedio de 3.169 kg/ha, lo que demuestra que ENSO no es el único factor determinante.
Brecha de rendimiento y prácticas de manejo
Al comparar resultados experimentales con los valores regionales y potenciales, el rendimiento del Campo Escuela fue 17,1 % superior al regional pero quedó 55,7 % por debajo del potencial, revelando una brecha productiva significativa.
Cerrar una diferencia superior al 50 % exige combinar medidas de manejo adaptadas al secano y al entorno climático local en lugar de confiar solo en pronósticos estacionales.
El ciclo del cultivar y la fecha de siembra incidieron en forma clara: los cultivares de ciclo corto promediaron 2.723 kg/ha frente a 2.457 kg/ha en los de ciclo largo, y la primera fecha de siembra rindió en promedio 2.655 kg/ha versus 2.504 kg/ha en la segunda.
La combinación más débil fue sembrar un cultivar de ciclo largo en la segunda ventana, mientras que los ciclos cortos mostraron mejor performance en ambas fechas, lo que orienta la selección varietal y la programación de siembras.
Entre las prácticas aplicadas para achicar brechas, la elección de cultivar y fecha de siembra fue la que mostró mayor impacto en estas pruebas de secano.
Otras medidas pendientes de evaluar a mayor escala son ajustar la densidad de siembra y la fertilización nitrogenada, ya que en cuatro campañas con aplicación de urea al voleo no se registró una diferencia consistente de rendimiento (2.929 kg/ha fertilizado vs 3.007 kg/ha no fertilizado).
Los autores recomiendan mantener una densidad cercana a 200 semillas viables por metro cuadrado y priorizar cultivares de ciclo corto o corto-intermedio sembrados durante el segundo decanato de mayo.
Esa “bala de plata” de manejo propone maximizar el uso de agua almacenada y reducir riesgos sin depender exclusivamente de insumos cuando la variabilidad climática es alta.
Más allá de cifras y promedios, el mensaje para el productor es claro: ajustar elección de cultivar y ventana de siembra puede recortar parte importante de la brecha de rendimiento.
La combinación de ensayos locales, seguimiento climático y extensión técnica será clave para transformar esos hallazgos en decisiones rentables y resilientes frente a la incertidumbre climática.
Como decía Eduardo Galeano, la utopía sirve para caminar, y en este caso la utopía es acercarse al rendimiento potencial mediante prácticas concretas y probadas.
La evidencia local compilada por la FCA‐UNC y las series climáticas internacionales dan una hoja de ruta práctica para que esa caminata sea más segura y productiva.


