Las cotizaciones internacionales de la urea, fertilizante clave para la nutrición del trigo, han retrocedido desde los picos marcados tras el conflicto armado en Medio Oriente, pasando de alrededor de U$S 1.000 la tonelada a cerca de U$S 830, según el monitoreo de mercados publicado por entidades del sector. Ese descenso, aunque parcial, ya modifica decisiones de siembra y manejo en la región pampeana.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) revisó a la baja sus estimaciones de reducción de área en la zona núcleo: de una caída proyectada del 17% se pasó a un 12%. En términos absolutos, la pérdida prevista se ajustó de unas 300.000 hectáreas a alrededor de 220.000; así, la superficie implantada rondaría 1,6 millones de hectáreas, cifra que la ubicaría como la cuarta mayor de los últimos 17 años en la región más productiva del país.
El menor precio de insumos también permitió reconsiderar dosis de nitrógeno. Mientras que en la campaña anterior los productores aplicaron entre 200 y 250 kg/ha de urea a la siembra (con adiciones posteriores de unos 50 kg/ha en condiciones favorables), este año las tarifas reducidas están moviendo las dosis desde lo que se denominaba “piso tecnológico” —130–150 kg/ha— hacia niveles de 170–180 kg/ha, e incluso existe expectativa de una nueva corrección a la baja del costo si la tendencia continúa. Técnicos de la BCR y asesores de zonas como el centro-sur de Santa Fe reportan “más entusiasmo por mejorar las dosis de nitrógeno” tras la mejora relativa en los precios.
No obstante, especialistas advierten que la rebaja de retenciones y la caída parcial del precio de la urea no compensan por completo el fuerte incremento de costos acumulado en meses previos: fertilizantes y combustibles registraron aumentos cercanos al 60% en periodos recientes, en tanto la inflación anual se mantiene elevada. Por eso, aunque la decisión de algunos productores sea recuperar parte de la tecnología perdida, la heterogeneidad de ambientes y márgenes define distintos niveles de respuesta.
Siembra acelerada, oferta hídrica y señales internacionales
El ritmo de siembra del trigo 2026/27 avanza con premura. El Panorama Agrícola Semanal (PAS) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires informó un progreso intersemanal de 18,2 puntos porcentuales, alcanzando a la fecha un 32,4% del área proyectada sobre un total nacional esperado de 6,5 millones de hectáreas. Ese desempeño está notablemente por encima del promedio del último quinquenio, impulsado fundamentalmente por una oferta hídrica adecuada en amplias zonas del centro y norte agrícola que permitió adelantar labores frente a la pérdida de humedad superficial.
En la zona núcleo, la siembra ya cubrió alrededor del 15% del área proyectada; el año previo las labores habían comenzado más tarde por excesos hídricos. Ahora el desafío es aprovechar el agua disponible en los primeros centímetros de suelo antes de que se profundice la sequía estival. Esa dinámica explica por qué los productores están dispuestos a iniciar implantaciones con un manejo más cercano al “piso tecnológico” y, con la mejora en los precios de la urea, a ampliar dosis donde sea rentable.
En el plano de precios internacionales, el trigo mostró una recuperación: cotizaba en torno a U$S 185/tonelada al inicio de la campaña y hoy se ubica cerca de U$S 215, con contratos diciembre 2026 alrededor de U$S 230, según datos de mercado citados por empresas y cámaras exportadoras. Además, proyecciones recientes del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y análisis de mercado anticipan una caída en la producción de trigo en regiones como EE. UU. y Australia, lo que puede sostener la firmeza de las cotizaciones y devolver competitividad al cereal argentino frente a otros cultivos.
Una señal adicional para los productores locales fue la reducción de las retenciones a las exportaciones de trigo, que pasaron del 7,5% al 5,5%. Si bien esa medida fue bien recibida por el sector, su impacto es parcial frente al salto en costos que aún afronta la producción. Las entidades del agro coinciden en que una combinación de mejores precios internacionales y alivios impositivos más amplios sería la que realmente incentive una recuperación sostenida del área sembrada y de las prácticas tecnológicas.
Genética y semilla fiscalizada: DonMario impulsa renovación varietal
En paralelo a la mejora en insumos y precios, la genética se posiciona como un factor clave para maximizar rindes y reducir riesgos. Empresas semilleras como DonMario destacan que la calidad varietal —unida a un manejo adecuado de nutrición y sanidad— fue determinante para los rindes récord de campañas recientes y mantiene el interés del productor por el cultivo.
DonMario informó que su variedad Catalpa se consolidó por tercer año consecutivo como la más sembrada del país, impulsando su liderazgo en trigo. Además, la firma presentó en la campaña pasada tres nuevas variedades dentro del sistema Sembrá Evolución (DMCasuarina, DMTipa y DM Araucaria) y proyecta incorporar para 2026/27 otros tres materiales (DM Acacia, DM Eucalipto y DM Radal) distribuidos en distintos grupos de ciclo. El objetivo declarado es ofrecer materiales con mayor potencial de rendimiento y mejor perfil sanitario para distintos ambientes.
La compañía y asesores técnicos insisten en la importancia de la semilla fiscalizada: más allá del precio por bolsa, la semilla certificada agrega valor a través de genética de última generación, tratamiento profesional, trazabilidad, soporte técnico y acceso a financiamiento, elementos que, según empresas del rubro, reducen significativamente el riesgo productivo y, en muchos casos, mejoran la relación costo-beneficio frente al uso de semilla propia.
Fuentes del sector remarcan que, en campañas con márgenes ajustados, priorizar la calidad de semilla y la estrategia de rotaciones puede ser la decisión que marque la diferencia entre producir con pérdidas o recuperar rentabilidad.
Perspectivas para la campaña 2026/27 y variables a seguir
El escenario inmediato para el trigo argentino combina varios factores favorables: una baja parcial en el precio de la urea que facilita recuperar dosis de nitrógeno, una siembra que avanza a ritmo superior al promedio y señales de precios internacionales más firmes respaldadas por menores proyecciones de oferta global. A ello se suma la mejora normativa en derechos de exportación que reduce la presión sobre los márgenes del productor.
Sin embargo, persisten riesgos que definirán cómo se desarrollará la campaña: la volatilidad de los precios internacionales del fertilizante —vinculada a tensiones geopolíticas y a la dinámica de exportaciones de países productores de amoníaco y urea—, los costos de combustible y logística, y la evolución climática durante el ciclo. Además, la heterogeneidad productiva del país hace que la recuperación tecnológica no sea uniforme; algunas zonas podrán volver a niveles de fertilización cercanos a los históricos, mientras que otras priorizarán el recorte de costos.
En las próximas semanas los productores y técnicos seguirán de cerca los precios de la urea y el gasoil, la evolución de las cotizaciones del trigo en mercados internacionales y los pronósticos de lluvia que definirán ventanas de siembra y demandas de nutrientes. La combinación de genética avanzada, manejo oportuno y señales de mercado será determinante para que el cereal recupere no solo superficie, sino también niveles de tecnología que impulsen la productividad en 2026/27.


