Jorge Heredia, de 64 años, tiene casi terminado un molino harinero en Mercedes, provincia de Buenos Aires, pero lleva dos años sin poder ponerlo en marcha por la falta de la potencia eléctrica necesaria. El proyecto, iniciado en 2008, fue financiado con compras y reparaciones de maquinaria usada y podría producir hasta 50.000 kilos diarios de harina una vez operativo.
Heredia asegura que el molino requiere alrededor de 240 kVA y que está dispuesto a costear el cambio de transformador y las obras de conexión para lograrlo. A pesar de las gestiones ante la distribuidora local, EDEN SA, y los reclamos presentados ante organismos provinciales, no obtuvo una solución concreta.
El conflicto central gira en torno a cómo hacer el tendido eléctrico hasta el establecimiento ubicado sobre la ruta provincial 41, ya que la alternativa inicial implicaba un cruce de ruta con autorización de Vialidad Provincial que, según le indicaron, podría demorar años. Heredia propuso luego una obra subterránea más cara y, finalmente, se le ofreció alimentarlo desde otro punto de la red a un trazado de unos dos kilómetros, que le cotizaron en US$120.000, un monto que considera imposible de afrontar.
Como alternativa económica, calculó que la obra por el frente —incluyendo cruce, transformador y cables— demandaría entre US$23.000 y US$25.000, monto que, según su relato, estaría dispuesto a pagar. Además, denunció trato dispar luego de observar que, a unos 8 kilómetros de su establecimiento, la distribuidora habría realizado un cruce similar para otro empresario sin exigir los mismos trámites.
Qué falta y cuánto costaría poner en marcha el molino
Según Heredia, la conexión por el frente aprovecharía infraestructura existente y evitaría los costos del trazado alternativo de dos kilómetros, por lo que considera la propuesta de US$120.000 claramente desproporcionada. Además del aspecto económico, cuestiona argumentos técnicos del prestador que mencionan incompatibilidades por la cercanía de líneas de 13.000 y 33.000 voltios, una explicación que él considera insuficiente frente a otros casos en la zona.
El productor relató que elevó reclamos ante el Organismo de Control de Energía Eléctrica de la Provincia de Buenos Aires (Oceba) y Defensa del Consumidor, que contó con asesoramiento legal y que incluso envió cartas documento sin obtener respuesta efectiva. También intentó acercamientos políticos en Mercedes, y asegura que no logró conversaciones concretas con el intendente ni repercusión por parte de referentes locales a quienes esperaba encontrar apoyo.
El atraso no es solo burocrático: para una planta que promete 50.000 kilos diarios de producción, la imposibilidad de comenzar impacta la generación de empleo local, la compra de insumos y la cadena de comercialización regional. En un mercado en el que los molinos medianos cubren nichos de abastecimiento cercano, la paralización de una inversión de casi dos décadas representa una pérdida potencial para proveedores, transportistas y comercios de la zona.
Implicancias técnicas, regulatorias y posibles soluciones
Desde el punto de vista técnico, la solución estándar pasa por dimensionar adecuadamente la subestación y el trazado hasta el predio, con estudios de impacto y autorización de Vialidad cuando el cruce involucra la ruta; sin embargo, los tiempos administrativos suelen ser un cuello de botella para inversiones productivas pequeñas y medianas. La otra vía habitual, que propone compartir obras o subsidios por conectividad productiva, exige acuerdos entre distribuidora, municipio y el inversor, algo que en este caso no se habría materializado.
Como alternativa, los especialistas señalan opciones como la cofinanciación público-privada de la obra de cruce, la ejecución de una subestación modular o la evaluación de generación distribuida complementaria para reducir la carga inicial sobre la red. A nivel regulatorio, instancias como Oceba pueden mediar plazos y costos, pero la decisión operativa final depende de la distribuidora y de la coordinación con Vialidad y el municipio.
Heredia interpreta además que hay una dimensión política en el bloqueo, al afirmar que no recibió respuestas concretas ni del municipio ni de referentes provinciales pese a haber buscado apoyo, lo que plantea un desafío adicional para transparentar procesos y dar certezas a inversores rurales. La falta de respuesta de EDEN SA ante los pedidos de información y la denuncia pública contribuye a profundizar la incertidumbre sobre la trazabilidad del reclamo.
El caso expone una tensión recurrente entre inversión productiva y limitaciones de la infraestructura eléctrica en zonas rurales, y subraya la necesidad de procedimientos más ágiles para conectar proyectos que prometen empleo y agregado local de valor. Mientras tanto, el sueño de Heredia de poner en marcha el molino, que inició en 2008, sigue esperando una solución que combine criterios técnicos, viabilidad económica y decisión administrativa.



