Estrategias y recomendaciones de expertos para optimizar la siembra y campaña de trigo

Con costos de producción cada vez más ajustados, la toma de decisiones en el cultivo de trigo exige precisión y criterio. Un informe de Nidera, con la opinión de cuatro referentes regionales de la empresa, sostiene que el trigo sigue siendo una pieza estratégica dentro de los sistemas agrícolas argentinos. La diferencia entre una campaña rentable y una que no lo es radica en el manejo: elegir bien las variedades, respetar las fechas de siembra, optimizar la nutrición y controlar la sanidad del cultivo son las palancas que permiten sacar el máximo provecho a cada peso invertido.

Trigo como eje de sistema productivo
El mensaje central es claro: el trigo no debe verse como un cultivo aislado, sino como parte de una rotación que afecta el rendimiento y la rentabilidad de los ciclos siguientes. En el centro de Santa Fe, Luis Cardinale subraya que los sistemas equilibrados y diversos muestran mayor estabilidad ante condiciones adversas. Por eso, sostener la integralidad del sistema productivo —desde la elección genética hasta las prácticas de manejo posteriores— resulta clave para reducir riesgos y mantener la productividad.

Variedades: productividad y reducción de costos
La selección de la genética condiciona tanto el potencial de rendimiento como la dependencia de insumos. Algunas variedades aportan mayor tolerancia sanitaria y permiten reducir la necesidad de tratamientos, lo que impacta directamente en los costos. Nombres como Baguette 610, citada por los especialistas, ejemplifican materiales que armonizan potencial productivo, calidad y comportamiento frente a enfermedades, reduciendo tratamientos y alivianando la carga económica de la campaña.

Fechas de siembra y decisiones de “costo cero”
Hay decisiones que no implican mayor desembolso y sin embargo marcan diferencias significativas. La fecha de siembra es una de las más importantes: respetarla favorece el aprovechamiento del potencial genético y reduce la exposición a estrés climático. En el sudeste bonaerense, donde la humedad acumulada sostiene buenas perspectivas, los técnicos insisten en priorizar prácticas de bajo costo pero alto impacto para proteger el rendimiento potencial del cultivo.

Nutrición: administrar la inversión
La fertilización, especialmente el manejo del nitrógeno, sigue siendo determinante para alcanzar altos rendimientos. Sin embargo, los expertos recomiendan estrategias que minimicen riesgos financieros y agronómicos. Una práctica recomendada es fraccionar la aplicación de fertilizantes en distintos momentos del ciclo: así se evita comprometer toda la inversión al inicio y se adapta la estrategia a condiciones climáticas y sanidad que puedan surgir. Este enfoque de administración de riesgos contribuye a optimizar el uso de insumos y a mejorar la relación costo-beneficio.

Sanidad: prevenir para ahorrar
La sanidad del cultivo vuelve a aparecer como eje central: una genética que aporte resistencia reduce la frecuencia y el costo de tratamientos y disminuye el riesgo de pérdidas. Mantener un monitoreo constante y aplicar medidas preventivas en el momento justo es más rentable que reaccionar a brotes avanzados. La integración genética + manejo sanitario es la vía para bajar costos operativos sin sacrificar rendimiento.

Perspectivas por región
– Sudeste de Buenos Aires: El trigo mantiene un rol protagónico gracias a la humedad acumulada y al potencial productivo. Allí, la recomendación es sostener prácticas de manejo de bajo costo —como la elección adecuada de fechas de siembra— para garantizar el potencial del cultivo sin incurrir en gastos adicionales innecesarios.

– Centro de Santa Fe: La visión es sistémica. No se analiza el trigo de manera aislada, sino en función de la secuencia trigo-soja. Las decisiones que se toman hoy impactan directamente en los cultivos posteriores, por lo que la planificación y el manejo fino deben contemplar la continuidad y la salud del sistema productivo.

– Córdoba: Aunque los altos costos al inicio de la campaña generaron inquietud, el movimiento comercial indica que muchos productores siguen priorizando el trigo por su aporte agronómico. Es probable que se ajusten decisiones (tipo de insumos, tasas de aplicación), pero no se observa una retracción significativa en la superficie destinada al cultivo: los productores comprenden el valor del trigo dentro de la rotación.

– Litoral: En regiones donde los márgenes son todavía más estrechos, se detecta la postergación de algunas inversiones, pero no la reducción de superficie. Los productores prefieren mantener el área de trigo para sostener el orden productivo que les brinda la rotación, aun cuando ajusten otros gastos.

Estrategias prácticas para maximizar cada peso
1. Elegir la variedad adecuada según suelo, clima y historial sanitario: priorizar materiales con buena sanidad reduce la necesidad de tratamientos y protege el rendimiento.

2. Respetar fechas óptimas de siembra: esta decisión, de costo casi nulo, determina gran parte del potencial productivo.

3. Fraccionar la fertilización: aplicar nitrógeno en etapas permite ajustar dosis según demanda del cultivo y condiciones ambientales, minimizando riesgos y desperdicios.

4. Mantener monitoreos constantes de plagas y enfermedades: intervenir a tiempo evita pérdidas y reduce costos comparado con tratamientos tardíos y más intensivos.

5. Pensar en la rotación y la secuencia de cultivos: evaluar cómo las decisiones actuales impactarán la soja u otros cultivos posteriores, y definir prácticas que beneficien al sistema en su conjunto.

Conclusión: hacer trigo, pero hacerlo bien
El informe de Nidera concluye con una advertencia y una invitación: los escenarios económicos obligan a tomar decisiones más precisas, pero abandonar tecnología no es la respuesta. Al contrario, la clave está en aplicar la ciencia, la genética y las herramientas disponibles con inteligencia. Hacer trigo sigue siendo importante para la agricultura argentina; la verdadera diferencia está en gestionar el cultivo con criterio, priorizando manejos que protejan el rendimiento y optimicen costos. En tiempos de márgenes ajustados, ganar competitividad pasa por manejar cada etapa del cultivo con enfoque técnico y decisiones acertadas.

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