Región Centro implementa nuevo esquema diferencial de vacunación contra fiebre aftosa en tambos

La Región Centro presentó ante la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGPyP) de la Nación una propuesta conjunta para modificar el momento de la vacunación contra la fiebre aftosa en las vacas de tambo: trasladar la aplicación al período de secado o presecado. La iniciativa, elaborada por equipos técnicos de Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe, busca reducir las pérdidas productivas asociadas a la inmunización durante la lactancia sin comprometer los estándares sanitarios exigidos por los programas nacionales.

Los gobiernos provinciales sostienen que la medida es práctica y voluntaria: cada productor podría adherir al esquema optativo, manteniendo en todos los casos la trazabilidad y las coberturas sanitarias fijadas por el Senasa. La propuesta, suscrita por los ministros Sergio Busso (Bioagroindustria, Córdoba), Guillermo Bernaudo (Desarrollo Económico, Entre Ríos) y Gustavo Puccini (Desarrollo Productivo, Santa Fe), se inscribe en una agenda regional más amplia orientada a potenciar la competitividad de las cadenas agroindustriales.

Fiebre aftosa: una prevención más eficiente

La fiebre aftosa (FMD, por sus siglas en inglés) es una enfermedad viral de alta contagiosidad que afecta a especies rumiantes y que obliga a mantener programas de vacunación y vigilancia estrictos. En Argentina, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) coordina y supervisa los esquemas de control y erradicación, estableciendo calendario y requisitos sanitarios para preservar la salud animal y facilitar el comercio exterior.

Los equipos técnicos de la Región Centro sostienen que la vacunación durante la lactancia puede provocar una respuesta inmunológica que incrementa la demanda energética del animal y, en consecuencia, una merma transitoria en la producción de leche. Según la documentación presentada, el desarrollo de anticuerpos protectores puede requerir hasta 15 días después de la aplicación, período en el que se registran los mayores efectos sobre la eficiencia productiva. Trasladar la inoculación al período de secado —cuando la vaca ya no está en ordeñe— reduciría el impacto económico porque el animal no está generando litros de leche en ese momento.

Expertos en sanidad animal consultados por este medio confirman que las respuestas inmunológicas involucran procesos metabólicos que pueden afectar el balance energético del rumiante y, en algunos casos, provocar descensos temporales de producción. Estudios veterinarios y protocolos de manejo recomiendan integrar las prácticas sanitarias con el calendario productivo para minimizar interferencias. Además, la evidencia práctica de tamberos y cooperativas indica que la planificación de la vacunación en momentos de menor exigencia productiva reduce la percepción de pérdidas y mejora la aceptación de las campañas.

La propuesta de la Región Centro contempla, además, que el cambio sea optativo: los productores que lo deseen pueden optar por vacunarse en el secado, mientras que otros mantendrían el esquema tradicional. Los promotores del plan subrayan que la medida no busca debilitar la vigilancia ni las coberturas sanitarias, sino armonizar la inmunización con los ciclos productivos para preservar la rentabilidad del tambo y la salud colectiva.

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A nivel internacional, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) plantea que las políticas de vacunación frente a la fiebre aftosa deben considerar impactos en la situación sanitaria zonal y en los requisitos de comercio —la utilización de vacunas puede, en ciertos contextos, condicionar la declaración de zonas libres de fiebre aftosa sin vacunación—. Por eso, cualquier modificación debe coordinarse con el Senasa y enmarcarse en los objetivos nacionales de control, para no afectar mercados ni el estatus sanitario del país.

Cómo funcionaría el esquema optativo en los tambos

Según la propuesta técnica, el esquema operativo incluye varios puntos clave para garantizar su viabilidad y trazabilidad:

– Calendario compatible: la aplicación de la vacuna sería programada para el período de secado o presecado, en los días previos al inicio del descanso mamario, de modo de integrarse con los manejos de ordeñe y reposo de la glándula mamaria.
– Voluntariedad informada: los productores recibirían información técnica para evaluar la conveniencia de adherir, con datos sobre posibles efectos transitorios en la producción, requisitos sanitarios y costos logísticos.
– Registro y trazabilidad: las dosis aplicadas en secado se registrarían en las bases de datos oficiales, garantizando la trazabilidad exigida por Senasa y la posibilidad de auditorías.
– Logística y cadena de frío: la implementación exigirá coordinación entre vacunadores privados y públicos para asegurar condiciones de conservación y transporte de las vacunas, así como capacitación en manejo durante el secado.
– Monitorización de resultados: se prevé el seguimiento de indicadores productivos (litros por vaca, recurrencia de mastitis, tasa de reposición) y sanitarios (cobertura vacunal, serología) para evaluar el impacto y ajustar protocolos.

Productores y asociaciones del sector recibieron la iniciativa con expectativa y cautela. Para los tambos, el traslado de la vacunación al secado puede representar una mejora en el balance económico si se demuestra una reducción real de pérdidas de leche. Sin embargo, algunos especialistas y representantes expresan la necesidad de pilotos controlados en distintas escalas de tambos (pequeños, medianos y grandes) y con diferentes condiciones epidemiológicas, para cuantificar beneficios y riesgos.

También deben considerarse factores operativos: en tambos con ciclos irregulares o manejos intensivos, agrupar las vacunaciones en periodos de secado podría exigir una logística más compleja, con picos de demanda de vacunas y personal. Asimismo, la estacionalidad y la concentración de secados en ciertos meses podrían generar cuellos de botella si no se planifica adecuadamente.

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La sanidad animal en la Región Centro

La iniciativa fue presentada como una acción articulada entre las tres provincias que integran la Región Centro —Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe— un bloque que tradicionalmente concentra gran parte de la actividad agroindustrial y lechera del país. Los ministros firmantes enfatizaron que el proyecto busca fortalecer la competitividad de los tambos sin comprometer la sanidad animal, y que se inscribe en una agenda más amplia que incluye temas de infraestructura, conectividad y desarrollo de pymes vinculadas al campo.

Para las autoridades provinciales, la medida constituye un ejemplo de políticas regionales innovadoras que apuntan a combinar eficiencia productiva, sostenibilidad económica y altos estándares sanitarios. Desde el punto de vista institucional, la propuesta será evaluada por la SAGPyP y el Senasa, organismos nacionales con atribuciones para definir calendarios y requisitos de vacunación. El diálogo entre jurisdicciones será determinante para que cualquier cambio no afecte el estatus sanitario nacional ni las condiciones de comercio exterior.

Fuentes del sector público recordaron que en los últimos años el Senasa ha introducido adecuaciones en los esquemas de vacunación, buscando adaptar protocolos a nuevas realidades productivas y epidemiológicas. La experiencia acumulada en campañas masivas y en la coordinación con provincias y privados será clave para diseñar eventuales pilotos, estrategias de capacitación y sistemas de monitoreo que permitan evaluar la eficacia y la seguridad del esquema optativo.

El traslado de la vacunación al secado también abre un debate sobre incentivos y apoyo técnico: para promover la adhesión voluntaria sin fragmentar la cobertura, las provincias podrían acompañar con programas de capacitación a vacunadores, subsidios temporales para costos logísticos en la fase de arranque y campañas informativas que expliquen beneficios y límites de la medida.

Mientras la propuesta avanza en las instancias de evaluación nacional, actores del sector productivo piden claridad sobre plazos, condiciones y ponderación de riesgos comerciales. Las cámaras lecheras, las asociaciones de productores y las universidades con programas de veterinaria podrían jugar un papel activo en el diseño de pilotos y en la generación de evidencia técnica que sustente decisiones a escala.

La presentación ante la SAGPyP es el primer paso formal de un proceso que deberá articularse entre gobiernos provinciales, organismos nacionales y el sector privado. Si el esquema optativo demuestra, a través de pruebas y monitoreos, que reduce pérdidas productivas sin afectar la cobertura ni el estatus sanitario, podría convertirse en una práctica recomendada para tamberos de la Región Centro y, eventualmente, ser considerada en otras jurisdicciones del país. En los próximos meses se espera que las autoridades nacionales comuniquen los criterios de evaluación y las condiciones para avanzar con ensayos piloto.

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