La menor disponibilidad de hacienda comenzó a mostrar la otra cara del proceso de recomposición que atraviesa la ganadería argentina. Mientras los productores retienen vientres y destinan más animales a recría buscando recuperar el stock, los frigoríficos reciben menos hacienda, trabajan por debajo de su capacidad y enfrentan márgenes que en algunos casos ya son negativos.
“Hoy te puedo decir sin temor a equivocarme y con total certeza que los frigoríficos no están ganando plata”, afirmó Javier Peralta, secretario de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA), en diálogo con Palabra de Campo. Según explicó, existen establecimientos que continúan funcionando a pérdida mientras esperan una recuperación del nivel de actividad.
Menos faena: la contracara de una ganadería que busca recomponer el rodeo
La situación de la industria está directamente vinculada con lo que ocurre puertas adentro de los establecimientos ganaderos. Después de períodos en los que la cría enfrentó números muy ajustados, la mejora en la relación económica del productor comenzó a favorecer la retención de vientres y los procesos de recría.
“Hoy el productor ganadero está teniendo números que le cierran, a diferencia de lo que ocurría poco tiempo atrás. Está recriando y reteniendo un poco de vientres para agrandar el rodeo, que es algo que estamos necesitando como país”, explicó Peralta.
La consecuencia inmediata es una menor cantidad de animales disponibles. Los últimos datos sectoriales muestran que entre enero y julio de 2026 la faena bovina cayó 9,8% interanual, hasta 7,09 millones de cabezas, una reducción de casi 773.000 animales respecto del mismo período de 2025, según CICCRA.
El fenómeno resulta especialmente visible en las hembras. En julio representaron el 44,3% de la faena total, después de una caída interanual del 18,7% en la cantidad de vacas y vaquillonas procesadas, un indicador consistente con una etapa de mayor retención de vientres.
Más kilos por animal amortiguan la caída
La menor cantidad de cabezas tiene, sin embargo, un factor que permite amortiguar parcialmente el impacto sobre la producción total de carne: los animales están llegando a faena con más kilos.
Peralta destacó que el peso promedio por carcasa supera actualmente los 240 kilos, frente a registros de alrededor de 220 kilos observados años atrás. “Por ahí ha mermado la cantidad de cabezas faenadas, pero han subido los kilos por cabeza faenada, y eso también hace un pequeño colchón”, sostuvo.
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Los datos sectoriales acompañan esa lectura. Durante julio, el peso promedio en gancho alcanzó aproximadamente 244 kilos, lo que permitió moderar el efecto de la reducción en la cantidad de animales procesados sobre la producción total.
Pero existe una limitación evidente: una mejora en el peso no alcanza para compensar indefinidamente una fuerte reducción de la faena. Y para los frigoríficos, donde los costos de estructura tienen un peso considerable, procesar menos cabezas significa perder escala.
El consumo de carne vacuna también retrocedió
La menor faena coincide además con una caída del consumo interno de carne vacuna. En julio, el promedio móvil de los últimos doce meses se ubicó en 46,3 kilos por habitante por año, un 9,4% menos que doce meses atrás y uno de los registros más bajos de las últimas dos décadas.
Sin embargo, Peralta considera que el dato debe analizarse también desde la disponibilidad de producto. “El nivel de faena de este año respecto al anterior ha caído alrededor de un 10%, y el consumo también bajó alrededor de un 10%; es decir, la población ha seguido consumiendo la carne que se le ha ofrecido”, planteó.

Al mismo tiempo, remarcó que la dieta argentina ya no puede analizarse exclusivamente a partir de la carne vacuna. El consumo total de proteínas animales incorpora cada vez con mayor peso al pollo y especialmente al cerdo, cuya participación viene aumentando.
Más de 30% de capacidad ociosa en los frigoríficos
Para las plantas frigoríficas, el problema más inmediato es la utilización de su estructura productiva. Según Peralta, los establecimientos orientados al mercado interno tienen actualmente más de 30% de capacidad ociosa, tanto en instalaciones frigoríficas como en las líneas de producción.
“Tenemos mucha capacidad ociosa de frío y de producción”, señaló. Y ese escenario genera presión sobre empresas que necesitan mantener instalaciones, personal y elevados costos fijos aun cuando reciben menos animales para procesar.
La expectativa está puesta en que la retención actual permita recomponer el stock y genere más hacienda en el futuro. Pero el dirigente recordó que la ganadería trabaja con ciclos largos y que los animales que hoy permanecen dentro del sistema productivo necesitarán tiempo antes de convertirse en una mayor oferta para los frigoríficos.
“Va a llegar un momento en que se va a ver recompuesto el stock y empezará a salir la hacienda que hoy se está preparando”, anticipó.
El cerdo aparece como una alternativa para sostener las plantas
Ante la menor disponibilidad de bovinos, parte de la industria comenzó a buscar alternativas. Una de ellas es incorporar o incrementar la faena porcina, aprovechando el crecimiento que viene mostrando esa carne dentro del consumo argentino.
“La mayoría de las plantas de consumo interno nos hemos ido reconvirtiendo y hoy tenemos una faena mixta de ganado bovino y porcino”, explicó el secretario de FIFRA.
La diversificación ayuda a sostener las estructuras, pero no reemplaza completamente el volumen económico generado por los bovinos. Peralta graficó esa diferencia con un dato contundente: para obtener una utilidad similar a la generada por la faena de un bovino deben procesarse aproximadamente cuatro porcinos.
Por ese motivo, el cerdo funciona como una herramienta para mejorar la utilización de las instalaciones y sostener actividad, aunque todavía no logra compensar completamente la menor faena vacuna.
“Hay muchos frigoríficos trabajando a pérdida”
El escenario actual tampoco está limitado exclusivamente a las plantas abastecedoras del mercado interno. Según FIFRA, las dificultades atraviesan también a una parte importante de la industria exportadora.
“Hay veces que la industria frigorífica exportadora está bien y está complicada la de consumo interno, y otras veces es a la inversa. En este momento podría decirte que tanto la industria exportadora como la de consumo interno están complicadas”, afirmó Peralta.
Consultado específicamente por la rentabilidad actual, fue todavía más contundente: “Hoy te diría que estamos en cero o un poquito para abajo”.

A pesar de ese panorama, desde FIFRA no observan por ahora un riesgo de cierres generalizados. El dirigente reconoció casos puntuales en Córdoba, La Pampa y Buenos Aires, pero consideró que corresponden a situaciones particulares de determinadas compañías y no configuran todavía una crisis sistémica.
“No hay riesgo de despidos masivos ni de cierres masivos de empresas. Sí puede haber casos aislados”, señaló.
Los tres reclamos que plantea la industria frigorífica
Ante este escenario, Peralta enumeró tres medidas que la industria considera necesarias para mejorar su competitividad. La primera es terminar de eliminar las retenciones que afectan a las exportaciones de carne, aunque reconoció que actualmente su incidencia es menor que en otros momentos.
El segundo punto apunta a la presión tributaria sobre los frigoríficos que trabajan para el mercado interno. Particularmente cuestionó Ingresos Brutos y las diferencias existentes entre tasas municipales y provinciales según la jurisdicción donde esté ubicada cada planta.
“Es un impuesto totalmente distorsivo y además dispar, porque depende de la localidad en la que estés”, sostuvo Peralta.
El tercer planteo de FIFRA es intensificar los controles contra la informalidad. Para el dirigente, el problema se vuelve particularmente importante en momentos de bajos márgenes porque genera una fuerte desventaja para los frigoríficos que cumplen con las obligaciones impositivas, laborales y sanitarias.
“Cuando estamos en épocas de crisis es cuando se desvía un poco el comercio y se pasa a la informalidad. Eso afecta a la industria que está bien instalada, con todos sus impuestos al día y con todos sus empleados en regla”, explicó.
La paradoja que enfrenta hoy la cadena de la carne
El escenario deja expuesta una paradoja para la ganadería argentina. Retener vientres y recriar más animales es una condición necesaria para reconstruir el rodeo y aumentar la producción futura, pero durante esa transición disminuye la hacienda disponible para la industria.
En el corto plazo, eso significa menos faena, mayor capacidad ociosa y una fuerte presión sobre la rentabilidad de los frigoríficos. En el mediano plazo, si el proceso de retención consigue traducirse en una recuperación efectiva de las existencias bovinas, podría generar justamente el escenario inverso: más animales, mayor producción de carne y un mejor aprovechamiento de la capacidad instalada.
“Son ciclos largos”, resumió Peralta. El desafío de la industria será atravesar ese período sin perder empresas, empleo ni capacidad productiva mientras espera que la recomposición ganadera vuelva a traducirse en más hacienda disponible para faena.




