Las empresas del agro mantienen la necesidad de financiamiento, pero consiguen crédito más caro y con mayores restricciones, según el último relevamiento de Tasómetro. Esta realidad está empujando a muchas a posponer inversiones clave en estructura y maquinaria en lugar de cancelarlas por completo.
El estudio muestra que 63,5 % de las 63 empresas consultadas requirió crédito en el mes analizado, y 41,3 % decidió postergar al menos una decisión por el costo o la falta de financiamiento. Esa combinación condiciona los plazos de ejecución y complica la planificación de campañas y la renovación de activos.
La mediana de las tasas en operaciones en pesos se mantuvo cerca del 31 %, pero desaparecieron las ofertas extremas: ya no se ven ni las líneas más baratas ni los créditos más caros. La mayor concentración dejó a la mitad central de las operaciones entre el 30 % y el 32 %, un dato que traduce menor dispersión pero costos más homogéneos y elevados.
En apenas un mes hubo un cambio fuerte en la moneda de contratación: el financiamiento en dólares pasó de representar 3 de cada 10 operaciones a 6 de cada 10. Para empresas que venden en dólares esa opción resultó más barata, pero agrega riesgo cambiario para quienes facturan en pesos y exige una evaluación de correspondencia entre moneda de ingresos y moneda de deuda.
Qué está cambiando en la estrategia financiera del campo
Según Hernán Satorre, titular de Tasómetro, la respuesta típica frente a un crédito más caro es posponer en el tiempo las decisiones antes que abandonar los planes. Esa actitud se traduce en inversiones que se postergan y en cadenas productivas que dilatan mejoras en eficiencia y renovación de equipos.
El informe también registra que casi una de cada cuatro operaciones permanece todavía en oferta sin cerrarse, lo que indica demanda insatisfecha por condiciones o plazos. Ese cuello de botella pone en evidencia que el crédito no está ausente, pero no siempre llega en la forma o el momento necesario para la empresa agropecuaria.
La recomendación de los especialistas apunta a anticipar vencimientos y renovaciones para no depender de soluciones de último minuto, especialmente en un contexto electoral. Evitar salir a buscar financiamiento cuando existe ya una urgencia de liquidez puede reducir el costo financiero y el riesgo de acceder a condiciones adversas.
Técnicamente, Satorre sugiere comparar propuestas por su costo financiero total y no solo por la tasa nominal, ya que comisiones y gastos pueden cambiar sustancialmente el costo final. Además, enfatiza la necesidad de analizar la moneda de la deuda en relación con los ingresos, un criterio decisivo en mercados con alta volatilidad cambiaria.
Impacto práctico para productores y empresarios rurales
Las postergaciones en inversiones en estructura y maquinaria retrasan mejoras que aumentan la productividad y la sostenibilidad de las explotaciones agropecuarias. A nivel sectorial, la demora en la renovación de equipos y en inversiones de fondo puede afectar la competitividad en un contexto internacional exigente.
Para gerentes y tamberos, planteos claros de planificación financiera y escenarios de sensibilidad cambiaria son herramientas clave para tomar decisiones racionales. Anticipar renegociaciones, diversificar fuentes de financiamiento y priorizar proyectos con retorno más rápido ayudan a mitigar el impacto de tasas altas y condiciones cambiantes.
En síntesis, el panorama combina señales contrapuestas: las empresas mantienen intención de invertir, pero muchas optan por correr los plazos; el crédito sigue disponible para varios actores, aunque en condiciones menos favorables. Navegar 2027 evitando depender de una renovación de último momento y evaluando el riesgo electoral sobre tasas es una guía práctica para empresas del agro que buscan reducir incertidumbres.



