El precio de la soja en el mercado doméstico alcanzó los $520.000 por tonelada en los últimos días, lo que representa un aumento interanual del 37 % y acelera las ventas de los productores.
Esta suba en pesos supera en alrededor de 4 puntos porcentuales a la inflación acumulada y refleja una dinámica donde la cotización local vence la pérdida de poder adquisitivo.

LA SOJA, POR EL ASCENSOR
Medida en moneda estadounidense, la soja llegó a un equivalente de U$S 350 por tonelada, impulsada por la suba del precio FOB en mercados internacionales.
Ese incremento representa una ganancia interanual del 18 % y tensiona la relación entre precios locales y competitividad exportadora.
El aumento del FOB, que esta semana llegó a 477 U$S/t, mejoró la capacidad de compra de los operadores y activó pedidos inmediatos de carga.
Entre martes y miércoles las empresas registraron pedidos por cerca de 500.000 toneladas para embarque, lo que volvió a darle ritmo al flujo comercial.
Las ventas de los productores respondieron con rapidez: el promedio diario de comercialización pasó de 148.000 toneladas en las primeras dos semanas de agosto a 230.000 el martes 18 y a 394.000 el miércoles, récord diario de la campaña.
La reacción muestra que el estímulo precio sigue siendo el factor decisivo para liberar oferta en plazos cortos.
La exportación cargó 389.000 toneladas el martes y otras 198.000 el miércoles, llevando el acumulado de la campaña 2025/26 por encima de 5 millones de toneladas, equivalente al 10 % de la producción estimada.
Ese volumen confirma una reactivación de los despachos que podría acelerarse si se sostienen los precios internacionales y el tipo de cambio.
Qué implica para productores y mercado
El margen teórico de la exportación, calculado como la diferencia entre el FOB y el precio local más derechos, se ubicó en torno a U$S 12 por tonelada, el nivel más alto desde el 24 de julio.
Aunque es un alivio para los exportadores, ese margen sigue siendo estrecho en comparación con años de mayores márgenes y expone a las empresas a cambios bruscos en FOB o en el tipo de cambio.
Para el productor, este escenario genera un incentivo claro para liquidar parte de la cosecha y mejorar flujo de caja en un contexto de costos en alza.
Sin embargo, la decisión de venta estará condicionada por la expectativa de nuevos picos de precio, la necesidad de insumos para la campaña siguiente y las condiciones climáticas.
En el mediano plazo, la sostenibilidad del repunte dependerá de factores externos como la demanda global de aceites y harinas y del clima en zonas clave, además de variables locales como la política comercial y cambiaria.
Mientras tanto, la combinación de precios más altos, un margen exportador positivo y una mayor actividad logística sugiere un segundo semestre más dinámico, aunque con volatilidad en los mercados.




