Autoridades y expertos detallan estrategias ante El Niño superintenso, incluyendo medición de profundidad de napas

Con potencial de rindes récord como punto de partida y un escenario climático que podría estar dominado por excesos hídricos, técnicos de INTA y CREA pusieron el foco como primera medida en medida la capacidad de los suelos para evitar la anoxia.

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La proyección de un El Niño de características excepcionales volvió a poner al agua en el centro de la planificación agrícola y obligó a productores y técnicos a replantear decisiones de manejo para la campaña 2026/27. La clave es transformar la experiencia de la última campaña en estrategias prácticas que minimicen riesgos y aprovechen oportunidades.

La campaña pasada dejó una señal contundente en el sur de Santa Fe y Córdoba: cuando variables ambientales y agronómicas se alinean, los techos productivos pueden superar los registros históricos. Esa discusión fue el eje de la Jornada de Actualización Técnica (JAT) organizada por CREA Sur de Santa Fe y el INTA Marcos Juárez.

EL NIÑO Y LAS DECISIONES AGRONÓMICAS

Para los asesores regionales, la disponibilidad de datos históricos es una ventaja: cuatro décadas de información permiten comparar campañas, ambientes y estrategias de manejo. Esa base facilita reconocer situaciones análogas a las que podrían repetirse bajo un año con excesos hídricos.

En ese contexto, la primera recomendación técnica es clara: medir profundidad de napas y conocer la capacidad de drenaje de cada lote antes de definir fecha de siembra. Sin ese diagnóstico, la decisión sobre híbridos o variedades pierde precisión pues el verdadero riesgo se juega en el perfil del suelo.

Donde exista riesgo de encharcamiento, el planteo debe ser defensivo y priorizar ventanas de siembra que reduzcan la exposición a períodos de anegamiento. Eso implica ajustar la fecha de siembra no solo por potencial productivo, sino por la posibilidad real de oxigenación del sistema radicular.

Cuando el suelo permanece saturado el agua ocupa poros que normalmente contienen aire y reduce la disponibilidad de oxígeno para raíces y microorganismos. Por eso es crítico diferenciar ambientes dentro del lote y no asumir que toda la superficie tiene igual potencial.

NUTRICIÓN Y GENÉTICA

La experiencia de la última campaña dejó una referencia productiva para la región: materiales de maíz que promediaron 14.500 kilos por hectárea en la red regional, un dato que obliga a revisar el manejo nutricional por ambiente. La demanda de nitrógeno y otros nutrientes crece con los potenciales y requiere estrategias de fertilización variable.

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Además de ajustar nitrógeno, el maíz temprano necesita planificación de fósforo, azufre y zinc para sostener altos rendimientos y mitigar riesgos sanitarios. La elección de híbridos debe equilibrar potencial y capacidad de compensación ante variaciones hídricas.

SOJA: NUEVAS VARIEDADES Y MÁS ATENCIÓN A LAS CHINCHES

En soja, los ensayos de la Red de Evaluación de Cultivares (RECSO) y los estudios de CREA muestran un recambio genético con mayor adopción de materiales que incorporan tecnología Enlist. Ese recambio busca compatibilizar control de malezas sin resignar potencial productivo, pero exige un manejo más preciso y artesanal si se apunta a altos techos.

La presión de plagas cambió en los últimos años: disminuyeron orugas y aumentaron las chinches, que atacan el grano y pueden generar pérdidas significativas. Los umbrales de intervención recomendados van desde aproximadamente 0,6 chinches por metro en estados iniciales hasta 1,7 cuando la soja está más avanzada, por lo que el monitoreo es clave y las aplicaciones preventivas no suelen justificarse.

POLINIZACIÓN: UNA VARIABLE QUE GANA LUGAR

La idea de la soja como cultivo estrictamente autógamo está siendo revisada y se evalúa incorporar colmenas entre R1 y R4 como servicio agrícola gestionado. El INTA trabaja en 28 sitios para comparar lotes con y sin polinizadores y evaluar respuestas bajo distintos ambientes.

Los ensayos con alrededor de 500 colmenas distribuidas en lotes de entre 50 y 150 hectáreas mostraron incrementos de rendimiento que pueden ubicarse entre el 10 % y el 27-30 %, con potencial de alcanzar hasta un 30 % en escenarios óptimos. Eso abre una alternativa de manejo para ambientes de alto potencial que requiere protocolos, coordinación con apicultores y evaluación costo-beneficio por lote.

La próxima campaña gruesa parte con perfiles cargados y un potencial productivo importante, pero también con un riesgo climático que puede cambiar rápidamente las condiciones de los lotes. Frente a esa paradoja, la recomendación técnica es planificar con datos: medir napas, usar mapas y muestreos en grilla, aplicar fertilización variable y mantener un monitoreo sanitario y de plagas riguroso.

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