El Gobierno derogó la resolución 283/2015 del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) y publicó la nueva resolución 197, un cambio que la industria semillera recibió con alivio y expectativas. La medida modifica criterios administrativos sobre la patentabilidad de desarrollos biotecnológicos y promete impactar la inversión en investigación agropecuaria.
La Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) celebró la medida y la definió como la corrección de una norma que, según el sector, impedía la llegada de tecnologías al país. Alfredo Paseyro, director ejecutivo de ASA, sostuvo que la derogación “fortalece la protección de los eventos biotecnológicos” y restituye el “espíritu de la ley”.
ASA destacó que llevó casi once años de gestión para lograr este cambio normativo y posó la decisión como un avance clave para el sector. Para la entidad, la eliminación de criterios restrictivos mejora la previsibilidad jurídica y los incentivos para el mejoramiento genético.
Qué cambia en la práctica
Según el INPI, la norma derogada había incorporado requisitos adicionales para evaluar solicitudes relacionadas con materia viva y desarrollos biotecnológicos. Esos requisitos generaban interpretaciones restrictivas que el organismo consideró no previstas por la ley de patentes.
La medida no altera la prohibición vigente respecto a la patentabilidad de plantas o variedades vegetales, que sigue regulada por otra normativa específica. Paseyro subrayó que la modificación apunta a proteger desarrollos biotecnológicos que no equivalen a patentes de variedades.
En el argumento oficial, la derogación busca realinear los criterios locales con estándares internacionales y facilitar el acceso a tecnologías que aumenten la productividad. La expectativa del sector es que mayor seguridad jurídica atraiga inversiones privadas y colaboración con centros de I+D.
Reacciones del sector y alcance económico
La Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AmCham) apoyó la decisión y consideró que ayuda a “normalizar el marco regulatorio argentino”. La entidad destacó la necesidad de recuperar predictibilidad y seguridad jurídica para fomentar investigación y desarrollo tecnológico.
AmCham recordó que en 2025 las cadenas agroindustriales generaron exportaciones por más de US$52.000 millones y superaron los 115 millones de toneladas, cifras que ilustran la importancia de la competitividad tecnológica. La cámara también planteó que la adhesión a UPOV 91 es un paso estratégico para potenciar la inserción internacional del sector.
Impacto en el campo y en las empresas
Productores, semilleros y centros de investigación esperan que la nueva norma reduzca la incertidumbre sobre derechos de propiedad intelectual y acelere el lanzamiento de tecnologías. En cultivos autógamos como la soja, donde la gestión de propiedad intelectual fue un tema central, se espera mayor actividad de mejoramiento genético.
Para las empresas esto implica mayor retorno esperado sobre proyectos de I+D y, potencialmente, más licencias y transferencia tecnológica. Para los productores, la llegada de nuevas tecnologías podría traducirse en herramientas que mejoren rendimiento, manejo y sustentabilidad productiva.
Equilibrio necesario y próximos pasos
El debate no está cerrado: grupos que defienden el acceso abierto a semillas plantean la necesidad de equilibrar protección de innovaciones con los derechos de los agricultores. Las autoridades y el sector deberán avanzar en reglas claras que incluyan salvaguardas para pequeñas producciones y prácticas tradicionales.
En los hechos, la derogación marca un punto de partida, pero la implementación y la jurisprudencia definirán su alcance real en los próximos años. Seguirán siendo clave la publicación de criterios aplicables, la capacitación de evaluadores y el diálogo entre público, privado y sociedad civil.
La medida abre una ventana para atraer inversión en biotecnología agrícola y consolidar cadenas de valor más tecnificadas y competitivas. Será determinante observar cómo se traducen estas normas en proyectos concretos de investigación y en más opciones tecnológicas para los productores argentinos.


