Hay un problema que atraviesa silenciosamente toda la cadena de la papa: los golpes que recibe durante la cosecha, el transporte y el procesamiento pueden generar manchas oscuras que terminan convirtiendo un alimento perfectamente apto en un descarte comercial. Desde Balcarce, un grupo de investigadores argentinos decidió atacar ese problema desde el ADN.
El resultado es OLI INTA, la primera variedad de papa obtenida mediante edición génica registrada en la Argentina, desarrollada por el Laboratorio de Agrobiotecnología del INTA Balcarce. Su principal característica es que presenta mucho menor pardeamiento enzimático y mayor tolerancia visual frente a golpes y cortes, una condición especialmente relevante para la industria procesadora.
En diálogo con Palabra de Campo, la doctora Gabriela Massa, investigadora del INTA y del CONICET y docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata, explicó que detrás del resultado hubo prácticamente una década de investigación. El proyecto comenzó en 2017 dentro de la tesis doctoral de Matías González y continuó luego con ensayos a campo y el proceso necesario para registrar formalmente la nueva variedad.
Nueve años para “apagar” un gen de la papa
“Pensamos en apuntar a esta nueva tecnología biotecnológica que nos permite hacer mejoramiento en papa, que es la edición génica”, explicó Massa durante la entrevista. A diferencia de otras herramientas biotecnológicas, precisó, esta técnica permite realizar modificaciones muy específicas sobre el ADN sin incorporar ADN foráneo al genoma de la planta.
El equipo puso el foco en el denominado pardeamiento enzimático, el proceso por el cual los tejidos vegetales comienzan a oscurecerse cuando son cortados, golpeados o expuestos al aire. En la papa, esos daños pueden aparecer como los conocidos “moretones” internos que disminuyen su calidad comercial.
Los investigadores identificaron como objetivo al gen vinculado con una enzima denominada polifenol oxidasa y utilizaron edición génica para inactivarlo. “Si todo anduvo bien, va a ser igual que la original, nada más que va a tener un gen inactivado”, sintetizó Massa al describir el procedimiento desarrollado por el equipo de Balcarce.
Los resultados oficiales permiten cuantificar el cambio: OLI INTA presenta alrededor de 69% menos actividad de la enzima polifenol oxidasa y aproximadamente 73% menos pardeamiento, mientras que la documentación presentada ante el INASE determinó una reducción del pardeamiento relativo cercana al 74% respecto de la variedad Desiree.
Menos golpes visibles y menos papas descartadas
El objetivo no es meramente estético. Cuando una partida llega a la industria con una proporción elevada de tubérculos golpeados o ennegrecidos, una parte puede quedar afuera del procesamiento pese a que el daño no implique necesariamente un problema sanitario.
“Si llega una papa con muchos moretones, no la procesan, se descarta”, señaló Massa en Palabra de Campo. Allí aparece uno de los principales impactos potenciales del desarrollo: convertir una mejora genética en una herramienta para disminuir pérdidas de alimento y mejorar la eficiencia industrial.
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Información difundida sobre el desarrollo estima que el pardeamiento y los daños derivados de golpes pueden generar descartes de entre 20% y 30% de las papas cosechadas y transportadas, además de afectar partidas destinadas a papas fritas y chips. En una cadena que produce alrededor de 2,9 millones de toneladas anuales en Argentina, la posibilidad de reducir pérdidas adquiere una escala productiva significativa.
OLI INTA ya tiene registro oficial
El paso decisivo llegó en junio de 2026. Mediante la Resolución 261/2026, el Instituto Nacional de Semillas ordenó la inscripción de OLI INTA en el Registro Nacional de Cultivares y en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares, reconociendo oficialmente al INTA como obtentor.
La inscripción permite avanzar hacia su transferencia y utilización productiva. “Ya está disponible para hacer una transferencia porque ya está registrada, está con todas las de la ley”, remarcó Massa durante la entrevista.
Pero OLI INTA tiene además otro valor: funcionó como plataforma tecnológica para demostrar que la edición génica podía aplicarse exitosamente en papa dentro del sistema científico argentino. Ahora el equipo está trasladando ese conocimiento hacia materiales con una presencia mucho mayor en el mercado.
El próximo paso: llevar la tecnología a Spunta y Atlantic
OLI INTA deriva de la variedad Desiree, elegida inicialmente porque ofrecía buenas condiciones para desarrollar y ajustar la metodología durante la investigación. Sin embargo, el objetivo ahora es trabajar directamente sobre variedades utilizadas masivamente por productores, consumidores y procesadores.

“Estamos trabajando en variedades que sí son de uso comercial, como por ejemplo Spunta y Atlantic”, anticipó Massa. Spunta domina buena parte del mercado argentino de papa fresca, mientras que Atlantic tiene una fuerte utilización industrial, principalmente para la elaboración de chips.
Allí podría aparecer el verdadero salto de escala de la tecnología. Si la reducción del pardeamiento puede trasladarse manteniendo las características agronómicas e industriales buscadas en esos materiales, el beneficio podría incorporarse directamente a cadenas comerciales que ya funcionan a gran escala.
La próxima papa argentina que busca llegar a la góndola
El trabajo del INTA Balcarce no termina con OLI. Massa adelantó en Palabra de Campo que el equipo tiene otro desarrollo muy próximo al registro, denominado PIRU INTA, enfocado en resolver otro problema particularmente importante para la industria.
Esta nueva papa busca permitir el almacenamiento a bajas temperaturas sin perder calidad industrial y nutricional, una característica estratégica porque el frío puede aumentar la concentración de azúcares reductores y alterar el comportamiento de los tubérculos durante la fritura. El desarrollo aparece así como una segunda demostración de cómo la edición génica puede resolver problemas productivos muy específicos.
Argentina dio con OLI INTA un primer paso que va más allá de una papa que se mantiene clara después de un golpe. El desarrollo muestra una plataforma de mejoramiento capaz de intervenir características precisas del cultivo y trasladarlas posteriormente hacia variedades de interés comercial, con menos pérdidas, menor desperdicio y mayor eficiencia para la agroindustria.



