Argentina acaba de cerrar una de las mayores cosechas de trigo de su historia, con una producción cercana a las 28 millones de toneladas, pero detrás de ese récord aparece una preocupación que comienza a ganar espacio en toda la cadena: la calidad del cereal.
La situación fue resumida por Diego Cifarelli, presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM), quien definió el escenario actual como “la paradoja de la abundancia”. La producción fue extraordinaria en volumen, pero una parte importante del trigo no alcanzó los parámetros de calidad que necesita la industria para elaborar harinas destinadas a productos cada vez más exigentes.
“Tuvimos una cosecha extraordinaria que sorprendió a todos, pero lo abundante no siempre es amigo de la calidad”, explicó el dirigente durante una entrevista con Palabra de Campo.
La búsqueda de trigo de calidad disparó importaciones
La consecuencia más visible de este fenómeno es que algunos molinos argentinos comenzaron a importar partidas de trigo desde Paraguay.
Lejos de tratarse de una situación de desabastecimiento, la decisión responde a la necesidad de incorporar trigos mejoradores que permitan elevar los niveles de proteína y gluten de las mezclas utilizadas por la industria.
Según explicó Cifarelli, cuando determinados lotes de alta calidad llegaron a cotizar entre 290 y 300 dólares por tonelada, comenzó a resultar económicamente viable analizar alternativas de importación.
“No debemos ruborizarnos porque Argentina importe algunos lotes de calidad desde Paraguay. Son trigos mejoradores que permiten fabricar la harina que nuestros clientes exigen”, señaló.

La situación pone en evidencia un desafío creciente para toda la cadena: producir más ya no alcanza. Los mercados internacionales y la industria alimentaria demandan características específicas que requieren tecnología, manejo agronómico y una estrategia orientada a la calidad.
El trigo pesa cada vez menos en el precio del pan
Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue la recurrente discusión sobre el impacto del trigo en el precio del pan.
Para el presidente de FAIM, la incidencia de la materia prima es mucho menor de lo que suele suponerse.
“Hoy el trigo y la harina representan apenas alrededor del 14 % del valor de un kilo de pan, mientras que los impuestos, salarios, cargas sociales y costos operativos tienen una participación mucho mayor”, sostuvo.
El dirigente afirmó que el debate suele reaparecer cada vez que sube el precio del cereal, pero remarcó que la estructura de costos de una panadería moderna está dominada por otros factores.
La misma lógica se observa en otros productos elaborados. En las pastas frescas, por ejemplo, la harina representa apenas una pequeña fracción del costo final, mientras que en los fideos secos su incidencia resulta algo más elevada, aunque sigue siendo limitada frente al resto de los componentes de la cadena.
Consumo interno debilitado y cambios en los hábitos de compra
Cifarelli también advirtió que la demanda interna continúa mostrando señales de debilidad.
Por primera vez en muchos años, la molienda destinada al mercado doméstico no registró crecimiento durante el primer trimestre y se ubicó prácticamente en el mismo nivel que un año atrás.
El dirigente atribuyó parte de esa situación a la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores, aunque también destacó transformaciones en los hábitos de compra y en la estructura comercial del sector.
Las cadenas de panaderías que trabajan con productos preelaborados y horneados en el punto de venta ganaron participación en los grandes centros urbanos, especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, generando una competencia adicional para las panaderías tradicionales.
China aparece como una oportunidad histórica
Más allá de las dificultades vinculadas a la calidad, el dirigente se mostró optimista respecto de las perspectivas de exportación.
Uno de los datos más relevantes es el crecimiento de las ventas hacia China, un mercado que históricamente tuvo una participación limitada para el trigo argentino.
Según destacó, el gigante asiático ya adquirió cerca de 400.000 toneladas de trigo argentino, un volumen que podría multiplicarse si la experiencia resulta satisfactoria.
“Si China convalida el trigo argentino, puede comprarnos varios millones de toneladas en los próximos años”, afirmó.
La oportunidad, sin embargo, vuelve a poner el foco sobre la calidad.
Para consolidar mercados de alto valor y sostener el crecimiento exportador, Argentina deberá combinar dos variables que históricamente no siempre avanzaron juntas: cantidad y calidad.
“Tenemos que dar la discusión de producir todo el trigo posible, pero también toda la calidad posible. Ahí está el verdadero desafío para la próxima etapa del cultivo”, concluyó Cifarelli.


