La receta vasca que inquieta al campo argentino: competir para crecer y cooperar para permanecer
La experiencia de Mondragón fue una de las voces externas más resonantes del Congreso Nacional de Productores AFA 4.0 celebrado en Rosario. El modelo cooperativo vasco plantea una alternativa concreta para conciliar competitividad y bienestar comunitario en el agro argentino.
¿Por qué importa este ejemplo para los productores y las cooperativas locales? Porque en un contexto de necesidad de escala, tecnología y acceso a mercados, la pregunta central es cómo crecer sin perder el arraigo social.
Un modelo español para las cooperativas
Mondragón agrupa hoy a 92 cooperativas y a más de 70.000 trabajadores, y su presencia fue contada por Ander Etxeberria, responsable de Difusión de la cooperativa. Ese tamaño no contradice su premisa fundacional: la rentabilidad es necesaria pero no el fin último, sino el medio para sostener empleo y comunidad.
La lógica del grupo se resume en una idea directa de Etxeberria: las cooperativas tienen que ganar dinero, pero importa para qué se usa ese dinero. La prioridad no es la acumulación de capital, sino reinvertir en la empresa y en servicios que beneficien al conjunto del territorio.
El origen del movimiento se remonta a la llegada del sacerdote José María Arizmendiarrieta a Mondragón en 1941, y a la fundación de la primera cooperativa en 1956. Fueron años de construcción cultural y educativa que Etxeberria compara con un sirimiri, una llovizna persistente que termina empapando todo.
Ese proceso convirtió al cooperativismo en un ecosistema que incluye educación, salud, vivienda y financiación vinculadas entre sí. La interdependencia de esos servicios es, según Etxeberria, una de las fortalezas que permite sostener empleo en crisis.
El trabajo como prioridad cooperativa
La gobernanza interna se basa en la democracia: un socio, un voto, sin que el capital determine por sí solo las decisiones estratégicas. Ese mecanismo protege la toma de decisiones locales y evita que el tamaño financiero concentre el poder sobre el territorio.
Cuando una cooperativa atraviesa dificultades, la respuesta orgánica no es dejar caer a las personas sino intentar reubicarlas dentro del entramado. Mondragón prioriza la preservación del empleo y facilita que el conocimiento y la experiencia permanezcan en el ecosistema productivo.
La misión declarada del grupo es crear empleo de calidad, y que ese empleo pague un salario digno de manera estable. Para Etxeberria esa es una de las formas más efectivas de mejorar la sociedad local y reducir riesgos sociales a largo plazo.
Competir sin perder el arraigo
El modelo no implica renunciar a la globalización: muchas empresas de Mondragón compiten internacionalmente y están presentes fuera de Euskadi. La diferencia es que la expansión externa no obliga a abandonar el lugar de origen ni a deslocalizar la fuerza de trabajo.
En una asamblea en la que cada socio vota, trasladar una fábrica a cientos de kilómetros o a otro país es una decisión poco probable, según la experiencia compartida en Rosario. Lo habitual es apretarse el cinturón, invertir en investigación y desarrollo y buscar alternativas para mantener la actividad local.
Lecciones para el agro argentino
El relato vasco resonó con fuerza entre los productores argentinos porque conecta directamente con dilemas cotidianos del asociativismo agropecuario: escala, tecnología, acceso a mercados y arraigo territorial. La experiencia plantea que son compatibles la competitividad global y el retorno de valor a la comunidad.
La pregunta abierta para el sector es si es posible crecer sin resignar el arraigo y hacer negocios sin dejar de pensar en el otro. AFA 4.0 y las futuras iniciativas del agro argentino deben decidir si adoptan mecanismos de gobernanza y distribución que prioricen empleo y desarrollo local.
La versión vasca ofrece una respuesta práctica construida en siete décadas de prueba y ajuste, cuya transferencia al campo no es automática pero sí inspiradora. La disyuntiva no es técnica: es política y cultural, y exige acuerdos entre productores, cooperativas y Estado para que la competitividad sirva también al territorio.




