Economías regionales: la paradoja exportadora que revela el “otro agro” argentino
Un informe del economista Jorge Day, del IERAL de la Fundación Mediterránea, advierte sobre una paradoja en las economías regionales argentinas.
A pesar de un tipo de cambio real bajo y de precios internacionales que se ubican cerca de un piso histórico, las exportaciones por volumen de varios productos regionales están creciendo.
La dinámica sorprende porque, en teoría, un dólar menos competitivo debería reducir la capacidad de venta externa de productos agroindustriales.
Sin embargo, según el análisis, algunas cadenas alcanzan niveles que pueden considerarse de récord en términos de volumen.
Qué es el “otro agro” y por qué importa
Day define al “otro agro” como actividades que operan con menores escalas, mayor distancia a puertos y una mayor intensidad de mano de obra.
Se trata de cultivos y agroindustrias que van más allá de la soja, el maíz o la carne, incluyendo vinos, frutas, legumbres, ajo, arroz, yerba mate, jugos y aceite de oliva.
Estas cadenas suelen depender en mayor medida de sus precios de exportación y de la evolución del tipo de cambio real para definir su rentabilidad.
Además, muchos de estos productos no son commodities estándar: presentan grados de diferenciación, variedades y nichos de mercado que influyen en su demanda.
Impacto regional y señales para la política pública
El crecimiento de volúmenes exportados tiene un impacto directo sobre el empleo y la actividad en ciudades y pueblos del interior del país.
Cuando las cadenas regionales exportan más, se activa la oferta de servicios, transporte y agroindustrias locales que sostienen economías rurales.
Pero la dependencia de la exportación y de la percepción del dólar deja a estos sectores vulnerables frente a cambios abruptos en la cotización y en los precios internacionales.
Por eso, registrar aumentos de volumen con un dólar real bajo llama la atención: es una señal de resiliencia productiva o de reacomodos en la demanda global.
Cómo influyeron décadas previas y qué enseñan
El informe recuerda que durante gran parte de la primera década del siglo XXI el contexto fue relativamente favorable para estas actividades.
En 2007, por ejemplo, el dólar era considerado caro en términos reales y equivalía a más de $2.500 a precios actuales, mientras los precios de exportación tendían a subir.
Aquella combinación impulsó inversiones y mejoras en calidad que ayudaron a posicionar productos diferenciados en mercados externos.
Hoy, con precios internacionales más bajos, la capacidad de competir recae en la calidad, la logística y la diversificación de destinos.
Desafíos y oportunidades para sostener los envíos
Entre los principales desafíos aparecen la logística de transporte, el acceso al financiamiento y la escala productiva para agregar valor local.
La distancia a los puertos y la necesidad de infraestructura de frío o procesamiento elevan costos y reducen márgenes en cadenas perecederas.
Pero también existen oportunidades: la diferenciación por calidad y el acceso a nichos premium permiten capturar precios superiores a los de los commodities.
Si se combinan políticas públicas orientadas a mejorar rutas, digitalizar procesos y facilitar crédito, las economías regionales pueden consolidar esos volúmenes crecientes.
Qué mirar en los próximos meses
Los analistas seguirán de cerca la evolución del tipo de cambio real, las tendencias de demanda en mercados clave y la variación de los precios internacionales.
Para productores y tomadores de decisión, el desafío es traducir el volumen actual en mayor valor agregado y en empleo local sostenido, sin depender exclusivamente de la volatilidad externa.




