Apertura del primer almacén especializado en carne de guanaco ofrece productos a precios muy económicos

En Río Gallegos abrió el primer almacén exclusivo de carne de guanaco en la provincia de Santa Cruz, una apuesta por transformar un recurso abundante en productos de consumo cotidiano con identidad regional. La iniciativa busca pasar del nicho gourmet a la compra diaria, combinando valor agregado, educación al consumidor y una cadena productiva local.

Detrás del proyecto está Ricardo López, de Lihuen, quien asegura ser “el único” con RNPA para productos derivados de guanaco en el país y que lleva 15 años promoviendo esta carne en cartas locales. Su objetivo ahora es que la proteína llegue a las mesas santacruceñas en formatos accesibles y listos para cocinar.

La propuesta rompe con experiencias previas centradas en turismo o alta gastronomía, porque apunta a un público masivo interesado en alternativas alimentarias más magras y naturales. En ese sentido, el almacén pretende reducir barreras culturales y facilitar la incorporación de la carne de guanaco al hogar cotidiano mediante productos prácticos y precios competitivos.

Qué ofrece Lihuen y cuáles son los precios

El local vende cortes y productos congelados, preparados y cocidos, incluyendo hamburguesas, milanesas y embutidos, además de escabeches y jamón envasado al vacío. Entre los precios de referencia se anuncian carne picada a $6.500 el kg, paleta a $5.950 el kg y bife a $9.390 el kg, mientras que las achuras oscilan entre $4.800 y $11.050 el kg.

En productos elaborados se ofrecen hamburguesas entre $2.000 y $3.000, milanesas a $9.000 el kg y paquetes como kebab y albóndigas en formatos familiares alrededor de $4.000. López destaca que con estos precios la carne de guanaco resulta más económica que la de vaca en el mercado local y, además, más fácil de incorporar en recetas populares.

El almacén también funcionará como espacio didáctico, con charlas abiertas sobre cortes y modos de cocción orientadas especialmente a quienes cocinan en los hogares. La propuesta educativa busca “desmitificar” supuestos sobre el sabor, la dureza o el olor de la carne de guanaco y explicar cómo el proceso de faena y el trabajo del frigorífico influyen en la terneza.

Valor nutricional y articulación público-privada

El INTA realizó un estudio de calidad en la Estación Experimental Agropecuaria Santa Cruz que destaca a la carne de guanaco como una proteína de alta calidad y bajo contenido graso. Según ese trabajo, de cada 100 gramos de carne, 24 g son proteína y hay menos de 1 g de grasas totales, atributos que la posicionan como una alternativa magra y con atractivo para consumidores orientados a la salud.

El proyecto se apoya en un convenio público-privado con el frigorífico Montecarlo, que provee la carne y comercializa en la provincia con expectativas de ampliar la distribución al resto del país. La alianza, impulsada por la Secretaría de Comercio e Industria provincial, combina la capacidad de faena y logística del frigorífico con la comercialización y el desarrollo de productos de Lihuen.

Para las autoridades, la iniciativa surge de una necesidad de reconversión productiva y de articular actores para proyectos complejos que generen valor local. Paulo Lunzevich, titular del área, resaltó que transformar un “problema” de manejo en una posibilidad productiva es el objetivo central de la política que acompaña esta experiencia.

Desafíos, oportunidades y sostenibilidad

El desafío principal es escalar la demanda sin perder estándares sanitarios ni la trazabilidad que exige la comercialización masiva de carne de origen silvestre o semicriado. A nivel social, la barrera cultural también es relevante: el proyecto apuesta por educación y accesibilidad para que la carne de guanaco deje de ser una rareza y se incorpore a preparaciones cotidianas.

En términos de mercado, la tendencia de consumo hacia proteínas magras y naturales abre una ventana de oportunidad para carnes alternativas con identidad territorial, y la Patagonia puede capitalizar ese valor diferenciado. Si se consolida la cadena, la experiencia podría generar impacto en la economía local mediante empleo, vínculo con el frigorífico y circulación de productos en ferias y comercios regionales.

No obstante, la expansión exige atención en manejo poblacional, normativa y conservación para que la explotación sea sostenible y compatible con la biodiversidad patagónica. El éxito dependerá de regulaciones claras, controles de calidad y de que la oferta sea percibida por el consumidor como segura, nutritiva y práctica para el día a día.

La apertura del almacén en Río Gallegos representa así una prueba piloto con lecciones para otras iniciativas rurales: agregar valor a recursos locales, educar al consumidor y articular actores son condiciones para generar nuevas cadenas de valor. Si el proyecto funciona, la carne de guanaco podría dejar de ser solo una postal patagónica y convertirse en una alternativa alimentaria con impacto económico y cultural en la región.

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