Mientras la cosecha de soja entra en su tramo final, la campaña 2025/26 se perfila con una producción cercana a 51,1 millones de toneladas, pero los productores afrontan un escenario con luces y sombras. El grano recuperó capacidad de compra para inversiones en maquinaria y bienes de capital, aunque sigue perdiendo terreno frente a costos esenciales como el gasoil, los fletes y la reposición ganadera.
Así lo refleja el último informe de Monitor Insumo-Producto elaborado por Coninagro, que compara la relación entre precios de productos agropecuarios y una canasta amplia de insumos entre mayo de 2026 y mayo de 2025. El relevamiento busca medir de forma mensual cómo varía el poder de compra de cultivos, hacienda y leche frente a costos operativos y bienes de capital.
El estudio analiza más de 20 variables que impactan en la actividad, desde fertilizantes y herbicidas hasta transporte, combustible y maquinaria. Esa amplitud permite identificar no solo la evolución de la capacidad de compra sino también las tensiones puntuales que afectan la competitividad del productor.
En el caso de la soja, el informe muestra un comportamiento mixto en la campaña 2025/26: por un lado la oleaginosa necesita menos toneladas para invertir en bienes de capital, pero por otro requiere más grano para cubrir gastos operativos cotidianos. Esa dualidad marca decisiones concretas de si privilegiar renovación de equipos o cubrir costos corrientes.
David Miazzo, del equipo económico de Coninagro, resumió que la soja “ha ganado poder de compra frente a inversiones clave y maquinaria, pero viene cediendo terreno frente a costos como el gasoil, los fletes y la reposición ganadera”. La advertencia apunta a que las mejoras en ciertos rubros no alcanzan para neutralizar presiones en otros esenciales.
El marco productivo acompaña parcialmente el panorama, con rindes favorables en las principales regiones que explican la proyección de cosecha. Sin embargo, volumen no equivale automáticamente a equilibrio de costos para las empresas agropecuarias.
Cómo mejora el poder de compra para inversiones
El mayor alivio reportado por el Monitor se observa en bienes de uso y capital: para construir hoy se necesitan apenas 2 toneladas de soja, lo que implica una mejora interanual del 12,9 %, aunque el costo todavía está por encima del promedio histórico. En materia inmobiliaria, comprar un metro cuadrado demanda actualmente 6,8 toneladas de soja, una mejora del 19,4 % frente al año anterior.
La relación con la maquinaria también mostró alivio: adquirir una camioneta Hilux 4×4 hoy exige 115 toneladas de soja, un descenso del 16,8 % interanual y uno de los pocos bienes por debajo del promedio histórico. Para un tractor se necesitan 430 toneladas, lo que representa una mejora del 18,4 %, y las sembradoras hoy demandan 338 toneladas, con un abaratamiento relativo del 21,3 %.
La mayor recuperación se verifica en las cosechadoras, donde la relación pasó de 1.768 toneladas a 1.283 toneladas de soja por unidad, una mejora interanual del 27,4 %. Ese alivio en equipos de gran porte puede impulsar renovación tecnológica y eficiencia de trilla en la próxima campaña.
Los costos que siguen presionando
El contraste más claro surge en la reposición ganadera: hoy se requieren 14,5 kilos de soja para comprar 1 kilo de ternero, un incremento del 16 % respecto a la campaña anterior y un valor que se ubica 64,3 % por encima del promedio de los últimos cinco años. Esa pérdida relativa del grano frente a la hacienda complica estrategias de reconversión o retención de vientres.
El combustible es otro factor crítico: el informe registra que hacen falta 5,1 kilos de soja para adquirir 1 litro de gasoil, lo que representa un deterioro del 17 % frente al año pasado y del 48 % respecto al promedio de los últimos cinco años. En logística, aunque el productor necesita un 2 % menos de soja que hace un año para pagar un flete, todavía requiere un 33 % más de grano que el promedio del lustro.
En insumos puntuales también hay variaciones: el relevamiento muestra que hoy se necesita 5 % más de soja para adquirir gasoil que hace un año, mientras que para comprar fosfato monoamónico la relación mejora y se requiere un 7 % menos de grano. Esos contrastes subrayan la heterogeneidad de presiones según el insumo analizado.
Para Coninagro, los datos confirman que los buenos volúmenes proyectados no bastan por sí solos para resolver los desafíos económicos del sector. El Monitor evidencia que persisten brechas de competitividad, sobre todo en aquellos rubros donde los costos crecen por encima de la capacidad de recuperación del precio del grano.
La lectura práctica para el productor es doble: aprovechar la ventana para sustituir o modernizar equipos donde la relación de precios mejoró, y al mismo tiempo buscar estrategias de gestión de riesgo y eficiencia para mitigar el impacto de gasoil y fletes. La definición de políticas públicas y herramientas financieras será clave para que el crecimiento productivo se traduzca en mejoras sostenibles de rentabilidad.


