Bahillo: “Yo no estoy de acuerdo con volver a restringir las exportaciones de carne”

El exsecretario de Agricultura defendió la previsibilidad ganadera y pidió recuperar la confianza de los productores. También cuestionó la falta de políticas activas para sostener la rentabilidad.

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Juan José Bahillo marcó una definición sobre uno de los asuntos que más tensión generó entre el campo y la política: rechazó volver a restringir las exportaciones de carne vacuna. El exsecretario de Agricultura de la Nación sostuvo que la producción necesita reglas estables y que el abastecimiento de las familias argentinas debe cuidarse sin convertir al mercado externo en un adversario.

“Yo no estoy de acuerdo con volver a restringir las exportaciones de carne”, afirmó en una entrevista con Daniel Aprile en Palabra de Campo. Su posición se inscribe en una discusión más amplia sobre la confianza del productor, el papel del Estado y las condiciones para invertir en ciclos ganaderos que llevan varios años.

El exministro de Producción de Entre Ríos también cuestionó al Gobierno por lo que considera una ausencia de políticas activas para el sector primario. Separó el crecimiento de los volúmenes producidos de la rentabilidad de cada establecimiento y advirtió que una buena cosecha no permite suponer que todos los productores mejoraron en la misma proporción.

Recuperar confianza también exige revisar decisiones

Consultado por las intervenciones de gobiernos peronistas que generaron malestar en el campo, Bahillo reconoció esa historia y evitó trasladar la responsabilidad a los productores. Mencionó restricciones comerciales de otros períodos y consideró que la relación política quedó marcada por aquellas medidas, aun cuando después se modificaran algunas decisiones.

“Nosotros somos nosotros los que tenemos que generar confianza y las medidas asertivas”, sostuvo. El énfasis estuvo puesto en la obligación de la dirigencia de ofrecer señales consistentes, más que en pedir al sector que deje de recordar los conflictos. La confianza aparece, en su planteo, como una tarea que debe construirse con decisiones.

Bahillo defendió actuaciones de su gestión y discutió la descripción de un sistema de restricciones generalizadas. También reconoció que existían limitaciones sobre determinados cortes. Su interpretación de ese período forma parte de una controversia política y no elimina las diferencias que expresó el sector ganadero sobre aquellas intervenciones.

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Un novillo no se produce de un día para otro

El argumento productivo que utilizó para pedir estabilidad fue la duración del proceso ganadero. Desde la reproducción hasta la recría y la terminación de un animal para exportación transcurren etapas que no pueden interrumpirse y retomarse sin costos. Una modificación repentina de las reglas alcanza inversiones que comenzaron mucho antes.

El exfuncionario estimó que ese recorrido puede superar los mil días. Por eso planteó que las decisiones públicas deben considerar el tiempo biológico, además de la urgencia de un precio o de una coyuntura comercial. Cuando una empresa reduce actividad o deja la cadena, la reconstrucción demanda capital y también años de trabajo.

La previsibilidad no supone, en su visión, que el mercado quede inmóvil. Se refiere a que el productor pueda evaluar una inversión sin enfrentar cambios abruptos en las condiciones esenciales para vender. Genética, alimentación, infraestructura y manejo forman parte de decisiones cuyo resultado se verifica mucho después del desembolso.

Exportar y abastecer a las familias

Bahillo defendió aprovechar los segmentos internacionales que pagan mejor por la carne argentina. Consideró que existe una oportunidad comercial que debe desarrollarse, al tiempo que reclamó observar de cerca el acceso local a los alimentos. Su planteo combina ambos objetivos y rechaza reducir la discusión a una opción excluyente.

“Tenemos productores y capacidad de producción para abastecer ambos frentes”, afirmó. La frase expresa la orientación que propone para la política ganadera: ampliar las posibilidades de venta sin perder de vista la demanda interna. El desafío, según esa mirada, es generar condiciones productivas para sostenerlas simultáneamente.

También reconoció que la composición del consumo cambió. La mayor presencia de pollo y cerdo, junto con hábitos familiares diferentes, vuelve poco probable un regreso automático a las cantidades históricas de carne vacuna por habitante. Esa transformación requiere observar el conjunto de la oferta, sin confundir kilos de carne con kilos de proteína nutricional.

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Qué lugar podrían tener las importaciones

Consultado por un escenario con más exportaciones y compras externas de carne, Bahillo no descartó importaciones transitorias. Las vinculó con una necesidad coyuntural de abastecimiento y con la posibilidad de no perder mercados en el exterior. No propuso reemplazar la producción local ni presentarlas como una solución permanente.

“Alguna importación transitoria yo no lo vería mal”, señaló, dentro de un razonamiento que mantuvo como prioridad el acceso de las familias a los alimentos. La conveniencia de esa alternativa dependería de las circunstancias concretas y de su articulación con la producción nacional.

La definición se diferencia de una lectura que considera incompatibles, por principio, las ventas y las compras externas. Para el exsecretario, la discusión debe centrarse en los resultados sobre el abastecimiento y en las señales que recibe quien produce, antes que en una oposición automática entre ambas operaciones.

Más toneladas no equivalen a más margen

La crítica de Bahillo al Gobierno se concentró en los costos y la falta de herramientas que, a su entender, sostengan a los establecimientos frente a situaciones adversas. Indicó que el productor planifica observando el margen bruto y que la eliminación de regulaciones no alcanza por sí sola para explicar un aumento del rendimiento.

“Esa combinación de profesionalismo de los productores con condiciones climáticas favorables generaron este volumen de producción”, afirmó. Es su evaluación de las causas de los resultados agrícolas. A partir de ella cuestionó que se utilicen cifras agregadas como si describieran automáticamente el desempeño económico individual.

Su propuesta reúne una revisión del vínculo político con el campo y una demanda de intervención pública en momentos específicos. La definición que atraviesa toda la entrevista es que la ganadería necesita confianza para crecer. En ese marco, rechazó nuevas restricciones exportadoras y pidió políticas que permitan producir, invertir y abastecer mercados durante varios años.

Fuente: entrevista de Daniel Aprile en Palabra de Campo, Radio Splendid AM 990.

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