Tonelli prevé menos consumo de carne vacuna y una ganadería cada vez más exportadora

El consultor proyectó una caída de entre 5 y 8 kilos por habitante en la próxima década. Explicó por qué exportar e importar pueden formar parte del mismo negocio.

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El futuro de la ganadería argentina no puede planificarse suponiendo que el mercado interno volverá a absorber las cantidades de carne vacuna de otras décadas. Víctor Tonelli considera que el cambio en la composición de la dieta continuará y que las exportaciones ganarán peso en el negocio. Para el consultor, la respuesta pasa por adaptarse a los compradores y buscar valor para cada producto.

En una entrevista con Daniel Aprile en Palabra de Campo, el especialista en ganados y carnes proyectó que el consumo de carne vacuna podría reducirse entre 5 y 8 kilos por habitante durante los próximos diez años. Se trata de una estimación del entrevistado basada en la tendencia histórica que describió, y no de un resultado inevitable ya medido.

“Hace seis décadas que el promedio de caída por habitante y por año son cinco kilos a seis kilos por década”, sostuvo. Su planteo fue que la menor presencia relativa de carne bovina convive con el crecimiento del pollo y del cerdo. Mirar solamente una de esas proteínas puede dejar fuera una parte importante del cambio alimentario.

La dieta cambia y obliga a revisar el negocio

Tonelli comparó una Argentina que consumía mucha más carne vacuna y menos pollo y cerdo con otra donde las tres ofertas compiten de manera diferente. No presentó esa sustitución como una prohibición de comer ni como un abandono completo del producto bovino. La utilizó para señalar que la demanda tiene una trayectoria que la producción necesita considerar.

El consultor vinculó esa evolución con lo que ocurre en otros mercados. La diversificación de carnes modifica el lugar que ocupa cada especie en la compra cotidiana. Para una empresa ganadera, eso vuelve insuficiente diseñar inversiones sobre la expectativa de recuperar automáticamente los consumos bovinos de varias décadas atrás.

“Inexorablemente vamos a consumir menos carne vacuna y más carne de cerdo”, afirmó al exponer su proyección. El énfasis corresponde a su interpretación de la tendencia. Su conclusión empresarial es que quien piensa en el crecimiento futuro debe incorporar los mercados internacionales a la planificación, aun cuando el consumo local siga siendo relevante.

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Exportar exige conocer qué pide cada destino

El crecimiento externo, en su visión, no se limita a aumentar toneladas. Requiere adecuar calidad, documentación y condiciones productivas a las demandas del cliente. Un mercado puede buscar cortes de alto valor y otro productos destinados a elaboración industrial. Esa diferencia influye en la manera de integrar comercialmente la res.

Tonelli estimó que la participación exportadora podría seguir aumentando en los próximos años. Los porcentajes que mencionó durante la entrevista expresan su lectura del negocio y de su posible evolución. La señal para el productor es que las decisiones de hoy deberían contemplar una demanda internacional más importante en el resultado final.

Por eso insistió en que las exigencias sanitarias y comerciales no son asuntos secundarios. Las reglas cambian, aparecen restricciones y se abren oportunidades. La capacidad de responder a un comprador ayuda a sostener alternativas cuando otro mercado atraviesa dificultades. Esa preparación tiene valor incluso antes de concretar una venta.

Por qué importar no contradice la exportación

Uno de los puntos más directos de la entrevista fue su defensa de la convivencia entre exportaciones e importaciones. Tonelli planteó que distintos países productores realizan ambas operaciones porque no todos los productos tienen los mismos usos ni los mismos valores. La comparación necesita considerar qué sale, qué entra y a qué destino comercial va cada mercadería.

“Todos exportan e importan”, resumió al describir ese funcionamiento en varios mercados. Para la Argentina, sostuvo que una parte importante de lo importado puede orientarse a manufactura y elaboración de alimentos. En ese caso, no necesariamente se trata del mismo producto que se coloca en un segmento externo de mayor precio.

El consultor defendió la lógica de vender productos mejor remunerados y comprar otros que permitan completar una demanda específica. Su argumento no equivale a afirmar que cualquier importación resulte conveniente. Propone evaluar la relación entre valores, volúmenes y usos antes de interpretar ambas corrientes como operaciones incompatibles.

La inundación puede cambiar la calidad de la oferta

Tonelli también analizó cómo los anegamientos del Litoral pueden afectar el momento de salida de la hacienda. El traslado de animales desde las islas a otros campos modifica el proceso de terminación y puede sobrecargar las superficies receptoras. Salvar el rodeo no significa que el engorde continúe sin alteraciones.

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“Eso va a demorar los procesos de envío a faena de animales terminados”, explicó. En su lectura, pueden aparecer ventas de animales sin completar el estado buscado y destinos de manufactura distintos de los que absorben hacienda terminada para consumo o exportación de calidad. La oferta debe observarse por categoría y condición, además de por número de cabezas.

El consultor diferenció el impacto agregado de las pérdidas individuales. “A nivel individual es gravísimo”, afirmó sobre los productores afectados. La anticipación al fenómeno permite reducir algunos riesgos, pero los establecimientos pequeños enfrentan limitaciones económicas para trasladar animales, alquilar campos o sostenerlos durante la emergencia.

Prepararse para un mercado que seguirá cambiando

La discusión reúne así dos escalas de tiempo. Una es la urgencia de una inundación que altera movimientos y terminaciones. La otra es la transformación del consumo que obliga a pensar inversiones ganaderas de varios años. Confundir ambas puede llevar a interpretar un movimiento de corto plazo como si fuera una tendencia permanente.

Tonelli propuso entrenarse para un comercio internacional más cambiante. En lugar de esperar condiciones estables para siempre, pidió construir capacidad de adaptación. Esa mirada exige información, alternativas de destino y una lectura precisa de los productos que la empresa puede ofrecer.

Su mensaje final es que la ganadería debe prepararse para vender de otra manera. Un consumo bovino diferente no elimina el negocio, pero modifica sus apoyos. Para el productor y la industria, el desafío consiste en convertir esa transformación en mercados y valor, sin perder de vista las necesidades del abastecimiento interno.

Fuente: entrevista de Daniel Aprile en Palabra de Campo, Radio Splendid AM 990.

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