Negocio bajo perfil multiplica por veinte sus exportaciones y posiciona al país en ranking estadounidense

Las exportaciones argentinas de sebo bovino superaron las 154.000 toneladas en 2025 y ubicaron al país como el cuarto proveedor global; la creciente demanda de Estados Unidos para producir diésel renovable fue clave para transformar la actividad

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En menos de una década, el sebo bovino argentino dejó de ser un subproducto marginal para convertirse en un insumo estratégico en el comercio internacional, impulsado por la demanda de biocombustibles en Estados Unidos. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), las exportaciones pasaron de 6.819 toneladas en 2015 a 154.808 toneladas en 2025, por un valor aproximado de USD 125,2 millones.

Ese salto convierte a la Argentina en uno de los protagonistas globales: el país avanzó del puesto 15 al 4 entre los exportadores mundiales de sebo bovino en apenas diez años, con una participación del 7,8 % del mercado en 2025. La BCR subraya que la explicación del fenómeno es más externa que local, vinculada a un reordenamiento global provocado por cambios en la política energética estadounidense.

Cómo la demanda estadounidense reconfiguró el mercado

El núcleo del cambio fue la expansión de la industria del diésel renovable en Estados Unidos, que comenzó a usar grasas animales como materia prima para producir combustibles con menor intensidad de carbono. La BCR cita datos de la Energy Information Administration (EIA) que muestran que la producción de diésel renovable pasó de 7,2 millones de barriles anuales en 2018 a 69,4 millones en 2025.

El consumo estadounidense de grasa bovina para biocombustibles se disparó de unas 75.000 toneladas mensuales en 2021 a un máximo cercano a las 450.000 toneladas hacia fines de 2025, un aumento superior al 720 %. Ese crecimiento hizo que Estados Unidos dejara de exportar parte de su oferta y pasara a concentrar buena parte de la demanda global, abriendo espacios para proveedores del hemisferio sur.

El sebo ofrece ventajas técnicas para la industria de combustibles renovables y de aviación sostenible, especialmente por su menor intensidad de carbono en comparación con muchos aceites vegetales. Ese indicador es clave para los programas de incentivos estadounidenses, que premian combustibles con menores emisiones en su ciclo de vida.

Impacto en la cadena local y en destinos de exportación

En Argentina, la transformación del mercado externo tuvo efectos concretos: mientras que el volumen faenado aumentó apenas un 25 % en casi 15 años, las exportaciones de sebo crecieron un 4.480 %, lo que demuestra que la variación responde más a la demanda internacional que a cambios en la producción nacional. La BCR destaca que la industria local de biocombustibles no incorpora grasas animales, ya que el país produce biodiésel principalmente a partir de aceite de soja, por lo que la mayor parte del sebo disponible se dirige al exterior o a usos industriales tradicionales.

Los destinos cambiaron con rapidez: mientras que entre 2018 y 2022 los principales compradores fueron Países Bajos y Brasil, en el promedio 2023-2026 Estados Unidos concentró cerca del 60 % de los envíos argentinos y Uruguay absorbió alrededor de una cuarta parte. No obstante, desde 2026 el crédito impositivo estadounidense 45Z excluye al sebo bovino importado, y en los primeros siete meses de ese año las exportaciones argentinas hacia EE. UU. bajaron un 4 % frente al mismo período de 2025.

Brasil fue uno de los grandes beneficiados del reordenamiento: hace diez años ocupaba el puesto 31 y exportaba menos de 1.000 toneladas anuales; en 2025 llegó al 2o lugar con 402.000 toneladas, prácticamente al nivel de Australia, que lidera el ranking. La BCR concluye que la demanda estadounidense sigue superando su capacidad de abastecimiento interno, por lo que las importaciones podrían mantenerse pese a las medidas fiscales.

Para el sector argentino, el desafío ahora es gestionar una ventana de oportunidad cuyo futuro depende de las políticas externas, las reglas de incentivo y la volatilidad de los precios internacionales. En ese escenario, la capacidad de prever cambios regulatorios y diversificar destinos será clave para convertir el auge del sebo en una ventaja sostenida para el agro y la industria nacional.

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