Las tormentas severas y el granizo marcaron el inicio de la campaña agrícola 2026/27 y pusieron nuevamente al seguro agropecuario en el centro de la discusión. Carlos Comas, gerente de Riesgos Agropecuarios de La Segunda Seguros, describió una temporada con un volumen de denuncias muy superior al habitual y reclamó una política nacional que ayude a sostener la cobertura.
“Arrancamos una campaña muy agitada con el tema de siniestros”, explicó Comas en diálogo con Palabra de Campo. Durante agosto y septiembre, la compañía recibió entre 500 y 600 denuncias promedio, cuando en otros años registraba entre 100 y 200. El fenómeno se repitió después de varias tormentas que atravesaron el este de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.
El especialista mencionó daños en la zona de Marcos Juárez, el sur santafesino, Río Cuarto y el oeste entrerriano. En algunos casos la piedra no produjo pérdidas totales, pero afectó una gran cantidad de lotes. La evaluación debe esperar porque las plantas pueden quebrarse días después o recuperarse parcialmente mediante la foliación.
La tasación como proceso biológico
La denuncia de un siniestro se inicia hoy con un clic. La agencia carga el caso, el tasador recibe la información en su teléfono y se pone en contacto con el asegurado para coordinar la visita. Sin embargo, la velocidad administrativa no elimina la complejidad agronómica.
“Las plantas son seres vivientes que van cambiando. No es matemática”, explicó Comas. Por ese motivo, la tasación necesita considerar la evolución del cultivo, el momento del daño y la capacidad de recuperación. Una planta golpeada por granizo puede mostrar un deterioro inmediato, pero el impacto final sobre el rendimiento dependerá del estado fenológico y de las condiciones posteriores.
La digitalización permite agilizar la comunicación y ordenar los datos, pero la decisión sigue requiriendo conocimiento de campo. La observación directa se combina con imágenes, registros meteorológicos y herramientas de análisis para construir una estimación más precisa.
Tecnología e inteligencia artificial
Comas participó en un seminario internacional realizado en Múnich, donde compañías de Europa y Latinoamérica intercambiaron experiencias sobre suscripción, tasación y gestión de siniestros. Su conclusión fue que la región no está rezagada en tecnología.
“Hoy no hay brechas entre lo que pasa de un lado del mundo con el otro”, afirmó. La globalización, internet, las imágenes satelitales y la inteligencia artificial atraviesan a las aseguradoras de distintos países. El desafío consiste en convertir esas herramientas en decisiones confiables para el productor.
La inteligencia artificial puede ayudar a detectar superficies afectadas, comparar lotes y acelerar la respuesta. No reemplaza al perito, pero permite que el trabajo de campo se concentre en los casos que requieren interpretación. La combinación de información satelital, datos climáticos y recorridas puede reducir tiempos sin perder calidad.
Fondos provinciales y gestión del riesgo
La Segunda trabaja con esquemas de seguros y fondos de riesgo en distintas provincias. Comas señaló experiencias en Mendoza y San Juan para pequeños productores de vid, y en Entre Ríos para horticultura y granos. También mencionó proyectos vinculados con más de 50.000 hectáreas de pequeños productores de girasol.
La lógica es compartir el riesgo entre compañías y estados. “Siempre conformamos un pool de aseguradores”, explicó. En Entre Ríos participan ocho aseguradoras, una forma de diversificar la exposición y evitar que un solo evento ponga en riesgo la capacidad de respuesta.
El modelo provincial puede ser un punto de partida, pero no reemplaza una estrategia nacional. Para Comas, la falta de coordinación deja grandes zonas productivas sin protección suficiente frente a eventos cada vez más severos.
Una ley nacional pendiente
El gerente de La Segunda sostuvo que Argentina necesita una ley marco de seguros agropecuarios que incluya agricultura, ganadería, acuicultura y fruticultura. A su entender, el debate suele confundirse al reducirlo a un seguro multirriesgo, que es una cobertura y no una política integral.
“Esto no estoy inventando nada, esto es España”, dijo al comparar la situación local con el sistema español, que cuenta con una ley desde 1978. En Estados Unidos, el Farm Bill subsidia una parte significativa de las primas para sostener la producción y el arraigo rural. En ambos casos, el seguro se vincula con la seguridad alimentaria y con la decisión de que las personas sigan produciendo en el campo.
También cuestionó la carga impositiva. Según explicó, más del 30% del costo que paga el productor por una póliza corresponde a impuestos y tasas. Esa estructura encarece la cobertura y desalienta la contratación, especialmente entre pequeños y medianos productores.
Primas más altas y coberturas en riesgo
El aumento de la siniestralidad ya se refleja en las tarifas. Comas señaló que la tasa de helada para cultivos de cosecha fina pasó de alrededor del 1% a entre 3% y 6% en algunas coberturas. Si el riesgo continúa creciendo y el Estado no acompaña, ciertas protecciones pueden volverse inaccesibles.
“Cuando un riesgo se transforma en impagable, si no está el Estado es difícil”, advirtió. La discusión no es solamente financiera: si se pierde el seguro, el productor queda expuesto y una tormenta puede comprometer la continuidad de la empresa y de los empleos asociados.
Para la campaña 2026/27, Comas resumió la prioridad con una frase sencilla: que llueva, pero que no caiga piedra. El seguro, la tecnología y una política pública estable deberán trabajar juntos para que los eventos climáticos no se conviertan en crisis productivas permanentes.
Fuente: entrevista realizada por Daniel Aprile en Palabra de Campo, Radio Splendid AM 990.



