FMC prepara la campaña 2026/27 con Coragen Start y un monitoreo más fino de las plagas

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La campaña gruesa 2026/27 se inicia con buenos perfiles de humedad en buena parte de la región agrícola, pero también con la expectativa de una mayor presión de plagas. Emiliano Fernández, coordinador de Servicio Técnico Nacional de FMC, sostuvo que el escenario combina una oportunidad productiva con la necesidad de monitorear cada lote y ajustar las decisiones de control.

“Venimos bien, la verdad que muy bien en cuanto a lluvias, y ya estamos mirando la nueva campaña”, explicó Fernández durante una entrevista con Palabra de Campo. El técnico describió un otoño cargado de precipitaciones, una pausa durante el invierno y el regreso de las lluvias durante la primavera. En el sudeste bonaerense, señaló, los perfiles se encuentran en una condición favorable para comenzar los preparativos de maíces tempranos, girasol y barbechos.

La expectativa de un año Niño suma una señal positiva, aunque el exceso de agua puede convertirse en una dificultad. Para FMC, el desafío será aprovechar la disponibilidad hídrica sin perder oportunidad de siembra ni capacidad de ingreso a los lotes. Fernández planteó que un buen comienzo permite transformar el agua en granos y sostener el potencial de la campaña.

Fidreza y el control de enfermedades en cereales

En la conversación, el especialista repasó la evolución reciente del portafolio de FMC. Entre los lanzamientos destacó Fidreza, una carboxamida destinada al control de enfermedades en trigo y cebada. El producto recibió un buen feedback de productores, asesores y distribuidores, especialmente por su desempeño en cebada, un cultivo que suele demandar una estrategia fungicida más potente.

Fernández mencionó el caso de la ramularia, una enfermedad que en campañas anteriores generó problemas importantes en cebada. Según explicó, el manejo preventivo con productos basados en carboxamidas se volvió una herramienta relevante para reducir el riesgo. También valoró la persistencia, la eficacia y el perfil toxicológico del producto, que la compañía presenta como banda verde dentro de su segmento.

La elección de una tecnología, sin embargo, no puede separarse del diagnóstico. La respuesta depende del cultivo, del ambiente, del momento de aplicación y de la presión sanitaria. Por eso, el seguimiento debe comenzar antes de que los síntomas sean visibles y debe complementarse con una rotación responsable de modos de acción.

La evolución de Coragen

El otro eje de la entrevista fue Coragen y la llegada de Coragen Start. Fernández recordó que la molécula de FMC modificó el control de orugas al combinar ingestión, persistencia y selectividad sobre insectos benéficos. Esa característica permitió construir una herramienta de referencia en cultivos extensivos e intensivos.

Luego llegó Coragen Evo, una formulación que permite disminuir la cantidad de producto formulado por hectárea. El técnico explicó que esa reducción tiene efectos sobre el uso de agua, la cantidad de envases, la logística y la huella de carbono asociada al transporte, sin abandonar el principio activo ni la estrategia de control.

Coragen Start amplía el espectro de acción. Además de las orugas defoliadoras, la nueva opción busca atender situaciones en las que conviven chinches, trips y arañuelas. “Nos va a permitir ampliar mucho el espectro”, resumió Fernández, quien también destacó que el producto suma un efecto de contacto que refuerza el volteo inicial.

La herramienta tendrá disponibilidad para soja y, de acuerdo con la entrevista, también avanzará en registros vinculados con maíz y cogollero. La plaga ganó participación en distintas regiones y obliga a complementar la biotecnología con insecticidas cuando los eventos disponibles no alcanzan para sostener el control.

Clima, plagas y señales para el productor

Fernández advirtió que las condiciones de temperatura y humedad serán determinantes. Las noches cálidas y el buen desarrollo de los cultivos pueden favorecer la aparición de orugas, mientras que los períodos secos pueden reducir el control biológico natural de las arañuelas.

Como señal práctica, mencionó la presencia de polillas y otros insectos alrededor de las luces o en los parabrisas. No se trata de reemplazar el monitoreo profesional, sino de reconocer que esos adultos pueden anticipar oviposiciones y una presión creciente en los lotes. Las trampas de luz y las trampas de feromonas permiten ordenar esa información y anticipar decisiones.

“Hay que estar muy atentos y monitorear mucho”, insistió. El diagnóstico debe considerar el genotipo sembrado, el ambiente y la presión de la plaga. En un cultivo estresado, el umbral de intervención puede ser más bajo porque existe menos área fotosintética disponible para sostener el rendimiento. En una soja bien desarrollada, en cambio, la estrategia puede ajustarse a la capacidad de compensación del cultivo.

Eficiencia para cuidar cada dólar

El contexto económico también atraviesa las decisiones. Fernández sostuvo que la eficiencia será central en la próxima campaña y que cada kilo adicional producido puede mejorar el resultado. Para eso, el productor necesita ser eficiente en compras y ventas, pero también en la parte productiva.

La tecnología adquiere valor cuando se utiliza en el momento correcto y con un diagnóstico claro. Aplicar de más encarece el manejo y puede generar impactos innecesarios; aplicar tarde reduce la eficacia y compromete el rendimiento. El desafío de la campaña 2026/27 será combinar agua, genética, monitoreo y herramientas de protección para transformar el potencial del ambiente en un resultado concreto.

Fuente: entrevista realizada por Daniel Aprile en Palabra de Campo, Radio Splendid AM 990.

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