El Día del Trabajador Rural volvió a poner en primer plano una realidad que suele quedar detrás de las cifras de producción: las condiciones laborales y económicas de quienes sostienen las tareas en el campo. José Voytenco, secretario general de la UATRE, sostuvo que el trabajador rural todavía no recibe el reconocimiento que merece y reclamó mayor presencia del Estado para combatir la informalidad, la explotación y el deterioro de las economías regionales.
La fecha se conmemora cada 8 de octubre, en coincidencia con el decreto ley 28.169 que creó el Estatuto del Peón Rural. “Esto le da identidad al trabajador y le da los derechos que hasta ese momento no tenía”, explicó Voytenco durante una entrevista con Palabra de Campo. El dirigente envió un saludo a quienes trabajan en largas jornadas y destacó que son los que levantan la riqueza del país y permiten que los alimentos lleguen a la mesa.
Una tarea que todavía no se visibiliza
Para Voytenco, buena parte de la sociedad reconoce en abstracto el esfuerzo del trabajador rural, pero no conoce la extensión de sus jornadas ni las distancias que debe recorrer. Muchos trabajadores pasan horas, días o semanas lejos de sus familias y enfrentan condiciones diferentes según la economía regional en la que se desempeñan.
“No se visibiliza el esfuerzo diario de este trabajador”, afirmó. La UATRE intenta revertir esa situación con presencia territorial, capacitación y fiscalizaciones. El objetivo es mostrar que detrás de cada cosecha hay personas que necesitan condiciones de seguridad, salarios adecuados y acceso efectivo a la protección social.
El dirigente estimó que el ingreso promedio mensual de los trabajadores rurales ronda los 800.000 pesos. Según su comparación, esa cifra se ubica cerca de la mitad de una canasta familiar básica. La brecha entre el valor que genera el campo y el ingreso de quienes realizan las tareas productivas es, para el gremio, una señal de falta de reconocimiento.
Informalidad, explotación y controles insuficientes
Las fiscalizaciones de la organización encuentran situaciones de trata de personas, explotación laboral, trabajo infantil y empleo no registrado. Voytenco planteó que la lucha sindical se vuelve más difícil cuando el Estado no controla de manera sostenida las relaciones laborales.
“Con un Estado ausente es imposible o muy tedioso poder revertir esta situación”, sostuvo. Aun así, afirmó que la UATRE continúa con capacitaciones, presencia en los territorios y acciones de docencia para que los trabajadores conozcan sus derechos.
El dirigente también cuestionó los efectos que, según su mirada, puede tener la ley de modernización laboral. Consideró que la norma favorece al sector empresario y resta derechos a los trabajadores, con un impacto mayor en un sector que todavía intenta salir de niveles elevados de informalidad.
El conflicto de Granja Tres Arroyos
Voytenco se refirió al conflicto de Granja Tres Arroyos, una empresa avícola con establecimientos en Buenos Aires, Entre Ríos, Chaco y Córdoba. La firma emplea de manera directa o indirecta a unas 10.000 personas, mientras que alrededor de 2.500 trabajadores de granja están vinculados con la UATRE.
En muchos pueblos, esas granjas representan la única fuente laboral. El dirigente señaló que la empresa ya venía pagando en cuotas y que la situación se agravó con el paso del tiempo. “El costo lo están pagando los trabajadores”, resumió.
La crisis no queda limitada a una empresa. Cuando se detiene una actividad de ese tamaño, se resienten los comercios, el transporte, los proveedores y los servicios de las localidades donde están instaladas las plantas. Por eso, el gremio considera que las decisiones sobre empleo deben contemplar el impacto territorial.
Economías regionales y pérdida de actividad
El secretario general de la UATRE también describió dificultades en la yerba mate de Misiones y Corrientes. A su entender, la actividad atraviesa una etapa de decadencia por la falta de políticas y por la pérdida de funciones del instituto que regulaba la cadena.
“El hilo siempre se corta por lo más delgado, y es el trabajador”, afirmó. La caída de los pequeños y medianos productores impacta en el empleo temporario y reduce las oportunidades de quienes dependen de cosechas breves. En ese contexto, los trabajadores quedan expuestos a períodos sin ingresos y a la necesidad de aceptar condiciones informales.
La compatibilidad con las prestaciones sociales
Uno de los temas que la UATRE sigue de cerca es la prórroga del decreto que permite a trabajadores de economías regionales mantener prestaciones sociales durante los períodos de empleo temporario. Voytenco explicó que el decreto se encuentra vencido y que esperan una nueva firma para garantizar la compatibilidad con la tarjeta alimentar y otros beneficios.
Las actividades de cosecha pueden durar 30 o 45 días. Si un trabajador teme perder una prestación por ingresar formalmente a una finca, puede terminar aceptando trabajar sin registración. “Si esto no se firma, el porcentaje de trabajadores en negro va a aumentar”, advirtió.
La prórroga también da previsibilidad a los productores, que necesitan mano de obra para levantar las cosechas. El problema, por lo tanto, afecta a ambos lados de la relación laboral y requiere una respuesta que contemple el ciclo productivo y la realidad social de las familias.
Una postal de la Argentina interior
Voytenco describió un país atravesado por el cierre de empresas y la pérdida de actividades que agregaban valor a las economías regionales. En el NEA y el NOA, afirmó, la situación social se agravó hasta convertir la supervivencia en la prioridad cotidiana.
“Veo un país triste, se ve tristeza y desesperanza en nuestra gente”, dijo. Su diagnóstico surge de los recorridos territoriales y del diálogo con trabajadores, empresarios y comunidades. Para el dirigente, la producción no puede analizarse separada de la educación, el empleo, la seguridad social y la posibilidad de construir un proyecto de vida.
El Día del Trabajador Rural funciona así como una fecha de reconocimiento, pero también como un llamado de atención. La riqueza del campo necesita trabajadores protegidos, controles efectivos y políticas que sostengan a las economías regionales. Sin esas condiciones, la producción puede crecer en las estadísticas mientras se profundiza la fragilidad de quienes hacen posible cada cosecha.
Fuente: entrevista realizada por Daniel Aprile en Palabra de Campo, Radio Splendid AM 990.



